Los recientes anuncios sobre la reforma educacional han motivado que los chilenos nos preguntemos qué queremos para el futuro de nuestros hijos. En este sentido, se alzan voces con opiniones que van desde la necesidad de romper paradigmas sobre los conceptos de gratuidad y calidad, hasta discusiones sobre la extensión de las carreras y su real impacto en el mundo laboral.
Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
“Cuando sea grande quiero ser….”. Esa frase no solo representa los sueños y anhelos de niños y niñas, sino también de sus padres y hasta de toda una familia. Lograr que ese sueño se convierta en realidad va de la mano con las oportunidades que tengan las nuevas generaciones.
Desde su rol como rector del Centro de FT Finning y gerente de Capacitación de Finning Sudamérica, Fernando León está hoy en un lugar privilegiado para observar la evolución del sistema educativo. Ingeniero Civil Industrial, MBA y PhD en Economía, nos entrega su mirada sobre el futuro de la educación en nuestro país y las múltiples oportunidades que entrega la educación técnica.
¿Existen paradigmas muy marcados respecto a la educación técnica?
Creo que al menos dos paradigmas envuelven actualmente a la educación técnica en Chile. Uno de ellos es que es posible desarrollar y ejecutar programas de estudios desvinculados de la realidad de la empresa, lo que ha ido convirtiendo a la educación técnica en un lugar común, con oferta homogénea, inclinada a la teoría y sin una conexión temprana con el ambiente laboral. Como resultado de ello la oferta masiva se ha concentrado en carreras de aula, con pocos talleres y laboratorios, dictadas en horario vespertino, si formación dual. En nuestro CFT Finning hemos diseñado una oferta acotada no masiva, en horario laboral y diurno 100% vinculada al desempeño laboral. El otro paradigma es que la educación técnica sólo debe entregar competencias laborales específicas, olvidando que la educación es formación para la vida, donde se deben inculcar valores y responsabilidad, y no sólo el saber hacer. Nuestros programas son dictados con foco en la formación ética y valórica de nuestros alumnos, no sólo para que sean buenos profesionales técnicos, sino más importante aún, para que sean buenas personas, que aporten a la sociedad.
¿Por qué los centros de formación técnica pocas veces son considerados dentro de las discusiones sobre educación superior?
Creo que el motivo de que los Centros de Formación Técnica estén habitualmente fuera de la discusión de políticas públicas en Chile obedece fundamentalmente a dos motivos. El primero de ellos es que el Sistema de Educación Superior de Chile es bastante desarticulado, donde los tres niveles de instituciones que participan en él (universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica) tienen poca interacción, sin mucha homologación de estudios ni créditos transferibles, lo que hace que la discusión se concentre en el nivel más avanzado, las universidades. El segundo es que nuestra sociedad valora mucho los estudios universitarios como vehículo de movilidad social, donde las familias consideran de mayor estatus que sus hijos obtengan título universitario, por sobre el técnico, muchas veces sin darse cuenta que los niveles de bienestar económico que se alcanzan con el técnico, pueden superar los retornos de un título universitario masivo.
¿Manejan estadísticas sobre la cantidad de jóvenes que opta por un instituto o centro de formación?
En Chile el ingreso a las universidades está mayoritariamente regulado por la Prueba de Selección Universitaria (PSU), cuyos contenidos muchas veces no alcanzan a ser cubiertos por las escuelas y liceos públicos municipales. Con ello el 60% de los graduados de enseñanza media pública no logra alcanzar los 475 PSU necesarios para acceder a una universidad. A partir de ello, los estudiantes y sus familias comienzan a optar por estudios en Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica, ya que estos no requieren tener puntaje PSU, ni haberla rendido, para acceder a sus carreras. Esto en parte explica que a pesar de la alta valoración social de las universidades, las familias más vulnerables deben optar porque sus hijos cursen estudios técnicos en IP y CFT.
¿Por qué cree que mayoritariamente los jóvenes prefieren carreras técnicas?
Los jóvenes, cada vez más, optan, en su mayoría por carreras técnicas, además de la restricción de acceso PSU a las universidades descrita en el punto anterior, porque se han dado cuenta de que pueden acceder a buenos empleos, bien remunerados con estudios técnicos, muchas veces mejor pagados que al tener un título universitario masivo. También porque los estudios técnicos duran la mitad o menos que lo que demora un título universitario, por lo que el gasto involucrado es menor, y porque pueden acceder antes al mundo laboral. Otra razón obedece a que se han percatado que es posible, vía continuidad de estudios, optar primero por un título técnico de dos años en un CFT, para luego trabajar y estudiar en un IP para graduarse de Ingeniero de Ejecución con dos ó tres años más, para finalmente obtener una licenciatura o título universitario, un MBA o Máster, es decir que hoy es viable comenzar desde lo técnico para terminar en el postgrado, a punta de esfuerzo y meritocracia.
¿Cuál es el perfil de los estudiantes de este tipo de instituciones?
