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EDICIÓN | Noviembre 2011
Johnny Hartman

Sello: Hip-O<br /> 1998

Sí, ya esta aquí y todos sabemos los maravillosos e inefables estragos que causa. La primavera es así. Siempre nos abre los ojos y nos vuelve más receptivos, ¡a todo!... a la luz que recorta una figura, a las fragancias de la naturaleza, a la textura de cuanto nos rodea, a los sabores y sonidos de las cosas. Pero si la primavera es capaz de todo eso, enamorarse en primavera ya lo desbanca todo... es la exacerbación de nuestros sentidos, la transformación total de nuestra humana y personal realidad... la misma que hace, por ejemplo, que los enamorados vayan y vuelvan de la Luna o canten simplemente de felicidad. Pero a la música -en verdad- le cabe un papel mucho más significativo que el de mero intérprete de esos "estados alterados de conciencia" con los que se identifica, normalmente, el caer rendido ante quien se ama. Y en este arte, el gran Johnny Hartman tiene mucho de qué responder...

Johnny Hartmann -hay que decirlo- hizo siempre su propia carrera. Aprendió y se codeó con muchos grandes del jazz norteamericano, desde Earl Hines, pasando por Errol Garner y Dizzy Gillespie y el insuperable John Coltrane. No obstante, Hartman fue siempre considerado una especie de lobo solitario en la extensa estepa del jazz. Se asoció, especialmente con Coltrane, cuando ello le convino y lo hizo bien. Si bien no alcanzó una fama deslumbrante y glamorosa como otros de la época dorada, sí tuvo el notable reconocimiento profesional de sus pares y una carrera dignísima y continua, no poco para su época, y que abarcó hitos como Songs from the Heart, en 1955; Impulse (con John Coltrane) en 1963; Hartmann meets Hino, en 1972, y particularmente Once in every Life, en 1980. La colección que comentamos y que reúne sus grandes hits es un imperdible del blues y las baladas románticas. La voz grave y a la vez tan delicada de Hartman tiene un poderoso efecto balsámico, sino derechamente erótico, que hará sucumbir, o al menos tambalear, al más estoico escucha... un elixir de todo aquello a lo que invita el amor y la primavera, en clave de jazz.

Y es que la música no solo interpreta, sino que -más veces de las que uno estaría dispuesto a admitir- crea o induce el romántico estado. So, are you in the mood for love? ¡No hay problema! Ríndase (y asegúrese hacer capitular también a su pareja) a la voz de un cantante de jazz que -como la de pocos- tiene el poder de invocar al caprichoso y rubicundo querubín de los ojos vendados, el arco y el carcaj.

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