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Entrevistas

EDICIÓN | Diciembre 2015

Sinfonía y rock

Esteban Correa, compositor e intérprete regional.
Sinfonía y rock

Sus composiciones, mezcla entre sinfonía y rock, le han permitido estar presente a través de conciertos de orquestas y voces de solistas en los más importantes escenarios del país y de la región. Comparte su talento y nos invita a descubrir y explorar, con una manera singular y única de ver y transformar la realidad.

Por Pamela Tapia S. / fotografía Patricio Salfate T.

En la vida de Esteban nada hacía presagiar que la música se convertiría en una de las razones más importantes de su vida, pues nadie de su familia se dedicaba a aquello. Sus padres, ligados al ámbito de la salud, debieron asumir la veta artística de su hijo, aquella vocación que lo llevó a armarse de valor para tomar la decisión de hacer de la música su sentido de vida y fuente laboral.

De bajo perfil y más bien reservado, es reconocido por ser uno de los pocos, sino el único músico capaz de fusionar en sus composiciones un estilo docto con uno más moderno, sinergia que le permite sentirse completo musicalmente.

¿Cómo nace esta veta artística?
Mi primer acercamiento con la música fue fortuito. En la casa de mis abuelos maternos había, debajo del catre, una guitarra a muy mal traer. Yo tenía cinco años, entonces me metía debajo de la cama a tocar las cuerdas. Me llamaban la atención los sonidos, era una cosa muy mágica. Entonces, me surgió la necesidad de tener una guitarra. Un día descubrí que la botaron a la basura, lo cual incrementó en mí las ganas de tener una. Tuve que esperar hasta los once años para tener la propia.

¿Qué sucede luego?
Bueno, a partir de ese regalo, me doy cuenta de que mi papá sabía tocar guitarra, que tenía una relación con la música. Interpretaba unas zambas argentinas. Mi mamá, si bien no es músico, sí tiene mucho talento con la palabra. Creo que de ahí también recojo algo de ella. Con la guitarra empiezo a tener una relación mucho más de afecto y de piel.

¿Evidencias públicamente tu gusto por la música?
La verdad es que no. En el caso mío, siempre fue una relación bastante reservada, no tenía el apuro de mostrar mi talento a la gente. Tenía mi intimidad. Claro, mis amigos sabían que me gustaba la música, pero no así mi familia. Tenía cierto nivel de pudor. Creo que también soy compositor por tener ese resguardo, ese espacio que me permite tomar distancia de las cosas y verlas desde fuera.

DILEMA VOCACIONAL

Pese a haber nacido en Ovalle, gran parte de su infancia la vivió en Coquimbo. A los once años se traslada a la ciudad de La Serena. Cuando llega el momento de rendir, en aquel entonces, la Prueba de Aptitud Académica, y con resultado en mano, enfrenta uno de los dilemas quizás más complejos de su juventud, como es el decidir qué hacer por el resto de la vida.

Con talento de sobra y una multiplicidad de habilidades, Esteban ya tenía claro que lo suyo era la música. Sin embargo, a la hora de postular a la universidad, algo en él lo lleva a tomar una decisión contraria.

¿Qué te hace cambiar de opinión?
En el colegio me iba bien, nunca fui mateo pero tenía ciertos hábitos. Tomé la decisión en el momento más inoportuno. Tuve un conflicto con mi familia y decidí postergar la música. Entré a la carrera de arquitectura y duré un año y medio.

¿Cómo enfrentas a tu familia?
Con mi familia fue bastante complejo. Esperaban lo mejor de mí. Igual en Arquitectura aprendí muchas cocas, sobre todo el rigor, sin embargo, no estaba a gusto. Mi pasión era más grande y la verdad no me veía haciendo otra cosa. No estudiar música era como sinónimo de morir. Entonces, me vi obligado a plantearles nuevamente mi real vocación.

¿Tus padres te apoyan a partir de este episodio?
Ellos sabían que lo había intentado y que me había ido bien mientras permanecí en arquitectura. Sin embargo, la música realmente era lo mío.

Ahí me apoyan, pero más que nada en lo formal, en lo económico. De a poco fueron cambiando de parecer. Ahora me queda claro que los terminé de convencer y que están orgullosos de mí.

