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Entrevistas

EDICIÓN | Diciembre 2015

Nutrir el alma

Sergio Recabarren, de Chile más Amable.
Nutrir el alma

Gente enojada en las calles, conductores furiosos que reaccionan con insultos y bocinazos. Mucho estrés y cansancio entre los chilenos. Eso es lo que busca combatir este movimiento ciudadano: partir por ser un poco más amables y así llegar a ser un poco más felices.

Por Mónica Stipicic H. / Fotografías Andrea Barceló A.

Es abogado, pero nunca le gustó ejercer su profesión. Sergio Recabarren es conductor del programa de CNN Chile En Equilibrio y director de la consultora People First, cuya labor es gestionar felicidad dentro de las empresas.

Ese parece ser su leit motiv. Lo suyo es la búsqueda, promoción y logro de la felicidad en los distintos ámbitos de la vida: personal, laboral, social y familiar. Por lo mismo, hace rato le venía preocupando lo que veía en la calle, las caras de la gente y el enfoque del día a día de los chilenos. El tema se tornó más urgente cuando supo que iba a ser abuelo; fue entonces cuando decidió que tenía que hacer algo para cambiar el país en que viviría su nieto.

“Por mi trabajo me toca viajar mucho e instalarme por varias semanas en otros países. Y cuando vuelvo la diferencia se nota apenas te bajas del avión: la cara que tiene la gente en la calle, la forma en que te atienden en un café, cómo manejan. Se me fue haciendo muy patente el contraste y me di cuenta de que tenemos un enfoque de la cotidianeidad muy complicado y que somos una sociedad cansada y estresada”.

Un sábado en la mañana, escribió un mail a cincuenta amigos, en el cual los invitaba a reflexionar y a participar, de alguna forma, en cambiar esto. La respuesta fue muy positiva y muchos de ellos se cuadraron para empezar a formar equipos de trabajo. Ese fue el inicio del movimiento Chile más Amable, en que hoy cada equipo funciona con un coordinador que trabaja junto a ellos en diagnósticos y prácticas en ámbitos que van desde el ser humano y la familia hasta la educación.

¿Por qué decidiste crear un movimiento?
Conversé con mucha gente. Los mexicanos, por ejemplo, viven en una sociedad muy colapsada, pero tienen un nivel de alegría increíble. Soy un fisgón social, entonces me dediqué a observar. Vi cómo, cuando zombies”. comprabas un bono para ir al médico, las propias secretarias se trataban mal entre ellas y, como consecuencia, trataban mal al paciente. Veo cómo en la calle la gente camina rumiando preocupaciones. No es menor que tengamos un cincuenta por ciento de licencias por problemas mentales, niveles altísimos de endeudamiento y que convivamos entre nosotros como verdaderos zombies, lo que sólo aumenta el grado de hostilidad. Estamos viviendo en piloto automático y necesitamos despertar y comenzar a relacionarnos de otra forma: dar la pasada en el auto, permitir que otro suba antes a la micro… cosas así de simples pueden hacer la diferencia.

¿Esta es una mala onda que tiene que ver con los tiempos o hemos sido siempre así?
Hay una cosa antropológica que tiene que ver con la mezcla, somos mitad mapuches y mitad españoles; dos pueblos jodidos, hoscos y medio pesimistas. Además, vivimos en una verdadera isla que durante doscientos años se contó todos los cuentos: que nuestro himno era el mejor del mundo, que nuestra bandera ganaba premios internacionales, que nuestro vino no tenía competencia… pero cuando se nos cayó el mundo encima caímos en un estado de estrés que se sumó a un modelo socioeconómico muy competitivo, en que te validas por lo que tienes y no por lo que eres.

Pero eso sería meritocracia pura. Acá al mismo tiempo hay que venir de cierta familia o haber estudiado en cierto colegio…
Y con eso le pones un pelo más a la sopa. Porque alguien puede tener plata, pero si viene de una familia humilde lo miran con desdén. En Chile, las dos preguntas claves son: ¿en qué colegio estudiaste? y ¿dónde veraneabas? Somos clasistas y eso sólo aumenta los niveles de desconfianza.

