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EDICIÓN | Febrero 2016

Zombi rock

Por Marcelo Contreras
Zombi rock

Guns ‘N Roses anuncia su reunión para el festival de Coachella en Indio, California, el mundo del rock de detiene y luego estalla en aplausos. Es la resurrección de otro cadáver del género, la fantasía del calendario en reversa, presenciar el renacer de una banda cuya última encarnación en vivo data de 1993, cuando terminaron el tour de Use Your Ilussion en Buenos Aires. Siguieron tres años de lenta descomposición hasta que Slash se marchó. Desde entonces se trata del grupo que acompaña a un Axl Rose que ha perdido en voz lo que ha ganado en kilos. Otros protagonistas siguieron más discretos y dignos. El bajista Duff McKagan ha montado sus propios grupos, y el guitarrista del sombrero de copa lanza esporádicos álbumes sin moverse un milímetro del estilo rock clásico que le hizo famoso.

¿Cuál es la expectativa? Pura y simple nostalgia por un tipo de música que olía a peligro y juventud, antes que el rap y el pop se apoderaran de todo. Appetite for Destruction (1987) clasificará por siempre entre los mejores discos debut de la historia. Pura adrenalina, riffs memorables, y coros que calaron en generaciones. Guns ‘N Roses fue la antesala del grunge, la primera banda que siendo californiana y ochentera, puso más atención a la música que al pelo escarmenado y lucir travestidos como chica de la calle, la imagen del metal de aquellos años.

Duraron cuanto podían. La mochila de su fama pendenciera les pasó la cuenta, perdieron el control y se consumieron a la manera de una bengala. No hay que esperar demasiado. Ningún reporte indica que el carácter de niño con pataleta permanente de Axl Rose haya cambiado. Quizás por ahí van las apuestas: cuánto duran esta vez.

 

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