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Entrevistas

EDICIÓN | Diciembre 2015

La Moderadora

Cony Stipicic, periodista de radio y televisión.
La Moderadora

Llegó a la radio en el momento justo en que se transformó en el mejor espacio para el debate y la discusión noticiosa. Y así fue consolidando su carrera: del reporteo pasó al análisis de política y actualidad. Conocida por su voz en Radio Duna, hace sólo algunas semanas muchos de sus seguidores pudieron conocerla finalmente, como parte de Alerta temprana,el nuevo programa de conversación del domingo en la noche.

Por Mónica Stipicic H. / Fotografías Andrea Barceló A.

Hay un término gringo perfecto para comenzar esta entrevista: Disclaimer. Y eso es exactamente lo que tengo que hacer. Aclaro, antes de seguir, que la Cony es mi hermana. Y no cualquier hermana. De esas con una relación medio simbiótica. Amigas, consejeras y dependientes, cualquier dejo de objetividad en este relato es completamente imposible.

Dicho esto, también puedo comentar que ella se resiste a las entrevistas. Aunque lleva quince años como conductora de Radio Duna, liderando uno de los programas más escuchados del dial —Duna en Punto—, haciendo noticias al mediodía, acompañando a Nicolás Vergara en Hablemos en Off y desde hace algunas semanas como panelista y moderadora del nuevo programa de actualidad Alerta temprana en Vía X, le carga hablar de ella misma. ¿Por qué? “Porque no creo que uno sea tema. Así de simple”.

Por lo mismo, tuve que obligarla a que hablara conmigo. En una dinámica propia de hermanas, no le dejé mucha posibilidad de pataleo. Y creo que, sin darse demasiada cuenta, aceptó conversar. Pero estoy segura de que se arrepintió casi de inmediato.

Para quienes no lo saben, esta periodista no se formó a punta de vocación. Antes de entrar a la Universidad Diego Portales a estudiar la carrera, pasó por las aulas de Enfermería e Ingeniería Comercial. Bastante perdida, terminó eligiendo casi por descarte y con un gran porcentaje de suerte una profesión que la cautivó desde el primer día y en la que fue descubriendo rápidamente sus talentos.

Siempre pensó en hacer periodismo escrito. Trabajó en El Mercurio, La Tercera y Revista Caras. Lo suyo era el reporteo en terreno, estar donde las papas queman y buscar grandes golpes, como aquella vez que entrevistó a Manuel Contreras en Punta Peuco o cuando el entonces ministro de Obras Públicas, Carlos Cruz, le confidenció la existencia de sobresueldos.

La radio siempre estuvo cerca de nuestra familia. Crecimos con un papá locutor que, además, era la voz de continuidad de la Duna desde sus inicios. Por eso, cuando la llamaron para conducir un programa hubo algo de sorpresa, pero tampoco se trataba de un espacio tan desconocido para ella. Partió como panelista y, de a poco, fue haciéndose un espacio en la radio, empezó a ser conocida como “voztro” y terminó con dedicación casi exclusiva al dial. Por mi parte, pasé a responder varias veces al día a quienes me preguntaban si éramos familia, muchas de las cuales, además, tuve que desenfundar el celular y mostrar alguna foto de ella, ante la insistencia de sus seguidores de “ponerle cara”.

“Cuando llegué a la radio me encontré con un micrófono que me cautivó. Con espacio y libertad para elaborar, con un equipo que me enseñó que al otro lado del cable había gente oyendo y que mi trabajo era hablarle a ellos. Entendí al poco rato por qué los que hacen radio se enamoran del medio”, dice.

BIENVENIDO EL DEBATE

Si hay algo que le carga es que le digan Constanza. Porque su nombre es Cony. Así no más. Una rareza, puede ser, pero también su sello de identidad.

La Cony es mamá de, a estas alturas, de dos hombres. Mal que mal, sus hijos tienen dieciocho y veinte años. Muy amiga de sus amigos y adicta al chocolate, es de las que no se sirve postre, pero cucharea la fuente hasta que se termina.

Trata de escaparse todos los fines de semana a su casa en Caleu, lugar donde es realmente feliz plantando, cosechando de su huerta y leyendo bajo el sol. Llevada de sus ideas, nadie que la conozca un poco se sorprende de que sea parte de programas de conversaciones y debates. Y menos aún que sea quien los modera.

La radio parece ser uno de los pocos espacios de debate y reflexión política y de actualidad, fenómeno que coincide con el tiempo que tú llevas ahí, ¿cómo sientes que aportaste a eso?
Tuve la suerte de llegar a la primera radio que entendió que ahí había una necesidad, y que pese al tiempo, la competencia y la “copia”, nunca cedió a la tentación de hacer algo distinto. La Duna se instaló con solidez y liderazgo a jugar en la cancha de la influencia.

¿Cuáles son las claves de una radio que mezcla actualidad y música y que se ha posicionado muy bien?
Nunca perderse en quién es su público, esa es la clave de Duna.

