Alegres, espontáneas y con mil ideas en la cabeza. Así son estas cuatro amigas —,que un día decidieron tirar líneas y aventurarse con su primer bazar. Pensaron nombres, activaron contactos, generaron redes y dieron vida a una atractiva plataforma que puso en vitrina el trabajo de autor de pequeños emprendedores. Hoy, un año más tarde, ya cosechan dividendos y sueñan con llevar la iniciativa un paso más adelante: transformarse en una productora de eventos.
Por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.
Como muchas cosas en la vida, la idea de hacer un bazar nació una tarde de asado en la casa de la Carola. Viñamarinas de toda la vida, veían con interés el éxito que generaba este tipo de ferias al otro lado de la cordillera. ¿Por qué no?, se preguntaron. Y se pusieron manos a la obra.
Tiempo después, la gráfica de una Combi llena de paquetes de regalo —gracias al trazo creativo de Bárbara—, daba origen a Bazar Itinerante Mi Mercado.
Por entusiasmo y ganas no se quedaron atrás. Crearon las bases, redactaron las cartas de autorización, se reunieron con la municipalidad y activaron la publicidad del futuro: las redes sociales. El boca a boca hizo el resto. En la primera feria tuvieron cuarenta y cinco expositores. “Es clave generar una buena relación con ellos”, aseguran. “En la medida que los expositores vendan, seguirá habiendo bazares. Por eso es tan importante la difusión y la elección de los stands”.
¿Cómo fue la experiencia del primer bazar?
Increíble, sentimos que hubo conexión con la comunidad, porque estábamos muy bien ubicados, en una plaza en el sector de Bosques de Montemar. Además de los expositores, había varios servicios anexos como la Combi Café, el cantante Daniel Bertsch, los villancicos del Cuarteto Alegro, la original percusión de Conexión Rítmica y la intervención de Hangar 270. Fue una instancia que no se había visto en Viña, un estilo de intervención urbana.
¿Qué aprendieron?
Que había que tener un espacio recreativo para los niños. En el segundo y en el tercer bazar contratamos juegos inflables con una monitora para que los papás pudieran vitrinear y comprar tranquilos.
¿Imprevistos?
En el primer bazar, el viento nos jugó en contra. Los toldos se volaban. Pero se produjo una camaradería muy rica. Entre todos ayudamos a trasladar a algunos stands hacia la explanada de la plaza, dando origen a dos ambientes. Terminamos felices y muy satisfechas.
¿Cómo filtran?
Buscamos stands que sean originales, con productos novedosos y entretenidos, hechos a mano, hechos con cariño. Eso se nota.
LO QUE ELLAS QUIEREN
Las cuatro son mamás y tienen trabajos paralelos. Bernardita es relacionadora pública y trabaja en una corredora de propiedades; Carola es diseñadora de vestuario y hace años tiene su propio negocio: Alma Trapera. Cecilia vende sus joyas bajo la marca Corazón Hispano. Y Bárbara es publicista y dueña de una tienda de restauración de muebles llamada Reencanto.
De ser expositoras pasaron a ser productoras, pero con un importante know-how desde la otra vereda: la de la venta. Aprendieron sobre la marcha, y hoy manejan al dedillo los formularios de tasación e, incluso, son ellas mismas las que instalan las gigantografías en la vía pública, buscando una mayor difusión.
El éxito del primer bazar, a fines del año pasado, dio origen a una segunda feria en el St. Margaret´s y una tercera hace poco en el colegio Mackay, donde decidieron invertir en infraestructura y a cada expositor le dieron la carpa, la mesa y una silla. “Solucionándole una parte importante del montaje”.
¿Cuál es su sello?
Somos todas de Viña y conocidas dentro de la comunidad. Le hemos dado la onda, el diseño y el estilo que queríamos y tenemos muy buena relación con los expositores y el público que va. Aunque siempre hay rotación de participantes, hay varios que están con nosotros desde el principio.
¿Cómo es el modelo de negocio?
Nosotros solamente arrendamos el stand. No pedimos porcentaje de ventas ni cobramos entrada. En el caso de los bazares en los colegios, el cobro de entrada para mayores de doce años se fijó en beneficio de las obras sociales de cada establecimiento.
¿El día más complicado?
El primer día de la feria, aunque la semana previa es súper estresante y agotadora. Pero este último fue maratónico. En menos de un mes tuvimos que organizar todo.
APUESTA LOCAL
Dicen que cada feria tiene su concepto. “En el bazar del St. Margaret´s nos preocupamos de que hubiera variedad de comida, porque la idea era que las familias aprovecharan de pasar el día ahí, tipo picnic. Este último, en el Mackay, estuvo enfocado a la Navidad. Queríamos que hubiera rotación de personas, entonces el acento no estuvo en lo gastronómico.
¿El plus del bazar?
El espíritu del bazar va más allá de la venta en los stands. Se genera una onda bien rica, te encuentras con los amigos y al final se transforma en un panorama de fin de semana, porque vas en familia a comprar productos hechos a mano, con amor, con detalles que de verdad hacen la diferencia. Y eso se valora muchísimo y te desmarca del retail.
¿Qué viene para más adelante?
Queremos hacer una intervención urbana en enero y un bazar en semana santa. Estamos llenas de ideas y proyectos.
¿Por ejemplo?
A futuro nos gustaría hacer bazares en otras regiones y abrir el abanico, enfocarnos hacia otras áreas más específicas con ferias temáticas: gourmet, de moda, de viñas, etc. Buscamos tener continuidad en el año y diferenciarnos del resto porque hay mucho bazar dando vuelta. Por eso lo nuestro apunta a ampliarnos y que el bazar itinerante se convierta en una productora de eventos.
"A futuro queremos hacer bazares en otras regiones y abrir el abanico, enfocarnos hacia otras áreas más específicas con ferias temáticas: gourmet, de moda, de viñas, etc.”.