Tell Magazine

Entrevistas » Café con

EDICIÓN | Febrero 2016

Pequeño gran director

Horacio Saavedra, músico
Pequeño gran director

Por Maureen Berger H. / fotografía Teresa Lamas G.

El Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar está sellado con lacre en la historia y trayectoria del director de orquesta, Horacio Saavedra Núñez. Fueron treinta y ocho festivales en los que estuvo a la cabeza no solo de la puesta en escena, sino de la preproducción musical y arreglos de varios artistas. “No volvería jamás a dirigir ese festival. Sin embargo hoy vivo feliz aceptando ciertos eventos en regiones y viajando por Chile”, afirma convencido este sureño, que nació en Pitrufquén, y luego vivió en Temuco.

A fines de los años sesenta, Horacio se hizo notar cuando dirigió la orquesta de treinta y ocho músicos en el concierto de Buddy Richard en el Teatro Astor, que fue transmitido por radio y televisión, y que sería uno de los primeros registros de la música chilena en vivo. En 1970, entró a la televisión, como director orquestal de Sábados en el 9 con Enrique Maluenda y al año siguiente, el productor Camilo Fernández decidió ponerlo a cargo de la orquesta del Festival de Viña. De forma paralela, TVN lo reclutó en programas como Dingolondango y Festival de la Una y luego lo hizo Canal 13, donde se sumó a Martes 13 y Viva el Lunes, etc. Conversamos un café, a minutos de iniciar el Festival Concón, un canto al mar, en el Estadio Municipal de dicha comuna.

¿Usted desde siempre pensó en ser músico?
Nunca pensé en dedicarme a la música, quería ser dentista o aviador. Y se fue dando que, cuando tenía dieciséis años, llegamos a las radios de Santiago a trabajar, en el boom de la Nueva Ola. Eran famosas esas giras en que recorríamos el país porque no existía la tele. Entonces, la entretención en las provincias y en las ciudades eran los shows en vivo. Y luego, pasé a la televisión en los años setenta y ya no salí más del medio. Gracias al talento, a que me dediqué a estudiar y a trabajar intensamente y de manera responsable, me fui haciendo conocido en el ambiente. Uno de mis profesores de orquestación fue un grande: Luis Mella Toro, autor del himno de la Armada, Brazas a ceñir, entre otros temas.

¿Por qué dejó de dirigir el Festival de Viña?
Porque cuando tras el terremoto del 2010 se lo adjudicó Chilevisión, se hizo una licitación de los servicios de orquesta y no aceptaron mi propuesta. Ahí se terminó mi relación con Viña que yo venía venir hace mucho tiempo, pues nadie puede estar casi cuarenta años en lo mismo. Tampoco aceptaría volver a dirigirlo, es una etapa superada.

¿En qué está hoy?
Hoy, a esta altura de mi vida, ya no tengo la obligación de trabajar como animal, tal como lo hacía antes, y me doy el lujo de evitar la presión y escoger qué festivales acepto dirigir. Además, me dedico a recorrer los casinos de Chile, junto a un grande del tango, como es Carlos Vásquez, quien además es mi consuegro. Juntos presentamos un espectáculo con música y baile que yo dirijo y ha sido muy exitoso. La gente en provincia nos recibe con un cariño increíble y nos atiende como reyes en cada gira.

¿Se siente “el director” de orquesta de Chile?
Yo jamás lo calibré así, pues soy muy tímido, pero después de estos viajes a regiones me di cuenta de que la gente lo siente así, pues me estuvieron viendo en televisión por más de cuarenta y cinco años. La admiración y el respeto que me dan es enorme, lo cual me comprueba que sí formo parte de la cultura musical chilena.

¿Quiénes integran su familia?
Mi señora, María Gilda Vera, quien me acompaña a cada lugar donde me toca trabajar, y mis cinco hijas, la menor tiene veintisiete y la mayor cuarenta y nueve. El único varón que tuve —Cristián— falleció del extraño mal de Wegener, cuando tenía treinta y ocho años. Él me dejó tres hermosas nietecitas (dice emocionado).

¿Cuál es el secreto que le hace verse igual de bien por décadas?
Practico natación, no fumo, no tomo, como muy sano —no por hacer dieta—, más que nada por gusto, pues no me agradan ni los chocolates ni las tortas, por ejemplo. También es algo genético, que hace parecer que los años no pasen por mí. De hecho, mi edad es un mito urbano, que aún no quiero revelar (ríe).

 

“La admiración y el respeto que me da la gente es enorme, lo cual me comprueba que sí formo parte de la cultura musical chilena”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación8+1+4   =