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EDICIÓN | Enero 2016

Dejar huella

María Cecilia Toledo, gestora cultural.
Dejar huella

Eso es lo que ha hecho sistemáticamente desde que dejó Chile. Dejar huella. Primero en Nigeria, con la creación del festival OperAbuja, más tarde en Perú y, posteriormente, en Jamaica. A pocos días de llegar a su “gran Valparaíso”, esta mezzosoprano se concentra en una nueva versión de las Temporadas Musicales de Reñaca, mientras prepara el relanzamiento de su CD junto a Valentín Trujillo en Santiago y planea la creación de una fundación que busque darle a la cultura el protagonismo que se merece. Completamente reloaded, María Cecilia está de vuelta.

Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

La culpa de que esté en Chile la tienen dos proyectos: el manuscrito de un libro sobre Carmen de Bizet y el estatus que han alcanzado las Temporadas Musicales de Reñaca, luego de catorce años de trabajo.

Está exactamente igual que hace seis años, cuando la entrevistamos por primera vez. El pelo azabache, los ojos almendrados, la voz profunda. Sin embargo ha pasado mucha agua bajo el puente. Como cantante lírica de trayectoria internacional y señora de embajador, le ha tocado armar y desarmar maletas muchas veces. Y, justamente, esa condición le ha servido para crear lazos con el mundo cultural de cada país en los que le ha tocado vivir. Nigeria, Perú, Jamaica. En cada sitio ha dejado su impronta.

Las galas y los eventos sociales —un clásico dentro del mundo diplomático— le ayudaron a introducirse en el medio local y darse a conocer. Sin embargo, jamás imaginó que terminaría formando cantantes líricos en Nigeria. Ni que llevaría a cantar al continente africano a la ganadora de dos premios Grammy y ex ministra de cultura peruana, Susana Baca. O que sería coorganizadora del concurso nacional de Canto Lírico de Perú, junto a Juan Diego Flores, el tenor más importante del mundo hoy en día.

Pero así es María Cecilia. Un día ofrece un concierto al ritmo de los “binghis” de rastafaris jamaiquinos, al otro, canta ópera en el patio de la casa del mismísimo Chinna Smith y al siguiente, se hace miembro de la Fundación de Rescate del Ward Theatre Foundation, una verdadera joya en Kingstown, Jamaica.

“En Jamaica tenía una casa espectacular, pero no la cambio por esto”, dice mirando el mar, que pareciera entrar en el living de su departamento en Higuerillas. “Cada vez que venía a Chile, me desesperaba por no poder quedarme. Siempre me preguntaba ¿por qué estoy haciendo tantas cosas en otros lados y no es mi país? El borde costero chileno necesita un hilo conductor, una identidad que lo empodere frente a la fuerza hegemónica de Santiago, porque todavía es el gran proveedor de la paleta cultural que existe en Chile.

DESEMBARCO EN LIMA

Posa frente al lente con garbo, con la prestancia que solo dan los años de circo, cantando en los escenarios más famosos del mundo. Y mientras enfunda su cuerpo en una pañoleta blanca, cuenta que le encantaría reflotar la Ópera en el Mar, en Valparaíso, que sigue soñando con un teatro para Abuja (capital de Nigeria) y que siempre supo que iba a volver.

Cuando estaba en Nigeria, la noticia de que la señora del embajador alemán cantaba como los dioses corrió como reguero de pólvora. El resto es historia. En cinco años logró lo que pocos: creó el festival de OperAbuja, la Fundación AMEMUSO, el coro de niños. Todas iniciativas maravillosas que vieron la luz gracias al empuje y las ganas de esta chilena. Pero el tiempo diplomático gira sus manecillas y debe partir. Y se abre un nuevo capítulo en su vida: Lima.

“Me dio mucha pena dejar un mundo que me había costado tanto entender, con el que había trabajado en forma incansable y del cual me sentía absolutamente comprometida. Pero cuando me enteré de que en Perú había descendientes de africanos, me dije “tiene que haber algo allá para mí”.

El destino quiso que, justo en ese tiempo, estuviera como ministra de cultura la cantante Susana Baca, “la primera afro descendiente que tuvo el orgullo de formar parte de un ministerio”, señala María Cecilia.

Ni corta ni perezosa, partió a tocarle la puerta a la ministra Baca y la empatía fue instantánea. Ese mismo año, Susana dejó el ministerio y viajó con Cecilia a Nigeria, por primera vez en su vida, a dar su primer concierto en el OperAbuja. “Fue impresionante y el preámbulo del disco que grabarían más tarde. Todos bailaban y Susana brillaba como nunca en el escenario”, recuerda.

¿Uno de los grandes hitos del 2015?
El disco De ida y de vuelta: Encuentro entre tres mundos. Un disco compilatorio maravilloso que grabó Susana Baca en el continente negro, luego de su encuentro con él. Uno de los grandes proyectos del año pasado y una de las cosas más importantes que he hecho en mi vida. Este CD, que tardó tres años en ver la luz, es un testimonio y un aporte increíble a la música, porque mezcla ritmos africanos y ópera. Y cuando se empieza a entender la riqueza de esa mezcla, se comienzan a romper las barreras. La música, como expresión artística, traspasa fronteras y credos.

