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EDICIÓN | Enero 2016

Iglesia en Puerto Varas

Escuchar antes que imponer
Iglesia en Puerto Varas

José Pedro Vicente, Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. www.josepedrovicente.cl Instagram: JOSEPEDROVICENTE

Mientras descansaba unos días en el sur, llegó a mis manos la edición n°118 de la revista El Mundo del Caballo. En ella, un artículo llamado “Aprendiendo a montar con los cinco sentidos”, me hizo reflexionar sobre aquellos casos donde el arquitecto prioriza su sello, por sobre la identidad del lugar donde le tocó desarrollar un proyecto. La instructora de equitación, Anna Wintle, se refiere a la importancia de aprender a descifrar el lenguaje de los caballos, antes de pretender que ellos entiendan el idioma de los seres humanos. Es decir, y con una cuota de ironía, hace un llamado a darse el tiempo necesario para familiarizarse con quien recibirá tus indicaciones. Lo mismo sucede en la arquitectura. Muchos “artistas” llegan al lugar de los hechos con un proyecto predefinido sin antes haber observado, entendido y reflexionado sobre las necesidades del lugar.

Siguiendo con la analogía equina, la señora Wintle hace una gran diferencia entre lo que algunos creen significativo y lo que realmente sirve en tu relación con el caballo. Frente a esto, señala que “puede que sepas cómo trenzarle la cola, o que te sepas de memoria los nombres de los diferentes cepillos. Estas cosas son importantes para ti, pero no lo son para tu caballo”. Del mismo modo, muchos arquitectos, a la hora de proyectar, buscan retos y beneficios personales por sobre las solicitudes del encargo. Un desempeño miope que se concentra en resultados de escasa utilidad para sus usuarios, pero probablemente, de gran atractivo para algunas revistas de arquitectura.

Esta simple y anecdótica aproximación entre la cultura ecuestre y arquitectónica, busca explicar superficialmente ciertas responsabilidades y tentaciones a la hora de diseñar una edificación. Un buen ejemplo no significa un resultado complejo, ni tampoco un lugar sofisticado. Aprovechando la estadía en el sur, esta iglesia llamativamente roja en la mitad de un paisaje dominado por el verde, deja en silencio a todo quien pasa frente a ella.

En un lugar donde la gran mayoría se mueve en bicicleta, a pie o “de a caballo” escoge su emplazamiento a orillas del camino. Ciertamente en la “cresta de la loma”, dominando el valle, hubiese sido de mayor atractivo para las publicaciones. Comenzamos a ver entonces, ciertas señales de un querer atender antes de imponer. Con tantos días de lluvia como sol, la evacuación de las aguas no es menor desafío. Pocos kilómetros atrás, se venden algunas casas “modernas” con techo plano. No vale la pena explicar los graves e irremediables problemas que enfrentarán los futuros propietarios. En este caso, sus muros son los propios faldones de la cubierta, de modo tal, que se libera y no se hace de un problema como las casas mencionadas. Omitir las características del lugar, efectivamente ofrece la posibilidad de entregar un resultado que simple y únicamente satisface al autor, endosándole el problema al usuario.

Nuestra iglesia, de escasas proporciones pero de clara identidad, entiende el lugar, como un buen jinete entiende a su caballo, por lo tanto, independiente de su forma, es un resultado autóctono y respetuoso. El autor de esta interesante propuesta supo domar un entorno a ratos chúcaro y silvestre.

 

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