Lleva el diseño en la sangre. Fue su abuela y su marca Marion Manieu las que marcaron de cierta forma su estilo de vida. Sus juegos infantiles tenían que ver con pintar, bordar y tejer y fue justamente ese gusto por las manualidades, y el negocio familiar, lo que más tarde gatilló en su emprendimiento Mi Petit. A la fecha, y en menos de dos años, ha confeccionado más de dos mil vestidos infantiles.
Por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.
Beatriz Frías (26) es una talentosa mujer, segunda de cinco hermanos, Al igual que su madre, nació escuchando el sonido de esa máquina de coser y combinando colores y texturas. “Yo era la modelo de todos los modelos que mi mamá y mi abuela hacían”.
Pese a que ese talento era innato en ella, Beatriz decidió probar algo diferente y, en lugar de estudiar diseño o algo relacionado con arte como todos esperaban, decidió apostar por Ciencias de la Familia en Santiago. Mientras estaba en la universidad conoció a su marido, Benjamín Gómez, un talquino que, en esa época, era alumno de la carrera de Arquitectura.
Pololearon tres años y decidieron casarse y hacer su vida en Talca, para hacerse cargo de la empresa familiar de su marido, la Constructora Quivolgo. A Beatriz no le gustaba la idea de encerrarse en una oficina con horario fijo, pues quería tener tiempo para formar familia. Entonces se le ocurrió retomar la línea de vestidos infantiles que Marion Manieu tenía y había dejado de producir.
Su abuela le regaló muchas telas que habían quedado de aquella época y que habían sido diseñadas por su madre. A la vez, su mamá compartió con ella los moldes de esos vestidos. El negocio fue tomando fuerza y decidió llamarlo Mi Petit, creando su marca propia, que reúne todo lo clásico, pero con un toque de modernidad.
“Marion Manieu era súper conocida en la región, y pensé que sería bonito retomar esa línea de vestidos. Imagínate que trabajo con las mismas costureras, el mismo contador, los mismos moldes, entonces fue muy fácil comenzar”.
¿Cómo se te ocurrió el nombre Mi Petit?
Mi abuela es francesa, así que quise hacerle honor a ella. Además, estudié en la Alianza Francesa de Curicó, me encanta el francés, tengo mucha familia allá.
LA NUEVA LÍNEA
Beatriz comenzó confeccionando vestidos y chalecos para niñas de forma paralela. Ella se encarga de diseñar los modelos y su equipo de trabajo, de fabricar las diferentes tallas. Además, se preocupa derealizar todas las terminaciones, los bordados y pegar botones, con la ayuda ocasional de su marido Benjamín. Una cosa es tener los moldes y otra es adaptarlos a los nuevos tiempos
¿Cómo fue eso?
Trato de buscar colores clásicos tradicionales, pero con un bordado más moderno o al revés, e ir jugando con los géneros. Mantengo la línea clásicotradicional, que les gusta a las abuelas, pero también los diseños integran colores fuertes, para un toque más veraniego.
¿Y las telas?
Tuve la suerte de que mi abuela me pasara muchas telas que fueron diseñadas por mi mamá, para que pudiera comenzar con esto. Hoy las traigo de Argentina y España.
¿Cómo ha sido descubrir este mundo del diseño de ropa infantil?
Cuando diseñas para guaguas hay todo un mundo detrás, que he ido descubriendo de a poco. Mi mamá me ha ayudado un montón, ha sido una gran consejera, me dice que lo más fácil es abrochar la ropa por atrás, por ejemplo.
¿Y los diseños?
Hay modelos que no pueden tener tanta modificación, los puedes agrandar, achicar, poner vuelos o sacar, pero no mucho más. Hay que evolucionar en lo clásico.
LA EMPRENDEDORA
Esta emprendedora comenzó a bordar desde muy pequeña; de hecho, con las primas hacían cojines y ropa, tradición que continúa, porque ella interviene su vestimenta y otras cosas. Nunca fue una niña inquieta, de hecho era muy despistada, pero siempre estaba haciendo cosas con las manos. Ese gusto por las manualidades la motivó a tomar clases de arte y de diseño como electivos en la universidad, además de clases de pátina: técnicas para trabajar la madera.
Esta es su otra pasión, pues dicta un taller de esta técnica a veintisiete alumnas, con las que trabaja dos días a la semana. El resto del tiempo lo divide entre su casa, el taller y los viajes.
¿Cuál es la mejor época?
El verano, en invierno hay más matrimonios o eventos especiales, y los chalecos se venden mucho. Además, vendo muchos delantales para las guaguas.
¿Qué es lo que más te gusta hacer?
¡Crear!
Su taller está en el segundo piso de la casa de su suegra, allí están todos sus vestidos, y sus modelos son sus sobrinas, a quienes les encanta probarse ropa y ser fotografiadas con esos diseños tan diversos.
Este año, en el invierno, y a petición de las clientas, sacó una línea de chalecos para niños, y lo que más vendió fueron los de guagua. Aún no ha desarrollado mucho esta línea, pero dice que si tiene un hijo lo hará.
“Quiero seguir creciendo, pero no mucho más, estoy feliz así. Me interesa estar constantemente vendiendo porque necesito mantener el trabajo de la gente que me colabora. Creo que esto no debe acabarse, mi abuela lo comenzó y me encantaría que mis hijas lo continuaran, pero mi sueño no es tener una cadena nacional.
Beatriz tiene su taller en el Loteo La Capilla 15 A, Camino a las Rastras, y en Curicó su centro de operaciones es en Camino a Zapallar Kilómetro 1,4, Magnolio 13.
Beatriz asegura que la ayuda de su padre, quien le inyectó recursos al proyecto, de su abuela, de su madre, de los suegros y de su marido han sido vitales en el éxito de la
marca”.