Da lata que la gente despotrique tanto contra su propio país… ¿no nos miramos más negativamente de lo necesario?
Eso también forma parte de la poca amabilidad. Si tampoco somos tan malos, sólo estamos mal enfocados. Si cambiamos el switch nos vamos a dar cuenta de que los chilenos somos personas muy lindas y buenas.

CARTA DE RUTA

“Nuestro primer objetivo es la toma de conciencia, que la gente entienda que estamos generando relaciones de mala calidad. Después de eso nos gustaría entregar una especie de kit básico para el ciudadano amable, de conductas fundamentales, transversales y después sectoriales, para profesores, alumnos, profesionales de la salud, padres o hijos. Es una invitación a hacer las cosas de manera distinta y la recepción ha sido increíble, ya tenemos miles de inscritos y se ha formado una verdadera bola de nieve”.

¿Qué herramientas están usando para hacer el diagnóstico y proponer las soluciones?
Tenemos un equipo de trabajo recolectando información y también hemos iniciado una campaña para que la gente participe y nos dé sus recetas; queremos llegar a un millón de soluciones dadas por la gente común y corriente, que después nosotros sistematizaremos e interpretaremos. Nos gustaría mucho invitar a trabajar a universidades, porque creemos que podemos ser una muy buena base, por ejemplo, para la creación de políticas públicas.

¿Todo esto lo financias tú?
Sí, con la ayuda del grupo de fundadores. Nos gustaría hacer alianzas, pero todavía no podemos porque sólo somos un movimiento, sin personalidad jurídica. Pero la idea es convertirnos en fundación o en ONG, estamos evaluando la mejor fórmula.

¿Existen referentes internacionales que hayan hecho cosas parecidas?
Más que nada campañas. Pero nosotros somos más que eso, nuestra idea va por la transformación cultural. Hemos movilizado a harta gente, me escriben todo el tiempo para sumarse y ofrecerme representación en regiones.

¿Es posible hacer el cambio desde abajo, desde la gente común y corriente?
Si uno cree que para tener un Chile más amable es necesario que todos los problemas estructurales estén resueltos, no vamos a avanzar nunca. No vamos a tener un país perfecto, siempre va a haber problemas, pero las dos horas que pasas arriba del Transantiago pueden aprovecharse despotricando contra el sistema o aprendiendo inglés… no se puede pretender crear un Ministerio de la Amabilidad para que las cosas funcionen. Lo que tiene que pasar después de eso es que los programas educativos lo recojan y empiecen a formar a los niños en estos principios.

Uno escucha hoy, mucho más que hace veinte años, el ‘yo quiero que mis hijos sean felices’, ¿eso no significa que hay conciencia?
Eso implica que hay un terreno más fértil para trabajar. Probablemente, hace veinte años no me habría pescado nadie… el tema está instalado, pero hay que llevarlo más allá del discurso.

¿Cómos se ‘bajan’ conceptos tan intangibles como felicidad o amabilidad?
Es posible en la medida que definas qué es lo que entiendes por felicidad. Hay definiciones desde Aristóteles hasta Wikipedia, pero hoy casi todos concuerdan en que la felicidad tiene que ver con la creación de vínculos de calidad entre seres humanos. Es decir, vamos a ser un país más feliz en la medida que tengamos una serie de cosas objetivas, como acceso a bienes y servicios básicos, pero también cuando tengamos buenos vínculos, porque está demostrado que las personas que tienen buenas relaciones y al menos tres experiencias positivas en el día son mucho más felices. Pero Chile más Amable todavía no aspira a ser Chile más Feliz, es demasiado romántico para el estado en que nos encontramos hoy, por eso partimos con la amabilidad.

¿Ser más felices pasa por atreverse a cambiar?
Totalmente. Y cuestionarte y tomar decisiones. Preguntarse si uno es feliz en lo que hace, en los distintos planos de la vida. Lo que tenemos que hacer es una campaña para la desnutrición del alma. Tenemos un alma linda pero hemos dejado de alimentarla. Cuando uno está en un taco tiene que sentirse agradecido de tener auto, poner buena música y tratar de darle la pasada al otro… a nadie le favorece andar indignado y los bocinazos no disuelven a los otros autos.

 

"Si uno cree que para tener un Chile más amable es necesario que todos los problemas estructurales estén resueltos, no vamos a avanzar nunca. No vamos a tener un país perfecto”.

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