Los estudiantes de los centros de formación técnica (CFT) suelen ser los egresados de liceos públicos municipales, muchos de ellos de la enseñanza media técnico profesional, en su gran mayoría provenientes de la familias más vulnerables de nuestro país, con edades que fluctúan entre los dieciocho y los veintitrés años, y que muchas veces deben estudiar y trabajar al mismo tiempo, tanto para aportar con ingresos a sus familias, como también para pagar las matrículas y aranceles que significan sus estudios técnicos.
¿Estos centros o institutos reciben beneficios del Estado?
Sí, algunos alumnos matriculados en los CFT, que provengan de los segmentos socioeconómicos de menores ingresos, pueden optar a la beca “Nuevo Milenio” otorgada por el Ministerio de Educación, la que requiere de ciertas condiciones. Por ejemplo: Que el CFT o IP esté acreditado (son pocos los CFT en esta condición) y que sus notas de enseñanza media superen un promedio de 5,0, lo que también reduce las opciones de acceso. En caso de cumplir, el Estado les otorga una beca de hasta seiscientos mil pesos anuales o sesenta mil mensuales para cubrir arancel y matrícula, en circunstancia que, en general, los valores reales duplican o triplican ese valor. Por lo cual, si bien la beca existe, no es una solución para la mayoría de las familias vulnerables que acceden a CFT e IP.
¿Qué significa la “gratuidad con fin de lucro”?
Como compañía hemos determinado ofrecer las carreras de nuestro centro de manera completamente gratuita, tanto en su sede de Antofagasta como de Santiago, por lo que nuestros alumnos no deberán pagar ni aranceles ni matrículas para obtener sus títulos técnicos de nivel superior durante sus dos años de estudio, con validez y reconocidos por el Ministerio de Educación. Sin embargo, dado que nuestro CFT es una empresa integrante del grupo de empresas de Finning, es una institución con fines de lucro. De ahí nace nuestro concepto de “Gratuidad con Fin de Lucro”. Para Finning el beneficio económico de otorgar gratuidad a sus alumnos no se obtiene durante el proceso de enseñanza- aprendizaje mientras estudian en el CFT, sino que con posterioridad al egreso, cuándo pasan a ser técnicos de nuestra empresa, cumpliendo sus labores con alta productividad, gracias a los conocimientos y habilidades adquiridos en sus estudios previos.
¿Significa que gracias a estos centros las empresas generan más ingresos?
Exactamente, el beneficio de la educación es un retorno de largo plazo, tanto para el graduado como para las organizaciones que cuentan con el servicio y trabajo de esos graduados. Una persona que recibe una formación de excelencia, comete menos errores, reduce costos, genera mayores ingresos, contribuye a un mejor clima laboral, entre otros beneficios tangibles e intangibles, por lo cual si esa persona estudia con gratuidad, y luego trabaja por años en nuestra empresa, la inversión que hacemos en ella se recupera con creces.
¿Pueden otros sectores productivos sumarse a iniciativas como esta?
En nuestro caso, abarcamos diversos sectores productivos y por ello nuestros técnicos se desempeñan en múltiples sectores industriales, los que son tan variados como nuestros clientes, y ubicados a lo largo de Sudamérica, en Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay. Dado que disponemos de capacidad instalada para ampliar la matrícula de nuestro CFT, estamos conversando con diversas empresas clientes para que, desde 2017, podamos ampliar el número de alumnos becados que al momento de egresar no sólo trabajen con nosotros, sino paulatinamente también con nuestros clientes. De esta manera la gran minería, así como cualquier empresa de otros sectores industriales pueden colaborar con becas, para otorgar gratuidad con fin de lucro.
¿Han expandido su conocimiento a otras entidades?
Hace pocas semanas firmamos un importante acuerdo de cooperación con la Universidad de Talca para apoyarlos en la implementación de su nuevo centro de formación técnica que estará radicado en Linares, y que iniciaría sus operaciones en marzo de 2017. La iniciativa obedece a la necesidad de anticiparnos a la preparación de futuro personal calificado en una mayor diversidad geográfica, para ocuparnos no sólo de la zona minera, sino también del área que abastece servicios para otras industrias, como Construcción, Forestal, Energía, etc. cuya concentración geográfica se asocia en mayor medida a la zona centro sur.
¿En qué países ha funcionado? ¿Cómo opera?
Los programas de estudios aplicados son globales, desarrollados por Caterpillar y ejecutados de manera muy similar por diversos centros de estudios superiores técnicos a lo largo del mundo, con el nombre de “ThinkBig” o Piensa en Grande. Por ello pertenecemos a una red global con sedes en América, Europa, Asia, entre otros, con quienes compartimos experiencias de intercambio y mejores prácticas, para el mejoramiento continuo de los programas. Dado que Finning es una empresa multinacional de servicios, con actividad en Canadá, Inglaterra y en todos los países de Sudamérica ya mencionados, a nuestro CFT pueden ingresar alumnos de cualquier nacionalidad, raza, religión o género. Nuestras políticas de inclusión incentivan la participación de todos los sectores en nuestras empresas, y es así como en el centro de formación técnica de Antofagasta contamos con alumnos de diversas nacionalidades, hombres y mujeres.
"Los estudios técnicos duran la mitad o menos que lo que demora un título universitario, por lo que el gasto involucrado es menor, y permite acceder antes al mundo laboral”.