Tell Magazine

Entrevistas » Mujer

EDICIÓN | Enero 2016

La vida es baile

María Eliana Astorga, presidenta Corporación Camino.
La vida es baile

No se puede imaginar lejos de “las canchas” y, por eso, su retiro es parcial: ya no hará clases, pero seguirá liderando las academias de dance de su querido Colegio San José. Con más de cuarenta años de carrera ha conseguido incontables medallas en campeonatos nacionales e internacionales, pero mejor aún, ha dejado huella en sus alumnas que a su lado aprendieron el valor de la perseverancia y el amor por lo que se hace.

Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.

“Cuando lo intentes un millón de veces, recién voy a creer que algo es difícil. En mi clase no existe el no puedo”. Ese es el mantra que repite, generación tras generación, María Eliana Astorga, la Micky, emblemática profesora de educación física del Colegio San José. Gracias a esas palabras, sus alumnas aprendieron perseverancia y firmeza, además del valor de trabajar en equipo.

Este año y con más de cuatro décadas consagradas a la danza, la Micky “cuelga las zapatillas”. Aunque solo de manera formal, pues seguirá ad honorem con sus academias. Y es que no podía ser de otro modo porque sigue tan llena de energía como siempre, con mil planes y proyectos para “sus niñas”, algunas de ellas yaadultas y que hace muy poco  homenajearon a su profe, reuniendo a generaciones desde los ochenta hasta hoy.

Pero más allá de coreografías y trabajo en equipo, el leitmotiv de María Eliana es la formación de personas. “Amo ser maestra y es porque crecí rodeada de grandes mujeres que hicieron de enseñar su profesión. Mi bisabuela amaba las letras y mi abuela se convirtió en una de las pioneras al estudiar Pedagogía en Castellano en la universidad. Mi mamá también… y aunque a mí no me gustaba mucho el lenguaje, sí me encantaba enseñar”, recuerda María Eliana.

“Mi profesora de educación física, que hoy debe tener ochenta y cuatro años, me inculcó el amor por el deporte, por lo que rápidamente me decidí a combinar mis amores y estudiar pedagogía en educación física. Y fue cuando entré a la universidad que empecé a engancharme cada vez más con el baile”, señala. “Mi tía era bailarina (he ahí otra veta) y hasta tuve mis primeras zapatillas de punta”.

¿Cree que hubiera sido bailarina?
Usé punta por dos años, más o menos, pero mi profesora se fue de la ciudad y quedé un poco desorientada, porque en esos años, en Copiapó, no había el actual despliegue y por eso cuando aparecía una academia era furor.

¿Cómo fue la época universitaria?
De Copiapó me vine a la Universidad del Norte, viviendo en pensionado y corriendo de un entrenamiento a otro. En ese tiempo conocí a Ismael, mi marido, con quien he formado una hermosa familia. El año setenta y tres ingresé al colegio a cargo de las selecciones de gimnasia. Dos años después pasé a ser parte de la planta oficial… por eso, en realidad, son cuarenta y dos años de servicio… ¡toda la vida!

¿Cómo fue empezar una carrera profesional y, a la vez, comenzar a formar una familia?
Mis dos hijos, Ismael y la Coté, son muy deportistas y me podían acompañar en los entrenamientos sin mucho problema. También ha sido fundamental el apoyo de mi marido porque ha tenido una paciencia enorme. Imagínate, los entrenamientos duran hasta las nueve o diez de la noche, muchas veces son todo el sábado… y hasta los domingos si es que hay competencias programadas.

Si mi familia no me hubiese apoyado, quizás la historia sería muy distinta. Muchas veces salí a hacer cursos al extranjero por periodos más o menos largos y mis papás me apoyaban con los niños. Siempre me he sentido muy acompañada en el camino a mi realización profesional. Nunca tuve que elegir y eso lo valoro profundamente.