FORMACIÓN MUSICAL

Superado su ingreso a la universidad, comienza a estudiar Pedagogía en Música en la Universidad de La Serena. De su paso como estudiante universitario, dice guardar los mejores recuerdos, sobre todo en lo que respecta a la calidad humana de los compañeros.

Asegura haber conocido otra dimensión mientras estudiaba música, un sentido de lo humano y de la real solidaridad, que lo marcan como estudiante, y que hoy refleja en cada uno de sus trabajos.

¿Qué te sucede en tu tránsito de Arquitectura a Pedagogía en Música?
Estudiando Arquitectura me di cuenta de que a los estudiantes de música se les trataba distinto. Ser músico significa asumir ciertas precariedades. En pedagogía conocí otra dimensión que es la solidaridad; antes era muy soberbio, pero en pedagogía hay un sentido de lo humano muy distinto que para mí ha sido fundamental: amor por el otro. Después de eso participé de muchas instancias musicales y concreté muchos sueños, por ejemplo, hice música para teatro, jazz… lo que se me ocurría.

¿Te formaste de la mano con la práctica?
Creo que sí. Terminada la pedagogía, me fui a estudiar Licenciatura en Música en la Universidad Católica, con mención en composición. Nunca necesité un profesor que me dijera ¡compón!, sino que fue una necesidad muy intuitiva, muy natural. Muy mía. Pude dar pasos importantes y avanzar. Siendo estudiante empecé a participar en festivales; en definitiva, a ser parte del circuito, creando mis propias obras.

¿Cuándo te insertas laboralmente?
Cuando termino la licenciatura, realizo un Magíster en Arte en la Universidad Católica. Casi al finalizar me ofrecen la posibilidad de trabajar en la Universidad de La Serena, radicándome de manera definitiva el 2009.

COMPOSICIÓN DIVINA

Cada pieza musical creada por el artista es única y especial. Su trabajo como compositor sinfónico lo asemeja al de un oficinista, en conexión con un papel, en este caso con sus partituras. Sin embargo, también se llena de gozo con cada letra, con cada canción compuesta para su grupo de rock Trío Septiembre, que nace el año 2009 y que le permite tener esa composición más activa.

¿Cómo defines el ser compositor?
Componer es una manera de oír. Involucra todo acto creativo que tenga que ver con la música, es compartir con otro la manera cómo uno percibe la realidad.

¿Qué más te agrada, componer sinfonía o rock?
Me agrada tener ambas posibilidades. Un ser humano camina con dos pies. Si llevo esto a la música, esos dos pies son las posibilidades que tengo de expresión. Si estuviese solo en un ámbito, estaría ahogado.

¿En qué te inspiras?
Cada composición encierra distintas motivaciones, inspiraciones. Hay un rasgo que me llama mucho la atención, y es que el hecho de componer otorga al ser humano la posibilidad de transformar a través del oyente una realidad.

¿Te revolucionas a través de la música?
Creo que la música no se debe quedar en el panfleto, sino mostrar una alternativa, debe contribuir a ampliar la conciencia, para demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera.

¿Te sientes realizado musicalmente hablando?
Me siento un afortunado. Se da una reciprocidad respecto a lo que hago Me pasa que a veces estoy haciendo clases en la universidad, y de fondo escucho cómo los alumnos están practicando mis composiciones. Por otra parte, también me siento pleno con mis amigos de Trío Septiembre, ahí creo, canto y toco guitarra eléctrica. Hemos teloneado a Inti Illimani. Tengo una trayectoria que me avala, con más de una treintena de creaciones y montajes para orquesta, cámara e instrumento solista del país. Hago lo que me gusta. Su disco Semilla inadvertida (2012) ha recibido excelentes críticas en medios de distribución nacional. Sin embargo, su último trabajo ha sido el más bullado La pacificación de Chile, que es una composición fiel heredera de la tradición de la “cantata popular” de antaño, pero con enfoque novedoso, donde se funden voces, orquesta sinfónica y banda de rock.

Recientemente, tuvo el honor de ser nominado a los Premios Pulsar, creados en 2015 por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) de Chile para reconocer a lo mejor de la creación musical de ese país en el período de un año. No obtuvo el premio, sin embargo, espera ganarlo algún día.

 

Su último trabajo ha sido el más bullado La pacificación de Chile, que es una composición fiel heredera de la tradición de la “cantata popular” de antaño, pero con enfoque novedoso…

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