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Entrevistas

EDICIÓN | Enero 2016

Pura franqueza

José Antonio Neme, periodista.
Pura franqueza

Lleva poco más de un año en Mega y se siente muy cómodo en los dos noticieros que conduce. Un lector cálido, que en las mañanas luce de corbata en televisión y en las tarde de buzo en la radio y al que le importa informar y contextualizar las noticias logrando gran credibilidad. Un profesional con el indiscutible sello Neme.

Por Carolina Vodanovic G. / Fotografía Constanza Sande S.

Bien temprano, y siempre con una sonrisa, nos despierta junto a Catalina Edwards, en la edición matutina del noticiero Ahora Noticias, de Mega. De ahí se pasa al estudio de Mucho Gusto, donde comparte con su entrañable amiga Kathy Salosny y bromea junto a Lucho Jara y el resto del panel. A la una de la tarde, muy compuesto, vuelve a la carga noticiosa y nos da cuenta de lo que ha pasado hasta esa hora en Chile y el mundo.

La mañana de José Antonio Neme es vertiginosa. Pese a que corre por los pasillos del canal, come plátano y toma leche con chocolate en cajita, este periodista de la UC se detiene a saludar a todo el mundo y se toma su tiempo para contestar cada una de nuestras preguntas. Es, sin duda, un tipo amable, respetuoso, no se distrae con el celular y sólo mira, de vez en cuando, su reloj, pues sabe que dentro de poco comienza otra edición del noticiero.

¿Eres sociable?
No mucho, no soy una persona que tenga muchos amigos. Tampoco soy de invitar tanto a mi casa. Tengo un amigo, a quien conozco hace veinte años, y con él tengo una relación de amistad de 24 x 7, línea abierta, sabe que cuenta conmigo siempre. Tengo, además, grandes amigas en el trabajo: la Andrea Arístegui, la Cata Edwards, la Kathy Salosny; somos amigos de compartir la vida, mucho más allá de la pega.

Consciente de que las relaciones personales no son su fuerte, asegura que en el campo laboral sí se maneja bien. “Me cuestan mucho las relaciones humanas. En el aspecto laboral ando perfecto; he sido capaz de establecer relaciones muy sanas, que significa ponerte desafíos, respetar a tus compañeros y frustrarte si algo no resulta. Tú en el trabajo no puedes golpear la mesa ni hacer una pataleta. Ahora, si me preguntas por el manejo en mi vida personal, soy un desastre”.

¿Por qué?
Porque todo lo que hago bien en la pega, lo hago mal en lo personal. Digo que sí cuando quiero decir que no, y viceversa; me cuesta la frustración, me cuesta aceptar que las relaciones no me resulten, todo me duele yme  derrumbo. Cuando amo, amo intensamente, y cuando odio, también. Toda esa dinámica, que desde fuera parece súper divertida, finalmente va dañando tu persona. Creo que si aplicara la política personal a la pega, definitivamente estaría cesante.

Soltero sin compromiso, a los treinta y cuatro años comparte sus días con Duque, Beto y Poni, dos bulldogs y una bóxer que hacen de las suyas en el departamento de Neme.

¿Has sido muy pololo?
No, para nada, no soy muy bueno para las relaciones de pareja. Hay gente que tiene facilidad para el tema, yo no. A los dieciocho años establecí mi primera relación más seria, me fui de la casa y estuve como tres años alejado de mi familia, luego volví como perro arrepentido. Después tuve una relación larga de siete años y la última que duró cuatro. Pero no ha sido fácil. Diría que en pareja lo he pasado más o menos no más.

Y en tu familia, ¿nunca ha sido tema tu condición?
No, además que mientras más tiempo pasa y más viejo uno está, menos tema es. Siento que las relaciones íntimas me cuestan un poco y hoy por hoy no busco nada, porque creo que es una pésima estrategia.

TOMANDO CONCIENCIA

Tras sufrir una serie de depresiones y después de alejarse de mucha gente, hace tres años José Antonio decidió iniciar una terapia de psicoanálisis relacional: “me di cuenta de que algo andaba mal en mí, quería entender este desorden emocional y empecé con el psicoanálisis. Ahí te vas recontando tu historia, te vas perdonando y perdonando al resto y te haces consciente de una historia que te habías contado, pero de otra manera. Me ha ayudado mucho”.

