Esta mujer, con la ayuda de otras colaboradoras, está luchando por profesionalizar y mantener vivo este lugar que acoge a niños, jóvenes y adultos con capacidades diferentes, que no han podido ser reinsertados en sus familias y en la sociedad, pero que merecen una vida digna.
Por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.
Hace más de veinte años, Gisleine Etcheverry tuvo su primer acercamiento al Hogar Belén, un lugar con valores cristianos que recibe a niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual, sensorial y/o física, cuyos derechos han sido vulnerados.
Fue con un grupo de Schoenstatt, que esta sicóloga y educadora de párvulos, felizmente casada y con cuatro hijos, visitó este lugar para hacer una acción social; desde entonces su cercanía con este recinto fue creciendo y se enamoró del trabajo que allí se realiza.
Durante diez años fue voluntaria, se encargaba de trasladar los alimentos que la gente donaba, hasta que un día dijo “no más”, y pensó en tener un rol más activo.
En la actualidad es presidenta del Hogar Belén, que entrega los servicios necesarios para rehabilitar, educar, proteger y reinsertar en la sociedad en la medida de lo posible, a personas entre los veinticuatro y los sesenta años, que ya dejaron de estar bajo la tutela del Estado.
CONOCIENDO OTRO MUNDO
Cuando Gisleine ejercía su profesión de parvularia, tuvo como alumno a Felipe Fernández Saldías, en el Jardín el Mundo de los Niños, y se enamoró de este niño, que tenía capacidades diferentes —falleció hace un tiempo— y hasta hoy tiene contacto con su mamá, Vilma.
Cuando recuerda esa historia se emociona, comenta que “amaba a ese niño”. Al poco tiempo conoció el Hogar Belén de Talca, que cambió el rumbo de su vida.
¿Cómo asumes un rol más preponderante?
Me di cuenta de que podía hacer algo más que trasladar alimentos en mi camioneta y entré con muchas ganas de hacer cosas. En el camino invité a una amiga, María Brandán. Pasaron muchos años en los que juntas nos hicimos cargo de este proyecto, dentro de nuestra ignorancia y ganas de hacer, pero con mucha paciencia y harto amor.
Debe haber sido complejo…
Hubo momentos muy difíciles. La corporación fue creada por personas muy conservadoras. Hemos ido avanzando… el sitio web costó harto, nosotros hicimos todo, María escribió los textos; un fotógrafo amigo, Héctor Labarca, sacó las fotografías y le pagamos con lo que pudimos; yo subí las imágenes… todo fue así.
¿Cómo ha sido este proceso de profesionalización?
Nos hemos sentado a tirar líneas, saber cuánto se gastaba y cuánto se necesitaba para cada mes. Nos dimos cuenta de que necesitábamos dinero, porque estos niños se iban a quedar para siempre aquí, ahí empezamos a proyectarnos.
LAS DOS ARISTAS
El Hogar Belén alberga realidades muy diversas, hay hombres y mujeres entre los seis y los cincuenta y ocho años de edad, por lo que existen dos aristas de trabajo: una que posee una subvención del SENAME, que es la residencia para niños hasta los veinticuatro años, que han visto vulnerados sus derechos; y otra que es la casa, en la que viven hombres y mujeres que ya dejaron de ser una ocupación para el Estado, pero que no tienen a dónde ir.
En ambos casos, la institución se preocupa de buscar una reinserción, tanto en las familias como en la sociedad. Pese a ello, son muy pocos los casos de éxito, por lo que en la mayoría de las ocasiones deben asumir un rol preponderante y cuidar de ellos de por vida.
“El SENAME aporta trescientos mil pesos por cada niño. Actualmente contamos con seis millones de pesos con los que se pagan los sueldos del personal, pero no alcanza para más, así que los gastos administrativos, médicos, de luz, agua, gas y comida los asume la corporación”.
¿Cómo logran reunir recursos?
Hacemos una rifa anual, colectas, tenemos coronas de caridad, donaciones, contamos con cincuenta socios, postulamos a proyectos: de la municipalidad, al Fondo Presidente de la República, entre otras acciones, pero no nos alcanza…
¿Cómo lo hacen con la comida?
