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EDICIÓN | Enero 2016

Adrenalina en el aire

Francisco Cuello, instructor de parapente.
Adrenalina en el aire

Dejó atrás el vértigo y los prejuicios de su padre y se lanzó a volar. Primero, como piloto de avión y, luego, como instructor de parapente. Aquí encontró un nicho inexplorado, formó su propia empresa y, hoy, cuenta con más de tres mil vuelos. Su invitación es a atreverse, a disfrutar, a relajarse y a sentirse como un pájaro libre surcando los cielos.

Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

No estaba en sus planes convertirse en ingeniero. Ese era el sueño de su padre, pero no el de Francisco Cuello (24), quien, en su corazón, solo alimentaba las ansias de volar y pilotear un avión. Decidido, llegó desde Calama a La Serena, para iniciar el curso de piloto en el Club Aéreo de esta ciudad. Tenía diecisiete años. Trabajó para costear sus estudios y después de un año de preparación, por primera vez en su vida, se subió a un avión. “A pesar de que sufría de vértigo, reafirmé que lo mío era volar. Piloteé junto a mi instructor, Phillip Schaller, y me felicitó. Cuando cumplí las quince horas de vuelo reglamentarias, pude pilotear solo. Esta es una de las experiencias más lindas que he vivido. Era lo que siempre había soñado”, comenta Francisco.

Sus elogiadas condiciones y su gran motivación por aprender, lo convirtieron en uno de los mejores pilotos formados por el Club Aéreo de La Serena. Superó el vértigo y comenzó a acumular varias horas de vuelo. Su experiencia le permitió ingresar a una línea aérea especializada en el lanzamiento de paracaídas.

“Si bien soy piloto comercial, no está dentro de mi interés el transporte en línea aérea; para mí no es la esencia del vuelo porque con los grandes avances tecnológicos, estos aviones van prácticamente solos, no así en las áreas de la acrobacia. Mi sueño es ser piloto de acrobacia, similar a los Halcones, pero en el área civil”, relata.

¿Cómo descubres tu afición por el parapente?
En el 2009, me encontré con un instructor de la Fuerza Aérea, Mauricio Villagrán, que estaba volando en parapente. Conversamos y me invitó a hacer el curso. Di un examen ante la Dirección General de Aeronáutica y me convertí en instructor. Volaba solo y se hizo monótono, además, me exponía a un mayor riesgo, entonces, en el 2012, comencé a hacer vuelos con pasajeros para motivarlos a que hicieran el curso.

¿Y hubo interés?
La mayoría de las personas buscan vivir la experiencia, no les interesa hacer el curso, así que me dediqué a ofrecer vuelos comerciales. Un año después formé la empresa Andes Fly y la promocionaba con mis amigos. Nunca hice publicidad. Fui creciendo y empecé a generar recursos. La verdad es que nunca busqué ganar dinero y creo que esa es la clave. Mi pasión por el vuelo es lo que me ha dado la estabilidad económica.

¿Y está presente en otras zonas, también?
La práctica del parapente es bien reducida en este país. Son muy pocos los instructores que existen y los lugares de vuelo. Comencé a generar redes de contacto en otras zonas y decidí ampliar la marca para optar a más instructores en Maitencillo, Santiago, Rancagua, Antofagasta e Iquique.

¿Cuál es la filosofía de Andes Fly?
Volamos para el pasajero y realizamos con él una aventura desde que se sube al parapente. No hacemos acrobacias si no está de acuerdo y generamos adrenalina, cuando la persona lo pide.

¿Existen ciertas condiciones para volar en parapente?
El pasajero no requiere tener ninguna experiencia en vuelo, ni una condición física especial, más allá de contar con una salud óptima para hacer un deporte extremo.

¿Y te ha tocado volar con personas que no cuentan con ello?
En una ocasión una pasajera omitió que tenía un tumor cerebral. Le entregamos una ficha donde se apuntan los datos de salud y ella no dijo nada. Afortunadamente no ocurrió ningún percance. Ella simplemente quería vivir esta experiencia.

¿Cumplir un sueño o lograr un desafío personal es lo que buscan al volar?
Por lo general, las razones son esas. Cumplir un sueño o una expectativa. Me ha tocado volar con personas adultas y ellos afirman que no desean morir sin haber vivido esta experiencia.