LA DANZA

La línea de tiempo marca hitos importantes en la vida profesional de la Micky. En 1973 era la Academia de Gimnasia Artística; en 1978, Gimnasia Rítmica que, en 1985, pasa a ser Gimnasia Aeróbica y, en 1995, aparecen las cheerleaders, hasta 2002, cuando se suma Dance. “Hasta hace unos veinte años, los campeonatos eran masivos y movilizaban a los colegios enteros. Hoy en día sigue el compromiso, pero muchas veces los torneos nacionales o internacionales involucran pagos que son más bien onerosos y eso se convierte en un obstáculo más o menos importante. Sin embargo, las chicas siguen queriendo participar y estar… tendremos que buscar la forma de conseguirlo”, comenta.

¿Cuál es el factor común entre las distintas generaciones?
Creo que hay un factor genético, en primer lugar, un amor por el movimiento, por la capacidad de transmitir emociones a través del baile. Además, quienes practican disciplinas deportivas deben ser personas perseverantes. Hay algunas a quienes les cuesta un poco más, pero eso no es impedimento para no conseguir sus objetivos… quizás será un poco más difícil, pero si son constantes, seguro va a resultar algo bueno. También es cierto que en la etapa escolar deben conjugar este amor por bailar con la responsabilidad con los estudios, equilibrar las dos cosas. El deporte y ser buenos alumnos. Como los entrenamientos son hasta tarde, deben tener la capacidad de organizar su tiempo, lo que a la larga, les ayuda en la vida.

¿Qué pasa cuando las niñas son puro talento? ¿Aconsejaría a los padres que les permitan que se dediquen al deporte o al baile?
Creo que mi objetivo es que a través de la danza las niñas adquieran valores que les ayuden en la vida. Por eso la carrera que estudien, la que sea, la podrán ejercer contentas. Yo tengo exalumnas que siempre quisieron seguir bailando y a ellas las he impulsado a que busquen la manera de seguir su vocación, siempre con la conciencia de lo difícil que es vivir del baile. El movimiento es un lenguaje que se puede aplicar en nuestro día a día. Esa es la magia que mantiene este amor tan grande por lo que hago.

¿Cómo es cerrar este ciclo formal de hacer clases?
La verdad es que cuando me preguntaban qué haría después de retirarme, yo pensaba “después de cuándo, si yo nunca voy a dejar de hacer clases”. Pero claro, llegó el momento en que debo permitirme estar más tiempo con mi marido y con mi mamá, que hoy vive con nosotros, tener la libertad de viajar y ver crecer a mi nieta. Por eso tomé esta decisión tan difícil de terminar mis clases como profesora de planta, pero seguiré ligada a las academias porque si dejo todo de una vez… no… no sé si sería capaz.

¿Todo preparado para esta nueva etapa?
Sí, tengo todo pensado. Tengo alumnas que hoy trabajan conmigo y son como mi prolongación. Si no estoy, ellas son capaces de hacerse cargo de todo. Seguiré en mi rol de coordinadora de academias, pero de a poco iré dejando el espacio a las nuevas generaciones.

Debe ser un paso difícil…
Imagínate. Con mis colegas disfrutamos de nuestro trabajo, hemos ido adaptándonos y buscando formas de mantener a los alumnos motivados y con el espíritu del colegio. Las horas que uno pasa en las salas o en las canchas son incluso más de las que uno está en la casa, así que lo de “segundo hogar” no es una metáfora. Además, a mí lo que más me encanta es cuando al llegar, mañana y tarde, todos los polluelos me ven y corren a abrazarme. Ese cariño tan grande es la mejor recompensa que se puede tener.

 

"Ha sido fundamental el apoyo de mi marido, porque ha tenido una paciencia enorme. Imagínate, los entrenamientos duran hasta las nueve o diez de la noche, muchas veces son todo el sábado… y hasta los domingos si es que hay competencias programadas”.

Otras Entrevistas

Sobre la ola
Deporte
» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+2+4   =