Todos los martes y jueves recogemos todo lo que los locatarios de la Vega de Talca nos puedan entregar. Eso se selecciona, se cuece, se troza y se congela, contamos con cuatro congeladores en los que vamos guardando cosas para todo el año.
La presidenta del directorio explica que con la ropa no tienen problemas, pues llega mucha, e incluso colaboran con otros hogares, pero cuando preguntamos si las familias de los niños van seguido de visita, la respuesta es negativa, porque se trata de familias vulnerables.
“Una joven de veinticuatro años, que es sordomuda y no puede caminar, estuvo diez años en el hogar. Hoy vive con su mamá. Pero ella posee muchas capacidades y queremos regalarle una máquina de coser para que tenga un sustento, pero debemos ayudarla con los clientes y las cuentas”.
Con casos como este se dieron cuenta que la corporación tiene otro rol, que es tan importante como cuidar a los niños que viven en el espacio físico: deben hacer un seguimiento de quienes dejar la Fundación, pues su misión es entregar una vida digna a estas personas.
NECESIDADES DIVERSAS
Todos los niños van al colegio y los mayores van a talleres protegidos en UNPADE —institución que atiende a personas con algún tipo de discapacidad—, pues tienen una vida lo más normal posible. Cuentan con un personal de veinticuatro personas, entre psicólogos, trabajadores sociales, kinesiólogos y tías, entre otros, que se encargan de dar vida al hogar y cuidar de estas personas. “Ellas son el alma del lugar, por eso siempre se les está capacitando y hay que cuidar mucho el clima laboral, porque las funciones son difíciles”.
¿Cómo lo hacen en el verano?
Hicimos talleres en el hogar y fue maravilloso. Gracias a un voluntario, tuvimos talleres de mandalas, teatro, cocina, pintura (murales), piscina, danza acuática, gimnasia y magia. Ahora queremos hacer clases de hipoterapia, para los mayores.
¿Qué te motiva a seguir?
La ternura, son los seres humanos más sencillos y verdaderos, no existe doblez, lo dicen todo. Gisleine cuenta que hay otras colaboradoras que ayudan mucho en hacer que este proyecto sea posible; por ejemplo, María Matilde Pozo o Isidora Gómez, siempre comprometida en conseguir recursos y socios.
PROYECCIONES
De la mano de María y otras colaboradoras, Gisleine explica que se viene una reestructuración de lo que se ha estado haciendo en el Hogar en los últimos años. La idea es seguir un plan a corto plazo que les permita hacer sustentable el hogar.
¿Qué otras acciones tienen en mente?
Mantener talleres en verano y en vacaciones de invierno, tenemos pensada una pyme y un hogar protegido para los hombres, el proyecto de la Ley de Donaciones, otro proyecto que se llama PIE —proyecto ambulatorio del SENAME—, y talleres protegidos.
¿Por qué es tan importante concretar estas acciones?
Lo que nosotros queremos es tener recursos para poder mantener a estas personas, que son los mayores de veinticuatro años. Por eso estamos presentando un proyecto a la Ley de Donaciones y, además, queremos poner una pyme de lavado de autos, para darles un empleo y generar recursos, para darles una vida digna.
¿Por qué es tan necesario un hogar protegido para los hombres?
Hoy el hogar es mixto, pero la convivencia es muy difícil, por lo que de ahora en adelante será sólo de mujeres, pero los diez hombres que tenemos no se pueden ir, no pudimos reinsertarlos en sus familias y no hay terceros significativos que quieran hacerse cargo de ellos, por lo que debemos darles una vida digna, con trabajo, casa y protección.
¿Cómo van a llevar a cabo esta separación?
Vamos a arrendar una casita por aquí, para tener este hogar protegido y el lavado de autos, para que trabajen y para mantenerlos, pero no los vamos a sacar de su entorno, todo será dentro del sector en el que viven.
¿Cuál es tu sueño?
Ser capaces de mantener, de forma autónoma, a estos niños y adultos, con la finalidad de brindarles mucho amor.
"Queremos tener recursos para poder mantener a los mayores de veinticuatro años. Por eso estamos presentando un proyecto a la Ley de Donaciones y, además, queremos poner una pyme de lavado de autos, para darles un empleo y generar recursos y así asegurarles una vida digna”.