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EDICIÓN | Febrero 2016

A favor del viento

Clemente Seguel, campeón nacional juvenil de Láser Radial.
A favor del viento

Comenzó muy pequeño a entrenar láser, vive a pocos pasos del club donde navega y ha podido representar a Chile por el mundo. Quiere una medalla olímpica y parece estar todo a su favor, siempre y cuando consiga los apoyos que requiere.

Por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.

Clemente Seguel es alto, delgado y, a juzgar por su desplante, no parece tener dieciséis años. Nos recibe en la Cofradía Náutica del Pacífico, su club en Algarrobo. Es un día de verano, hay fuerte viento, pega el sol y él, caminando hacia el embarcadero, abre los brazos y dice “¡este es mi segundo hogar!”.

Su historia con la vela comenzó cuando sus padres estaban veraneando y decidieron probar qué pasaría si dejaban su vida en Santiago y se trasladaran a vivir a Algarrobo. Desde ese día hasta hoy han pasado nueve años y la familia está completamente arraigada a este balneario, que tienepoco más de ocho mil habitantes, a  pesar de que por estos días de verano los automóviles repletan sus calles.

Clemente celebra la decisión de su familia y dice que es “algarrobino de corazón”. También se alegra de haber encontrado este deporte, pues reconoce que a su edad no sería fácil vivir en Algarrobo si no tuviera este oficio al que, como él mismo dice, le debe todo.

Al láser llegó sin buscarlo. Quería hacer windsurf, como su papá, pero un taller de su colegio de Casablanca, en este mismo club donde estamos, cambiaría su destino. Probó el Optimist, un pequeño bote, seguro, competitivo y duradero que suelen usar los niños de entre seis y quince años, y no paró más.

Empezaste a muy temprana edad…
A los nueve años. Un día un entrenador me dijo “eres bueno, pero tienes que practicar” y me invitó a venir todos los fines de semana y navegar por el club. Y ahí estaba yo, desde las diez de la mañana hasta las siete de la tarde. Luego el club trajo entrenadores argentinos y ahí comencé a ir a campeonatos internacionales.

¿Y empezaron a mejorar los resultados?
Sí. También ayudó el hecho de cambiar de bote, porque el que navegaba me quedó chico. Ya no cabía y entonces me pasé al láser intermedio. Me cambió la vida y empecé a rendir.

Muestra la vela en la que ahora navega. Es una embarcación más ligera que la estándar. Se le llama láser radial. Requiere un peso ideal de entre los cincuenta y cinco y los setenta y dos kilos. Navegando en él, se siente muy cómodo.

EN OTRO MAR

A pesar de su corta edad, ya ha estado en dos mundiales junior y representó a nuestro país en las Olimpiadas Juveniles en Nankín, China. Ahora mismo viene llegando de Malasia, donde fue a competir “al torneo más importante del año”, como él mismo explica.

Esperaba quedar entre los primeros diez, pero volvió desilusionado con el lugar dieciocho entre setenta competidores. “Mejoré en relación al año pasado, en el que terminé en el puestocuarenta y tres, pero me vine con un sabor amargo ya que hasta las dos últimas regatas estaba peleando dentro del top doce”.

¿Y qué pasó?
Tomé malas decisiones en momentos claves. Son muchos factores. Por ejemplo, estoy sin entrenador en este momento y eso se nota mucho en las competencias. Estar sin alguien que lo prepare, no tener auspiciadores (solo recibe la beca para deportistas de alto rendimiento, que no es suficiente) y no tener un gimnasio en Algarrobo para hacer ejercicios específicos, son sus principales obstáculos. A su favor tiene su altura, su capacidad técnica y sus deseos de ganar.

¿Por qué te gusta el láser?
Porque tengo un físico privilegiado para esta disciplina y puedo rendir el máximo. Además, es deporte olímpico y mi mayor sueño es ir a las Olimpiadas de Tokio 2020. Pero es un deporte solitario…Eso me gusta. A final las decisiones son tuyas. Y los errores también.

Los costos de los viajes, que este año lo llevarán a Uruguay, Alemania y al Sultanato de Omán, no son fáciles de cubrir. El apoyo de su familia ha sido fundamental, pero hace un llamado a las empresas que puedan auspiciarlo. Una vez terminado el colegio no descarta dedicarse profesionalmente a este deporte, aunque es una decisión difícil. Pero ya habrá tiempo de pensar en eso.

¿Cómo haces para viajar tanto?
Lo más difícil es acostumbrarse al horario y, en términos de competencia, a las condiciones que son nuevas para uno. Los vientos y las olas. Si pasas bien la ola puedes sacar mucha ventaja, así que requieres de mucha concentración.

EN BUSCA DE UN RELEVO
Sus referentes en la vela son Alberto “Tito” González y Matías del Solar, este último actualmente está preparándose para las que pueden ser su últimas olimpiadas. Por eso ve la necesidad de que nuevas generaciones tomen el testimonio. Clemente se siente preparado.

¿Es una categoría muy compleja?
Este es un bote muy físico, pero además hay que usar la cabeza. Hay que tener mucha táctica. Hay que ser inteligente en el agua y eso te lo da la experiencia.

¿Y cómo la consigues siendo tan joven?
Entrenando. Que yo sepa todos quienes practican láser son de Santiago. Vivir acá, al lado del mar, es algo que tengo que aprovechar.

¿Ves una generación fuerte de recambio?
Sí. Somos muchos quienes estamos compitiendo y saliendo al exterior.

También se siente responsable de hacer que su hermano menor, Ricardito como lo llama, que tiene trece años, siga sus pasos. “¡Ese es bueno!”, dice con orgullo y cuenta que está clasificando para el mundial.

¿Te gustaría que compitiera?
Sí, pero no me gustaría competir contra él. Si se decide a entrar en este mundo, me gustaría hacer una dupla, un equipo doble de barco y competir como los Hermanos Seguel.

 

"Un día estaba con un entrenador y me dijo ‘eres bueno, pero tienes que practicar’ y me invitó a venir todos los fines de semana y navegar por el club. Y ahí estaba yo desde las diez de la mañana hasta las siete de la tarde”.

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