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EDICIÓN | Febrero 2016

Por un Chile Mestizo

Jacqueline Domeyko Por un Chile Mestizo Fundadora de “Lágrimas de Luna”
Por un Chile Mestizo

Firme partidaria de una nación pluricultural, sostiene que en la diversidad está la riqueza. Lo suyo no pasa por el sólo deseo de querer dignificar al pueblo mapuche; quiere generar identidad país y rescatar cada símbolo o significado a través de la platería, como un elemento territorial y testimonio de un Chile milenario.

Por Carolina Vodanovic G. / Fotografía Andrea Barceló.

Cuenta un mito andino, muy incorporado en la cultura mapuche, que Antu, el sol, y Kuyén, la luna, vivían muy felices y fruto de ese amor tuvieron doce hijos. Un día, Antu comenzó a coquetear con Venus, lucero del alba, y Kuyén se puso muy celosa. Él se  enojó y la dejó caer (razón por la cual la luna está más abajo que el sol) y la luna sola y triste, abandonada por su hombre, empezó a llorar lágrimas tan ardientes que se convirtieron en plata. El sol, mientras tanto, lloró maldad y soledad y su llanto se convirtió en oro.

Junto a investigadores, artistas y cultores, Jacqueline Domeyko lleva diecisiete años descubriendo y atesorando estos relatos de la cultura mapuche, sus símbolos y significados. Y no deja de sorprenderse y maravillarse. Y en cincuenta minutos de conversación logra maravillarnos a nosotros también y hacernos parte de su proyecto. “Lágrimas de luna”, una empresa de espíritu social, que busca generar empleo local para artesanos en situación vulnerable, poniendo en valor la riqueza del patrimonio ancestral. Un emprendimiento que reúne gente comprometida, que valora y atesora el significado de un Chile ancestral, que con treinta y tres mil años de historia -comprobados a través de Carbono 14- nos pertenece a todos.

Diseñadora de interiores de profesión, llegó al mundo mapuche por medio de la estética y la platería. “Cayó en mis manos una primera colección de platería mapuche y me pareció curioso que no hubiera ningún objeto plano, nada sin diseño. Comencé a investigar el significado de estos símbolos tallados y sólo di con un par de datos duros. Pero hubo tres antecedentes que me llamaron mucho la atención. El primero, que es que una joya pectoral importante que en la época ancestral, equivalía a ocho bueyes. También que, según cronistas de la época, las mujeres llegaban a tener cuarenta joyas, que cada una, por ocho bueyes, equivalía a una manada. Y por último, que tras la última guerra, en 1882, mal llamada Pacificación, aunque la mujer se empobrece y cae en condición de extrema necesidad, pierde a su hombre y no tiene qué comer, estas cuarenta joyas no se venden”.

Sorprendida, siguió su búsqueda y dio con un libro que escribió su propio tatarabuelo, Ignacio Domeyko, destacado rector de la Universidad de Chile. “En 1845, él hizo un viaje por la Araucanía y escribió un diario de viaje. Ahí instaló un par de reflexiones que me hicieron sentido. Se cuestionó si ser civilizado era efectivamente comer con cubierto de plata, como comía él y sus pares, o si luego de compartir con el mundo indígena, ser civilizado era más bien ser coherente con la espiritualidad y el hábitat, amoroso con tu mujer tanto como con tus animales, además de conocedor y respetuoso de los ritmos de la naturaleza. Determinó entonces que Chile debía constituirse como una nación que fuera madre por igual de todas sus diversidades étnicas, porque allí radica la riqueza de nuestra identidad”.

Aunque todavía no tenía respuesta acerca del significado de los símbolos en la platería, con esta reflexión y una percepción intrínseca sobre el verdadero valor y la riqueza de nuestra identidad, decidió viajar al territorio indígena a buscar las respuestas.

¿Qué encontraste?
Me topé con un mundo mágico que, si bien no es visible ni audible, existe. Y es el mundo que conecta con la riqueza infinita e intangible de nuestro Chile ancestral. Después de mucho investigar comprendimos que el arte ancestral no es artesanía, sino arte, es decir cualquier elemento hecho por el ser humano, único, cuya estética busque transmitir una imagen o visión de mundo. El arte mapuche es todo a mano, único y en él efectivamente se plasma la visión de mundo.

Partió con una pieza singular llamada “Prendedor Akucha”, simplemente porque prende de una aguja y estando allá supo que el nombre ancestral de aquella joya era “Keltatuwe”, lugar de origen. Resultó ser una pieza clave, pues en ella está plasmado el mito de la creación de la raza mapuche, el encuentro del espacio celeste con el espacio de la tierra, además del símbolo de la Machi quien, en tiempos de rito, accede a este espacio celeste y baja los mensajes para su pueblo. “Ahí comprendimos que Chile sí tenía un relato ancestral. Y decidimos recuperar el significado de cada símbolo plasmado en la platería como un elemento de territorio, de identidad. Como testimonio de un Chile milenario”.

¿Te fascinaste?
Diría que hace diecisiete años me enamoré de esta riqueza infinita, absolutamente desconocida; comprendí que, tal como dice NicanorParra, Chile se ha planteado como un paisaje y no como un país, pues hablamos de San Pedro de Atacama, de las Torres del Paine, pero no conocemos la riqueza de nuestra lengua, de nuestra memoria, de nuestro mestizaje.