¿Qué ha sido lo más duro de todo este proceso?
El psicoanálisis te va mostrando cosas que tú no habías visto, que tenían otro significado para ti, se te va dando vuelta el tablero. Creo que el resignificado de mis padres ha sido algo muy fuerte. Entender la realidad desde tu visión de adulto es bien doloroso porque uno ve mucha miseria, darse cuenta de todo esto es muy penca y no te dan ganas de hablar con nadie. En el proceso inicial de la terapia me apropié del tango el mundo fue y será una porquería…

“Empiezas a crear un piso de conciencia y de ahí ya puedes construir. Primero destruyes todos los mitos para luego empezar a edificar. De ahí puedes salvar algunas relaciones y otras que se perdieron, definitivamente se perdieron. Necesitas tomar el teléfono y empezar a aproximarte de nuevo, pero de una manera distinta, no pedirle a esa persona cosas que no te puede dar, no pasarle cuentas que no le corresponden, y eso es muy bonito porque ahí realmente subiste un peldaño”.

Si de recuperar relaciones se trata, cuenta con alegría que hoy está muy cerca de su hermana psicóloga, un año menor que él. “Estuvimos mucho tiempo distanciados y nos hemos reencontrado, hablando temas de grandes, evaluando cuáles son los temores de cada uno, las aprehensiones, todo tras un largo silencio entre nosotros”. Pero hay relaciones y situaciones que prefiere no recordar. El colegio fue, sin duda, una etapa muy dura en la vida de este periodista. “Tengo los peores recuerdos de mi etapa escolar. Era un niño súper temeroso, débil, de una estructura súper angustiosa, y recuerdo haberme visto en la puerta del colegio sintiéndome completamente indefenso, angustiado. Tenía treinta años y seguía sintiéndome así, una sensación de caer en un abismo sin fondo y fue ahí que me di cuenta de que había algo que estaba mal y llegué a la sala del terapeuta”.

¿Fuiste víctima de bullying?
Sí, era muy retraído y nunca pude entrar en la dinámica ganadora de los niños. Ni era bueno para el combo, ni tampoco para los goles. No era bueno para nada y no me sentía talentoso. Estaba en un rincón invisible y esa sensación, el hecho de ver el mundo desde un rincón, empieza a formar tu personalidad.

Fue entonces que sus padres decidieron cambiarlo de colegio y llegó al Liceo Alemán, un colegio de puros hombres. “Ahí la cosa fue incluso peor. Más soledad, más angustia, más rechazo, y si bien uno podría pensar que tenía que ver con un bullying homofóbico, no sé si era tan así. Pudo haber algo en la forma, pero quizás también había algo en mí. Fui antisistema desde muy chico, no me interesaba la sala de clases, no me gustaba el sistema de filas y cotonas. Había un lugar de mucha rebeldía de mi parte, siempre lo encontré absurdo y obtenía de vuelta rechazo”.

REINVENTÁNDOSE

Pero llegó la época universitaria y ahí todo cambió. “La universidad me dio la posibilidad de empezar de cero y me propuse no volver a cometer los mismos errores. Me encontré con un mundo maravilloso, de gente linda, que venía de distintos rincones de Chile, con otras historias, sin uniformes, sin cotonas, sin filas, sin esa cosa nacional socialista, militarizada, que tiene la educación chilena”.

¿Llegaste a estudiar periodismo siguiendo los pasos de tu papá?
No, para nada, yo quería estudiar teatro pero mi mamá me hizo la vida imposible, me dijo que prácticamente iba a terminar viviendo en Villa Miseria, y con diecisiete años no estaba tan firme como para tomar una decisión. Me pareció que periodismo era una carrera que tenía algo de teatro, podía entrar en contacto con historias, no me iban a tener sentado en un escritorio y fue un poquito apostando, no sabía lo que iba a pasar, tampoco que iba a terminar trabajando en televisión. José Antonio cuenta que todas las cosas que le han pasado en la vida han sido bastante casuales, muy intuitivas, poco planificadas, “soy de esos que me pierdo en el camino, que me quedo conversando y se me va el tren. He aprendido a ir reaccionando en el día a día”.

¿Y al día de hoy es una carrera que te apasiona?
No, es mi trabajo y me gusta hacerlo porque creo que tiene un rol de servicio interesante, creo que es fundamental para el desarrollo de una sociedad democrática, porque una sociedad con buen periodismo es una sociedad más sana y libre. Pero para mí esto es un trabajo, mi plenitud no está puesta aquí.

¿Te gusta el rol de animador?
Siempre estoy en la cuerda floja. No me creo ni tan divertido, ni tan completo como para compararme con los animadores. Lo mío es la información cálida y contextualizada. He tenido la fortuna de hacer periodismo en un momento en que la televisión ha cambiado y se ha ajustado un poco a mi personalidad. Llegué en un buenmomento, hoy la calidez y la franqueza se valoran y la gente le atribuye credibilidad.

 

Me gusta hacer periodismo porque creo que tiene un rol de servicio interesante, creo que es fundamental para el desarrollo de una sociedad democrática, porque una sociedad con buen periodismo es una sociedad más sana y libre”.

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