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EDICIÓN | Diciembre 2015

Una pareja de acero

Felipe Van de Wyngard y Pamela Tastets, triatletas.
Una pareja de acero

Nacieron con diez días de diferencia, se conocen hace más de veinte años, están casados, tienen un hijo y han hecho de la competencia en el Ironman de Pucón una tradición familiar. Una pareja singular en el mundo del alto rendimiento que ha demostrado que en el amor y el deporte, nada es imposible.

Por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.

Cuando Felipe Van De Wyngard habla de su carrera lo hace en plural. Cuando Pamela Tastets habla de la suya, hace lo mismo. “Vamos a dedicarnos a entrenar” o “vamos a enfrentarlo como familia”, son respuestas habituales en esta conversación.

Es la dinámica de una pareja que, aunque no se desempeña exactamente en la misma disciplina (Felipe practica triatlón de distancia olímpica y Pamela entrena Ironman 70.3), tiene un gran nivel de compromiso y trabajo en equipo.

“Tenemos la ventaja de que siempre podemos pasar los intermedios en la casa, almorzar juntos, adecuar nuestras comidas al entrenamiento”, dice Pamela, sentada junto a su marido en una banca del Parque Bicentenario en Vitacura.

¿Entrenan todos los días?
Felipe: De lunes a domingo, dos o tres sesiones al día. Depende de la etapa del año en que esté, pero normalmente uno corre todos los días, pedalea tres o cuatro veces a la semana y nada cinco o seis. Eso, además de la preparación física.

¿Y compiten juntos?
Pamela: Este año, si no me equivoco, coincidimos en tres carreras y ganamos al mismo tiempo en Valparaíso. Fue bien entretenido, porque los dos la incorporamos a última hora al calendario y nos fue súper bien.

También estuvieron en el Ironman de Pucón…
Felipe: Pucón es como una tradición para nosotros. Es lejos la carrera de triatlón más importante de Chile y un evento donde hay que estar.

EN EL AMOR

Tenían trece años cuando empezaron a pololear. Eran compañeros de equipo de natación en la Universidad Católica. “Terminamos un par de veces, las típicas peleas de cabro chico”, recuerda Felipe. Pamela lo interrumpe para decir que el problema fue que, en ese tiempo, él era más dedicado al deporte que ella. “Para mí la natación era un pasatiempo y para él lo era todo”, dice entre risas.

Y aunque no volvieron a pololear sino cuando eran adultos y estaban terminando sus carreras universitarias, reconocen que siempre se vieron.

“Hemos estado juntos prácticamente toda la vida”, resume Felipe. No habrá sido muy difícil la decisión de casarse… Felipe: Para nada. Cuando volvimos ya sabíamos que era para proyectarnos.

¿Por qué?
Pamela: Es que conversábamos todo el rato. Para mí era muy entretenido compartir el mismo mundo. No era la típica polola que decía “ay, qué lata que se va a juntar con los amigos y va a hablar todo el rato de lo mismo”. Todo lo contrario, creo que era la que empezaba el tema, y eso que ni pensaba en ponerme a correr.

¿Cuándo empezaste?
Pamela: Desde que él se cambio al triatlón me gustó mucho. No me convenció, pero obviamente me metió en el ambiente. Felipe: La Pame lo que tiene, y que lo ha tenido de siempre y hasta el día de hoy, es que es muy analítica y observadora de todo, entonces cuando estábamos pololeando yo iba a competir en una carrera y ella ya había visto todo lo que pasaba alrededor.

Era tu consejera…
Felipe: Ella sabía de natación porque había sido nadadora, pero de ciclismo y trote no tenía por qué saber. Sin embargo, miraba y decía ‘aquí pasó esto, aquí pasó lo otro’. Tenía todo súper claro. De consejera a polola. De polola a señora y luego a madre de su hijo Max, de dos años y siete meses.

¿Cómo es Max?
Pamela: Es un niño que hace todo al aire libre. De repente son las ocho de la tarde y empieza a gritar que quiere ir al patio, al patio, al patio. Y nosotros, cuando queremos apagarlo, le prendemos la tele… Es al revés.

Seguro será un gran deportista.
Felipe: Siempre nos preguntan cuándo empieza a correr. Nosotros decimos que lo vamos a incentivar a que haga un deporte, para que tenga una vida sana y disfrute. Si es triatlón, bienvenido sea. Y si es otra cosa, también.

¿Cómo ha sido ser deportistas de alto rendimiento y padres de familia?
Felipe: Dedicarse de manera profesional al deporte en Chile es difícil y nosotros nos hemos dado cuenta de que dedicarse en familia es, además, muy poco común. Hemos ido aprendiendo sobre la marcha.

¿Y qué han aprendido?
Felipe: Que tenemos que seguir haciendo lo que hacemos desde que pololeábamos, es decir, apoyarnos mucho, comentar cómo estuvo el día, qué vamos a hacer al otro día. Pamela: Nos dimos cuenta de que tenemos que ordenarnos, organizarnos de manera que nuestras carreras deportivas y nuestra familia sean compatibles. Hay que ponerse metas y, al mismo tiempo, sentarse, calmarse y re enfocarse para poder organizar todo y poder cumplirlas.

EN EL DEPORTE

La llegada de Max alteró la rutina de entrenamientos y competencias. Cuando apenas tenía un año pensaron que podían volver a la normalidad y hacer carreras, los dos al mismo tiempo, pero descubrieron que el costo era muy alto.

“Entrenar es un poco más fácil pero competir teniendo a cargo una guagua chica es difícil, además de todo el tema práctico. No tenía la cabeza ciento por ciento focalizada” dice Pamela, quien reconoce que en los últimos entrenamientos ha notado que se está encauzando mejor.

Felipe, en tanto, está en el proceso clasificatorio para las Olimpiadas de Río de Janeiro. En mayo de 2016 va saber si logró los puntos necesarios.

“Son cincuenta y cinco los cupos para todo el mundo y yo voy con buena chance, pero lógicamente me tiene que ir súper bien en las carreras que quedan”.

Para eso se plantea un 2016 lleno de competencias y entrenamientos muy intensivos. Y Pamela un tiempo para volver a competir y ser la misma que era antes de ser mamá. Pero sobre todo planean un año donde los dos estarán enfocados en la clasificación de Felipe a los Juegos Olímpicos, pues las carreras, sea quien sea quien las corra, en esta casa se viven de a dos.

“Es difícil, pero hemos logrado sacar adelante nuestras carreras y mantenerlas en el tiempo, a pesar de que el triatlón no es un deporte que genere ingresos como el tenis o el fútbol”. Por eso agradece contar, más allá del apoyo de la Federación y el Comité Olímpico, con los aportes de sus auspiciadores privados, que son Timex, Mitsubishi y Skechers. “Sin ellos, nada sería posible”, dice Pamela.

Felipe, ¿Qué es lo que más te gusta de Pamela como deportista?
Además de que es observadora y la mejor consejera posible, me gusta que hagamos los dos lo mismo. Me encanta verla haciendo lo que a mí me gusta. Como a mí me apasiona esto, me encanta que la apasione a ella.

¿Y a ti Pamela?
Cómo enfrenta los desafíos. Y que, independiente de cómo le vaya, no se rinde ni se amarga por una carrera y sabe levantarse fácilmente. O sea, más que fácilmente —porque nada es fácil— tiene disposición a que, pase lo que pase, hay que seguir adelante.

 

"Hemos logrado sacar adelante nuestras carreras y mantenerlas en el tiempo, a pesar de que el triatlón no es un deporte que genere ingresos como el tenis o el fútbol”, explica Pamela Tastets.

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