Con Milan Ivelic, ex director del Museo Nacional de Bellas Artes, montaron la muestra más grande que jamás se haya hecho de platería ancestral mapuche. En un gran formato de exhibición, Lágrimas de Luna se presentó en museos y centros culturales, se editó un libro de lujo del cual se entregaron mil ejemplares a centros comunitarios del sur, se dictaron charlas y hoy enfrentan un nuevo gran desafío: “buscamos abrir la colección al servicio del perfeccionamiento de artesanos en situación vulnerable para rescatar los diseños perdidos en el tiempo, generando oportunidad laboral y dignidad cultural”.

¿Ellos mismos no conocían estas piezas?
No las conocían porque después de la gran guerra de 1882, las mujeres perdieron sus tierras, cayeron en situación de extrema pobreza y, dado que no quisieron vender sus piezas de plata, las entregaron a prestamistas con la esperanza de recuperarlas en la siguiente cosecha Pero eso no ocurrió. En paralelo, el gobierno mandó a comprar “a valor de saco”, según dicen los cronistas de la época, cerca del setenta por ciento de las piezas, que fueron fundidas en las arcas de la Casa de Moneda. “Entonces comienza un proceso de pérdida del arte ancestral mapuche. Muere el orfebre, el artista y se funde el objeto, con lo que se acaba el registro. Frente a esta problemática nos propusimos activar la colección y devolver estos diseños que son de un nivel y una excelencia que nada tienen que envidiarle a ninguna otra expresión artística ancestral del continente americano”.

MUCHO MÁS QUE UNA MUESTRA

Si bien la colección posee muchísimos elementos, su verdadera riqueza radica en que se ha hecho cargo de ser colección. “Es dinámica, social, genera oportunidad laboral. Hacemos charlas en colegios, universidades, empresas. Estamos permanentemente capacitando, escribimos libros. Se trata de una plataforma donde los mapuches han participado directamente y hoy en día están volviendo a ser los eximios orfebres ancestrales.”

¿Qué nuevos desafíos se plantea Lágrimas de Luna?
Queremos generar una identidad de país a través del arte. En Chile no hemos sido capaces de instalar una expresión artística, de identidad, profunda y sabia. Lágrimas de Luna busca generar oportunidades laborales porque lo que no puede pasar es que un orfebre que hace una pieza de platería de esta calidad, que tiene toda una técnica, que es sin duda un oficio de excelencia, tenga que dejar su territorio, su mujer y su familia, por venirse a Santiago a buscar empleo. Y no puede pasar porque lo que él hace dignifica a Chile entero. Es muy distinto pararse como un ciudadano de un país nuevo, que tiene doscientos años de república y que pareciera que comenzó a existir cuando llegaron los españoles; que hacerlo como ciudadano de un Chile milenario.

Jacqueline nos invita a tener en casa una pieza de platería mapuche, que nada tiene que envidiar a ninguna otra expresión artística ancestral, no porque sea de oro o plata, sino porque es nuestra y da fe del sincretismo y la riqueza de nuestro mestizaje. “La platería mapuche llegó a su apogeo gracias al mestizaje de Chile. El español llegó a Chile y trajo el caballo y al herrero. También la moneda. El herrero se encargó de enseñarle al indígena cómo fundirla, borrando todo vestigio económico y pudiendo escribir en ella todos sus símbolos de cosmovisión. Sin este soporte y sin la técnica que trae el europeo, nuestra memoria, nuestro relato ancestral, no podría haberse escrito”.

¿Qué tareas quedan pendientes?
Hoy nuestro desafío no es el mundo mapuche, sino aquel que todavía desconoce la riqueza intrínseca de su mestizaje y que, cuando la conoce, se vuelve infinitamente más rico. Más allá de los conflictos políticos puntuales, es una gran ganancia abrirse a reconocer nuestro mestizaje, nuestra riqueza.

Hablamos mapuche el día entero, sin darnos cuenta: “le voy a poner un pichintún de sal a los huevos”, “hay un tremendo cahuín”, “estamos invitados a un malón”… esta es la riqueza de nuestro mestizaje y lo que busca Lágrimas de Luna es generar todos los días oportunidades laborales. Ojalá estuvieran todos los artistas mapuches, todos los orfebres generando un arte con identidad, que es lo que ellos representan y encarnan a diario.

La invitación es a seguir a Lágrimas de Luna en Facebook e Instagram, y a hacer del arte mapuche una pieza de conversación, un elemento de vinculación. “El arte mapuche debiera ser un elemento de regalo, de identidad país importante, porque estás regalando tu relato, estás dignificando al mismo tiempo que generas oportunidad laboral. Sería maravilloso que el gobierno se sumara. Creo que hay que legislar sobre cómo se preserva la riqueza y la memoria del Chile mestizo, de nuestros pueblos ancestrales. Si nosotros no tomamos acción en esto corremos un riesgo irreversible: ser verdaderamente un paisaje y un país nuevo. En la medida que los gobiernos, los empresarios y los gestores culturales se hagan parte y comprendan que cada dos semanas en el mundo una lengua se extingue, podremos ser más que un paisaje. Tenemos que generar una continuidad en la comercialización de estas piezas de arte, en la lengua, en la memoria, en los espacios de rito. Y cuando hablamos de mestizaje no excluimos a los colonos: son todos los pueblos ancestrales con los colonos y con los extranjeros… ¡esa es la gran riqueza de nuestra diversidad!”.

 

"Me topé con un mundo mágico que, si bien no es visible ni audible, existe. Y es el mundo que conecta con la riqueza infinita e intangible de nuestro Chile ancestral. Después de mucho investigar comprendimos que el arte ancestral no es artesanía, sino arte”.

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