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EDICIÓN | Febrero 2016

Bipolar

Por Carolina Arias Salgado @carolaarias Ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
Bipolar

El vaso medio lleno, me encantaría ver las cosas así, ser un poco más optimista pero dadas las circunstancias en las que vivimos no puedo verlo más que vacío. No es algo personal, yo no lo busco así, pero habitamos un país bipolar medio chaquetero y no creo ser la única que se dé cuenta, porque a los calificativos anteriores sumarle el idiota me parece un poco mala onda. Entonces me cuadra esto del bipolar.

Podría empezar a enumerar todos los destapes del año pasado, por cada caso revelado, político descubierto o empresario involucrado en facturas y boletas falsas iba sintiendo que nos metían un poco más el dedo en la boca (estoy pensando en una frase un poco menos fina, interpreten). Aunque me parece más sensato escribir un par de palabrotas para desahogarme un poco que enumerarlos todos, porque eso sí que me da vergüenza, vergüenza ajena. Y cuando la justicia de este país tiene la posibilidad de que veamos en ella un poder correcto, por definición, dar a cada cual lo que le corresponde, la nuera de Chile queda con firma mensual y arraigo nacional mientras dura la investigación. No busco un circo romano, aunque no dice la frase algo así como: ¿”ley pareja no es dura”?

Pero no importa, como somos bipolares, nos enojamos un poco y se nos olvida, nada raro que en un tiempo más le tengamos hasta lástima. Paralelamente a esto y nuevamente de muestra un botón, pasamos del amor intenso al repudio; el entrenador de la selección chilena al parecer decidió mirar horizontes en tierras más frías, pues acá se sentía encarcelado. Que paradójico en pocos meses pasó de ser casi el hermano que todo chileno quisiera tener al peor traicionero. En este guion, a estas alturas sin ninguna estructura estábamos, cuando Alejandro Aravena gana el premio Pritzker, el “Nobel” de la arquitectura, esta tremenda hazaña que, lamentablemente, sucumbió ante los bemoles contingentes nacionales.

Aravena con Elemental su estudio de arquitectura revolucionó el concepto de vivienda social en este país, logrando hacer el máximo con lo mínimo, resolver y solucionar de manera eficiente problemáticas familiares, otorgando lo que para muchos es improbable: La oportunidad. El trabajo de Aravena es algo tan básico y a la vez tan fundamental. Tiene que ver con la dignidad, con la estructura. Demuestra que se puede construir, levantar y vivir como corresponde, lo que me parece más importante; no inflando realidades. Y esto es lo que hay que rescatar, el hacer las cosas bien desde la base.

 

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