La tuya es una radio bien ABC1, ¿crees que el debate es exclusivo de los grupos más altos?
No lo creo. Y tampoco creo que Duna responda sólo a ese segmento. Es una radio de gente que quiere entender, que quiere formarse una opinión, que busca apertura de mate. Esas personas no sólo están en los segmentos de altos ingresos, también hay universitarios, académicos y profesionales que están partiendo.

¿Estás haciendo el periodismo que siempre quisiste hacer?
Nunca imaginé que lo mío sería la radio o el formato de programas de conversación y análisis. Me gustaba —y me sigue gustando— reportear, buscar, catetear... Siempre creí que lo mío sería el periodismo escrito. Y fue este el que finalmente me llevó al micrófono.

¿Cómo manejas el límite entre ser periodista y transformarse en figura pública?
Tengo la suerte de que la radio te regala anonimato de cara; no eres reconocible. En ese sentido, no sufro de los males de muchos amigos “rostros” que sí lo son, y me encanta que sea así. Ahora, si hubiese optado por una carrera en televisión, creo que simplemente se trata de jugar con humildad y sin creerse el cuento, como muchos lo hacen.

Con el tiempo también se van creando lazos con otros colegas, con fuentes, con políticos y empresarios, todos miembros de una sociedad que se mueve muy rápido y que mañana pueden ser noticia. ¿Cómo se maneja eso?
Marcando las distancias necesarias, y transparentado en caso de que alguna vez se cruce la frontera.

VUELTA A LA PANTALLA

Su primera incursión televisiva fue hace más de diez años, en el programa En pauta de TVN. Desde entonces volvió a “guardarse” en el locutorio, escribió para diarios y revistas, tuvo un sitio web con un grupo de amigos y le hizo el quite a las posibilidades que se le aparecían en pantalla.

Pero hace algunas semanas decidió que era el momento de dejar su zona de confort y ponerle un poco de condimento al día a día. Y aceptó sumarse al proyecto Alerta temprana, un espacio de conversación y debate político que se transmite todos los domingos en la noche a través del canal de cable VíaX, bajo el mando de Jaime de Aguirre. En el espacio actúa de moderadora de un panel que completan Patricio Fernández, Luis Larraín y Agustín Squella y donde, además de debate, invitan a un personaje contingente cada capítulo.

¿Cómo te has tomado esta segunda aventura televisiva y cuáles son tus desafíos?
Me lo tomo con muchas ganas, porque es un formato que me acomoda, porque hay un equipo que me entusiasma, porque siento el aval que da una figura como la de Jaime de Aguirre, y porque puedo hacerlo sin dejar de estar en la radio, que es mi gran pasión. Es un desafío, obviamente, pero sin ansiedad. Más bien con ganas de pasarlo bien y hacerlo lo mejor posible.

¿Se sienten el reemplazo de Tolerancia cero?
Este programa llegó para intentar llenar un vacío que se originó, evidentemente, tras la salida de pantalla de Tolerancia Cero. Eso es así. También es cierto que no estamos inventado la rueda, y que los programas de análisis y conversación en televisión son todos más o menos parecidos. Haremos nuestro mejor esfuerzo por ser nosotros... y creo que algo se ha logrado después de los primeros capítulos.

¿Por qué te pareció atractivo trabajar con Jaime de Aguirre?
No creo que haya nadie que sepa más de televisión y de audiencias que él. ¡Cómo no va a ser atractivo trabajar con alguien así! Además, viene de vuelta, apuesta por la calidad y los contenidos, es jugado, sereno y afectuoso. Buena combinación, ¿o no?

¿Cómo ha sido hasta ahora el trabajo con los demás panelistas?
A mí para trabajar me importa mucho “la onda”, y aquí hay de sobra. No voy a hablar de los talentos y de la capacidad intelectual de cada uno, porque están a la vista. Pero si tengo que destacar algo prefiero lo no tan obvio: son tipos adorables, preocupados del resto, pero también de aportar con algo que valga la pena y haga una diferencia. Despliegan su enorme capacidad intelectual con humildad y sentido común, y eso es algo que a mí me cautiva.

¿Te sientes cómoda en el cable o te gustaría hacer el upgrade a la TV abierta?
Me siento súper cómoda y en Vía X han sido muy acogedores, aparte de tener la visión de convocar a Jaime para abrirle el espacio a este programa. Eso se nota incluso en el ánimo de todos los que trabajan con nosotros. Y se agradece. Además, la cosa más segmentada, menos expuesta, me acomoda mucho.

¿Estás dispuesta a transformarte en rostro?
Estoy feliz así. El complemento entre la radio y un programa semanal como Alerta temprana son una fórmula perfecta para mí.

 

"Este programa llegó para intentar llenar un vacío que se originó, evidentemente, tras la salida de pantalla de Tolerancia Cero. Eso es así. También es cierto que no estamos inventado la rueda, y que los programas de análisis y conversación en televisión son todos más o menos parecidos”.

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