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EDICIÓN | Enero 2016

Después del cumpleaños

Por Carolina Arias Salgado @carolaarias Ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
Después del cumpleaños

Aquí en Valparaíso los fuegos, y después la luna, iluminan la fiesta y todos los presentes piensan que ese primero en la madrugada marcará el inicio del mejor año de sus vidas; a medida que pasan las horas, el alcohol los vuelve melancólicos, la gente se dispersa, aparecen los primeros rayos de luz y con ella, como el día después del cumpleaños, toda la vergüenza, las verdaderas caras…

Cuando celebramos alguna fecha importante, como un cumpleaños, nos llenamos de expectativas, algunos para evitar pelambres limpiamos la casa más que de costumbre, esperamos ansiosos. Independiente de cómo lo pasemos, el lugar de celebración queda algo huracanado. Esto mismo, pero a mayor escala, pasa en Valparaíso todos los 31 de diciembre. Las autoridades, durante días, van haciendo un check list para quenada falle, no pueden defraudar a sus invitados más importantes, lo mismo ocurre con los restaurantes, boliches y picadas, todos quieren llenarse para empezar el año lo más enfiestados posible.

¿Pero qué pasa el día después de la celebración? Ya lo vimos hace unas semanas con la peregrinación a la Virgen de Lo Vásquez, año a año son miles los feligreses que a pie, de rodillas, y de las maneras más extrañas llegan al templo a pagar mandas o a pedir favores. Entiendo que ni uno de ellos pide por la contaminación mundial. Al día siguiente, dos kilómetros de carretera se pierden en las toneladas de basura que dejaron las miles de personas que se golpean el pecho.

Aquí en Valparaíso los fuegos artificiales, y después que la luna, iluminan la fiesta y todos los presentes piensan que ese primero en la madrugada marcará el inicio del mejor año de sus vidas; a medida que pasan las horas, el alcohol los vuelve melancólicos, la gente se dispersa, aparecen los primeros rayos de luz y con ella, como el día después del cumpleaños, toda la vergüenza, las verdaderas caras. La vida no solo no cambió, sino que es igual al día anterior o, mejor dicho, al año anterior. Lo único real y visible con las primeras horas de la mañana es todo lo que sobró, toneladas de porquería que durante semanas trabajadores, que probablemente no participaron de la fiesta, limpiarán con su escoba de paja, tal vez acompañados de algún amable perro que solidarice con su cansancio.

¡Felicidades!

 

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