VIVIR LA EXPERIENCIA

Las condiciones climáticas son absolutamente necesarias para agendar un vuelo en parapente. Cuando llega el día y la hora pactada, Francisco y sus pasajeros suben a una pista ubicada en el Cerro Grande. “Nos lanzamos a volar alrededor de quince minutos. Para que el vuelo sea placentero, este debe ser corto en términos de tiempo, de lo contrario las personas suelen marearse. Los vuelos siempre son en condiciones seguras, aquí no hay riesgos”, recalca.

¿Y das ciertas instrucciones a los pasajeros?
No. Lo que aprendí durante todos estos años de vuelo es a no explicarle a los pasajeros lo que podría ocurrir en un caso de emergencia. El control siempre lo llevo yo. Al pasajero ni siquiera le explico cómo debe aterrizar. La persona se pone su equipo y su silla, da un par de pasos y ya estamos volando. Mis instrucciones son “sigue mis movimientos, pásalo bien, disfruta y relájate”.

¿Y lo logran?
La gran mayoría no quiere bajarse del parapente. Todos los días hay gente que quiere volar, incluso, muchas personas lo hacen habitualmente. Cuando veo a las personas que lo están pasando bien, lo disfruto más que ellos.

¿En qué modalidades se puede practicar este deporte?
Existe el vuelo tándem, es decir, el pasajero va adelante del piloto. El otro es el triplaza, aquí el piloto acompaña a dos pasajeros. Este es el vuelo que ha tenido más aceptación y generalmente lo prefieren los papás con sus hijos.

¿Y quiénes buscan vivir esta experiencia?
Siete de cada diez personas que vuelan en parapente son mujeres. El hombre siempre tiende a sentir más miedo, en cambio, la mujer es mucho más decidida. En una ocasión volé con una señora de setenta y cinco años… estaba feliz. En el caso de los niños, no existe edad mínima, solo un peso mínimo que es de veinticinco kilos.

¿Cuantos vuelos has realizado a la fecha?
Desde el 2012 hasta ahora, deben ser más de tres mil vuelos.

¿Y de esos vuelos, alguno con fines sociales?
¡Sí! varios, porque sé que hay muchas personas que sueñan con volar, pero no tienen los medios. Me gustaría, también, apadrinar jóvenes y hacer clínicas de parapente para formar pilotos que no cuentan con las condiciones económicas para pagar un curso, pero que sí sienten la pasión por volar.

¿Qué medidas de seguridad adoptas en cada vuelo?
Contamos con equipos de celular y radios. En La Serena trabajamos conectados con la torre de control del aeropuerto, porque dentro del reglamento de la Dirección General de Aeronáutica, los parapentes no pueden volar en áreas controladas. En mi caso, estoy autorizado para volar en el Cerro Grande y cada vez que lo hago debo informar a la torre de control como si fuese un avión. A la hora de volar, sin duda, esto nos da mucho más seguridad.

¿Has vivido situaciones límites?
Sí, pero nunca he tenido un accidente. El parapente es un planeador flexible, solo tiene rigidez cuando está en el aire, entonces, cualquier movimiento brusco puede provocar una situación de riesgo. Está en la experiencia del piloto el poder solucionar un problema rápidamente. Ahora, ante cualquier emergencia, siempre llevamos un paracaídas de emergencia.

ACROBACIA Y ADRENALINA

Francisco no tiene límites. Su pasión por volar lo ha llevado a buscar otras sensaciones en el aire. Actualmente, está preparando un show de acrobacia en paramotor o parapente motorizado, ya que este le permite despegar en cualquier lugar plano y no requiere subir a un cerro. “Es un show similar al de los Halcones, pero en parapente. Estoy trabajando la idea para presentarlo en un espectáculo aéreo en Ovalle. En Chile esto es muy poco usual y es un trabajo acrobático que requiere preparación y experiencia”, destaca.

¿Otros proyectos en mente?
Quiero traer globos aerostáticos y ofrecer paseos. Adquirir mayor experiencia en el extranjero y compartirla… en definitiva, tengo muchos proyectos… yo creo que me voy a dedicar a volar de aquí, hasta el resto de mi vida.

¿Prefieres volar solo o en compañía?
Acompañado. No me gusta volar en soledad. Si lo analizo objetivamente, con el parapente entramos a un mundo al cual no pertenecemos. Somos ajenos a este ambiente y aunque volemos con una tecnología de primer nivel, jamás podremos volar como un ave.

¿Pero sí puedes sentirte como un pájaro?
Así es. Cuando estoy volando aparecen aves a mi lado y la sensación es increíble.

 

"Siete de cada diez personas que vuelan en parapente son mujeres. El hombre siempre tiende a sentir más miedo, en cambio, la mujer es mucho más decidida”.

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