De sus manos surgen desde pequeñas mariposas y flores que se prenden en las solapas, hasta sombreros y abrigos llenos de estilo. Como muchas mujeres, buscaba una fórmula para lograr el equilibrio entre el desarrollo personal, una fuente de ingresos y lo más importante de todo: su familia. Así encontró en su camino el vellón, que hoy por hoy trabaja con esmero, buscando siempre un sello que la diferencie.
Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Aprendió su técnica viendo videos en ruso. “Es que cuando uno quiere aprender, va buscando información por todos lados”, nos dice Maritza Fuenzalida Cortés, fieltrista, sobre su desarrollo en la técnica del vellón. A través del ensayo y error sus productos fueron adquiriendo características únicas.
Con dos hijos, de diecisiete y cinco años, su principal incentivo es que a través de esta técnica puede compartir su tiempo entre trabajo y familia.
“La verdad es que siempre he sido bien busquilla y las manualidades se me dan fácilmente. Cuando nació Vicente, mi hijo menor, opté por explotar esta habilidad y luego de intentar con varias técnicas, me encontré con el fieltro, que es la técnica que se trabaja con el pelo de la oveja y que antes era desechado porque no servía para hilarlo”, explica.
Y antes de dedicarte a la venta de tus productos ¿hacías manualidades?
Siempre. Lo que creaba lo regalaba a la familia y los amigos, hasta que me surgió la idea de vender algunos productos, sobre todo cosas pequeñas. En ese andar, me encontré con la agrupación “NuevoArte” que buscaba potenciar la creatividad y el trabajo artesanal, mediante la organización de Ferias de Diseño. Ellas contactaron a varias tiendas virtuales y nos organizamos bajo un formato que nos tiene muy felices a todas.
ARCOIRIS
Su marca registrada son los colores. Todo lleno de energía, basado en que las buenas vibras se contagian por la vista. “Nunca he sido de colores oscuros y aunque el vellón o fieltro son especiales en este sentido, a mí me gusta el desafío de crear desde muñequitas hasta prendas de vestir que iluminen los espacios en que están”.
¿Cómo aprendiste?
Buscando por internet, descubrí que en YouTube existen muchos tutoriales rusos que son buenísimos. No entiendo nada de lo que hablan, pero voy aprendiendo la manera de tratar el material.
¿Cuál es tu mayor preocupación?
Que las fibras sean naturales. Para lograr una pieza realmente profesional, lo que se requiere es utilizar fibras sustentables, fibra de plátano, fibra de leche, seda natural. En el mundo hay muchos estudios para obtener textiles de materiales que uno ni se imagina, lo que hace que cada día los químicos de las telas provoquen más y más alergias. Por eso busco volver a lo natural.
¡No debe ser para nada fácil encontrar esos materiales!
En realidad, al principio fue un poco difícil, pero más que por las técnicas, por los costos que involucra. Es tan complicado y caro comprar esos materiales, más el trabajo que implica, que cuesta vender esas piezas. Y como hasta hace un tiempo era una técnica un poco desconocida, menos la valoraban. Hoy ya se entiende que lo artesanal involucra mucho esfuerzo y por eso quizás no todos pueden acceder a una prenda fabricada a mano.
LA TÉCNICA
Hasta hace unos años, Maritza realizaba talleres, donde compartía sus conocimientos con quienes quisieran aprender, aunque reconoce que no es algo fácil porque para lograr un trabajo con fieltro, se requiere paciencia, dedicación… y más paciencia.
Si habías trabajado en otras técnicas ¿por qué elegiste el vellón? Cuando vi los primeros trabajos en fieltro, me encantó. El olor de la lana me transporta a mi infancia, a mis recuerdos… alucino con ese aroma a “abrigadito” que tiene la lana. En Antofagasta no había dónde encontrar lanas naturales en ese tiempo, así es que encargué por todos lados, hasta que por fin pude empezar.
¿Echando a perder se aprende?
Algo así. Compré una aguja de fieltro y fui pinchando la lana hasta sacar las hebras que me permitían moldear. Primero fueron flores, prendedores, aritos. Después fui leyendo, viendo videos, intruseando hasta que descubrí cómo trabajar el fieltro húmedo, que es la técnica con la que se hacen los abrigos, las carteras, los sombreros y las piezas de decoración.
¿Cómo te ha resultado lo de la ropa?
Son trabajos bien agotadores, pero maravillosos. Cada prenda es única porque el diseño también lo hago yo.
¿Cuánto te demoras en un abrigo?
Entre una semana y diez días más o menos… ¡Diez días!
Es que la pieza de fieltro no lleva costuras, se amasa. Hay que montar las lanas, agua caliente, jabón y empezar a amasar, todo con moldes planos. Se hace por ambos lados y uno le va dando la forma. Es un trabajo laborioso, pero el resultado es bello. Además es impermeable, aislante de calor y frío.
¿Cómo te proyectas?
Creo que seguiré buscando las potencialidades del fieltro. Una emprendedora de Punta Arenas me tiñe las lanas con colores exclusivos, así es que ese detalle diferenciador me incentiva a seguir creando piezas originales, mezclar vellón con crochet, que solo tejo con algodón. La idea es no aburrirme ni aburrir
"Seguiré buscando las potencialidades del fieltro. Quizás mezclar vellón con crochet, que actualmente solo tejo con algodón… La idea es no aburrirme ni aburrir”.