UNA HISTORIA QUE CONTAR

Paralelamente, Cecilia conoce a Martha Mifflin, directora de la Radio Filarmónica en Lima, en una de las fiestas de la embajada, y comienzan a trabajar juntas. “Ella es una gestora cultural impresionante y con un gran sentido del deber. Me fui a pasar tardes y mañanas enteras a la radio para sacar adelante el primer concurso de canto lírico de Perú, por eso soy miembro honorario del jurado”.

¿Qué te ha sorprendido?
El talento en bruto. A las audiciones del año pasado llegó Yulissa Paulino, una chica de diecisiete años. Una voz en un millón, un don maravilloso. Ella vivía en un pueblo a diez horas de Lima, nunca había tomado clases de canto y carecía de técnica. Ganó el segundo lugar y viene a cantar a las Temporadas ahora en enero. Eso mismo me pasó hace dos años cuando conocí a Iván Ayón, que recién había comenzado a cantar ópera. Obtuvo el primer lugar, a contrapelo con el jurado, y hoy acaba de ganar el Pavarotti.

Viviendo en Lima gestaste un convenio, ¿de qué se trata?
Está relacionado con la colaboración cultural entre el Centro Cultural Arte Música de Reñaca, la Corporación Cultural de Viña y Radio Filarmónica del Perú. Consiste en potenciar las competencias de canto que existen en Lima y Viña del Mar. Es el único convenio de esta categoría que tiene una región con Perú.

TEMPORADAS MUSICALES DE REÑACA

María Cecilia, que estudió en el famoso Mozarteum de Austria, avalada ni más ni menos que por Plácido Domingo, no conoce la palabra “No”. Por ahora está concentrada en estas nuevas Temporadas y en consolidar su gestión. “En todo este tiempo, como Creamar, hemos logrado crear equipo. Tenemos cantantes, gestores, actores, orquestas, además de un público cautivo que nos motiva para que sigamos cada año”.

¿Cuáles son las sorpresas para esta temporada?
Esta temporada está dividida en diversos segmentos: Íconos de la Música Nacional, Jóvenes Talentos Nacionales, Chile y Perú Unidos por la Música, Piel de América, junto a Valentín Trujillo, que más que un concierto es un café concert, porque hablamos, nos reímos, cantamos. También vienen las Andrew Sisters, chicas retro onda pin-ups, el conjunto de jazz Cultrera Espinoza, Eduardo Gatti y el clarinetista jamaicano Rafael Salazar.

¿Qué significa Valentín Trujillo en tu vida?
Es el hombre que me enseñó a unir el gusto por la música clásica y la popular. Él es un gran músico, un maestro, una gran inspiración y uno de mis grandes amigos. Para mí, Valentín y su familia son como una especie de continuación de la mía propia.

¿A quién admiras?
A mi padre. Es un hombre extraordinario, que ha sabido romper esquemas buscando siempre la posibilidad de unir y construir puentes. Me ha enseñado a mirar a las personas con el corazón. También a mi mamá, el arte, los colores, la sensibilidad, el gusto por los detalles, los heredé de ella.

¿Cómo ves el futuro de las temporadas musicales?
Hay iniciativas locales que se mueven con apoyo financiero muy estrecho y que logran tener una parrilla programática asombrosa. Acá nosotros nos movemos en base a la amistad. Este proyecto tiene una mística especial, que hace que grandes artistas vengan porque creen firmemente en que estamos abriendo espacios en la región.

¿Qué te gustaría?
Me encantaría que se empezaran a hacer intercambios o itinerancia de producciones organizada desde Valparaíso a otros lugares costeros. Creo que lograríamos un efecto mucho mayor que solo produciendo espectáculos locales.

¿Qué falta para lograrlo?
Apoyo. Estas producciones deberían tener un tremendo respaldo, no solo de parte del gobierno, que podría apoyar mucho más, sino de la empresa privada que sí se quiera comprometer con la región y que se empiece a pensar en estos eventos como productos de exportación. La cultura alimenta el alma. Y nosotros, los artistas, debemos ser capaces de producir, convocar, emocionar. Por eso la importancia de la gestión cultural.

¿Qué quieres para Valparaíso?
Todo. Valparaíso es el foco, la lámpara, la luz que perdimos en este país sin siquiera darnos cuenta y que nos iluminaba el camino como un faro hacia el Pacífico. Quiero que recupere el valor de su historia, el valor del legado que dejaron los inmigrantes. Quiero que se abra un espacio y desarrollar ahí una gestión cultural. Eso me motiva muchísimo.

¿Proyectos para este 2016?
Muchas cosas. Tengo la seria intención de ir configurando Creamar en términos más formales, sigo con mis viajes a África y a Perú. Estoy abierta a todas las posibilidades. Quiero subirme las mangas y trabajar en mi región, la gente me pregunta si voy a abrir una academia de canto, si voy a reflotar el Ópera en el Mar, quiero que Dios me ilumine y entrar en el lugar correcto para ayudar desde un flanco distinto.

¿Qué te quita el sueño?
A estas alturas del partido, estoy entendiendo que nada en la vida te puede quitar el sueño y que lo que justamente tienes que hacer es soñar.

 

"Valparaíso es el foco, la lámpara, la luz que perdimos en este país sin siquiera darnos cuenta y que nos iluminaba el camino como un faro hacia el Pacífico. Quiero que recupere el valor de su historia, el valor del legado que dejaron los inmigrantes”.

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