DOMINGO A MIÉRCOLES 22:35 HORAS, EN CANAL 13.
Un accidente deja a Francisco Bustamante en coma por veintisiete años. Cuando despierta no solo el mundo ha cambiado de manera radical, sino que Rafaela Guerra, la chica con la que pololeaba, está a punto de casarse con su mejor amigo, Alejandro Toro. Lo que Francisco no sabe es que su pareja estaba embarazada y él es padre de mellizos, que han crecido como hijos de Alejandro. A grandes rasgos, la trama de 20 añero a los 40 es perfecta para un drama, sin embargo se opta por la comedia con una ligereza comprensible pero a la vez lamentable, porque desecha las posibilidades de explorar el paso del tiempo.
Así, por ejemplo, fueron menos que pinceladas las escenas donde la familia intenta hacer creer al protagonista que solo transcurrió casi un mes desde su accidente. En el cine una cinta como Good bye Lenin (2003) gira en torno a esa idea, pero acá solo duró un par de secuencias mientras tratan de convencerle que aún existe la bebida Free, le dan golosinas ochenteras como si fuera un niño, y un pariente le cuenta de la muerte de Freddy Mercury y Gustavo Cerati. Todo el proceso de comprender la injerencia cotidiana de la computación y la telefonía móvil, entre otras diferencias claves con los ochentas, sucede sin que seamos testigos. Aquel escenario y derrotero —el proceso de un hombre que de alguna forma viaja al futuro—, cae fulminado ante el enredo amoroso.
Francisco Pérez-Bannen, a cargo del rol protagónico, imprime consistencia y emotividad. Tamara Acosta, como Rafaela, una vez más repite el único papel que ha hecho convincente en cine y televisión: la mujer chilena promedio. A pesar de las oportunidades perdidas, 20 añero a los 40 tiene encanto y atrapa