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EDICIÓN | Abril 2012

Hombres de letras

Patricio Maturana y Patricio Rojas
Hombres de letras

Son los rostros visibles de un gran equipo que organiza, por segundo año, la Feria Internacional del Libro Zicosur Antofagasta, Filzic. Uno cantautor y gestor cultural, el otro, ingeniero comercial y poeta. Ambos logran la ecuación necesaria para concretar un anhelado sueño: convertir a la ciudad en el principal polo de desarrollo editorial del cono sur. Nada mal ¿no?

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.

Alguien me dijo alguna vez que cualquier iniciativa productiva se dividía en capital estructural y capital intelectual, ingredientes imprescindibles para el éxito de toda iniciativa. Tomando esta premisa, podemos concluir que, en lo relativo a infraestructura, en el norte andamos bien: grandes inversiones, cifras de empleo envidiables y un crecimiento económico sostenido. Pero ¿cómo andamos en lo que a conocimiento se refiere?, ¿dónde se reúnen los pensadores y los artistas?, ¿cuándo la comunidad se encuentra en un espacio íntimo desde donde nazcan ideas que nos nutran el alma?
Quizás esas mismas preguntas fueron las que rondaron a Patricio Rojas y Patricio Maturana, impulsores de Filzic, “la” Feria Internacional del Libro Zicosur, organizada en Antofagasta, pero proyectada al mundo.

“Antofagasta está evidentemente relacionada al cobre, a la producción, pero es mucho más que eso”, argumenta Patricio Rojas. “Existen grandes referentes literarios que son de esta zona: Rivera Letelier, Skarmeta, el propio Jodorowsky, por nombrar algunos contemporáneos. Suma a Sabella, a Bahamondes y a quienes aún son desconocidos. Hay talento y mucho, pero cómo haces que esa persona diga voy a seguir creando si hay pocas oportunidades de sobrevivir de la literatura, la pintura o el teatro”.

Para Rojas “hay una deuda muy grande de la sociedad con los creadores, que son quienes le dan la humanidad a la sociedad. Todo se mide en términos de productividad y mientras ese tema se perpetúe, no podremos alcanzar un desarrollo real. Por eso decidimos hacer algo concreto y vamos a dar un paso, por lo menos, para la industria editorial. Tenemos un gran proyecto y un gran desafío hacia adelante y ojalá resulte tan bien como ha resultado la Filzic. Sabemos que hay que hacerlo, alguien lo tiene que hacer y decidimos asumir esa responsabilidad”.

Y con ese convencimiento, formaron la Agrupación Literaria y Cultural Filzic que, tal como se señala en su página web, está compuesta por miembros destacados del quehacer cultural local, tales como el escritor Hernán Rivera Letelier, embajador oficial de la feria; Sergio Gaytán, escritor y crítico literario, y Víctor Bórquez, escritor, periodista y crítico cinematográfico, además de un gran número de agrupaciones culturales, empresarios, profesores y gente de la más variada gama de actividades, cuyo objetivo común es lograr acercar la literatura a la gente, a los lectores. Quizás decenas de nombres se quedan en el tintero, pero cada uno aporta desde sus saberes, con el convencimiento de que este es un sueño posible.

Tan relevante es el objetivo como el proceso. No es fácil lograr que más de treinta mil personas se reúnan en torno a la creación literaria y, para ello, haremos un versus, un frente a frente, para entender todas las aristas de Filzic, el primer gran paso de una revolución cultural.

MATURANA

Patricio Maturana es un destacado cantautor y gestor cultural antofagastino. Dicen sus amigos que es como “pancito con huevo, porque está en todos los paseos”. Pero aunque suene divertido, muchos de los grandes hitos culturales ocurridos en las últimas dos décadas lo han tenido como protagonista.

¿Cuándo sentiste vocación musical?
La música me sedujo desde muy temprano. Yo no me daba cuenta, pero desde muy niño ya hacía melodías y las tarareaba en silencio. Ya más grande, participaba en cuanto evento existiera en el colegio y en ese sentido mi familia, compuesta por siete hermanos, siempre fue muy comprensiva con mis locuras. Yo no solo vivía en los escenarios, sino también en un taller que me armé en el patio, porque además de cantante, quise ser inventor. Era un poco la oveja negra de la familia, porque en vez de estudiar, vivía organizando actividades “extracurriculares”. El colegio, el San José, también potenció esta veta porque me permitió desarrollarme como gestor cultural, aunque por supuesto en ese tiempo no podía calificarlo con ese nombre.

¿Cómo así?
Es que yo daba mis ideas y me decían, “bueno… hágalo”. Y así, si queríamos hacer un festival de la voz, por ejemplo, teníamos que conseguirnos las luces, invitar a los participantes, hacer un programa. Esa experiencia, sin duda, marcó no solo mi vida, sino la de todos quienes pudimos disfrutar esa época. Mario Vernal, por ejemplo, mi amigo y director de Punahue, es otro botón de muestra de lo que se logra cuando a los jóvenes les dan los espacios.

¿Qué estudiaste al salir del colegio?
Diseño gráfico, en la Universidad de Chile, en su sede de Antofagasta. Ahí aprendí a gestionar en serio. Por eso, cuando llegué a Santiago a hacer mi práctica, me sentí capaz de asumir cualquier desafío que se pusiera por delante. Recién empezaba la Feria Internacional de Santiago, la famosa FISA, y sin pensarlo dos veces me ofrecí a construir el stand de la empresa en que estaba. Nunca más paré de diseñar ferias y exposiciones.

¿Cuándo volviste a Antofagasta?
En paralelo a mi desarrollo profesional formal, en Santiago yo estaba grabando, tenía un par de temas en la radio, pero tuve que salir del país. Era una época compleja y mi pareja era militante opositora. Nos fuimos a Bolivia por un tiempo y al volver, muchas puertas se cerraron. Tuve que buscar nuevos rumbos y volví al norte, donde junto a unos amigos creamos la primera empresa de turismo aventura. Fue toda una odisea, pero creo que dimos los primeros pasos de lo que ahora es una gran industria. Con esa experiencia me di cuenta de que con trabajo  es posible concretar ideas, por muy utópicas que parezcan.

Eres como mono porfiado…
Es que cuando uno tiene la certeza de estar aportando con algo concreto a la construcción de una mejor sociedad, no se puede decaer. Con Filzic hemos hecho una gran apuesta y en el camino también hemos tenido pérdidas y no solo económicas. Amigos y familia que creen que uno está loco por dedicar tanto tiempo y energía a algo que no se puede medir por rentabilidad económica. Pero en la vida he aprendido que para obtener grandes logros hay que hacer grandes sacrificios. Y no es que yo tenga espíritu de mártir ni mucho menos, pero tengo la convicción de que para lograr cambios reales, tiene que haber personas dispuestas a luchar por esos cambios. Como en muchos ámbitos, hacer cultura en serio es sin llorar.

Estás poniendo todas tus fichas en esta idea
Es que sabemos que tenemos un proyecto bien hecho, basado en la experiencia de años de trabajo con empresas de estándares internacionales, donde el concepto de ganar – ganar no es una frase cliché, sino que implica un verdadero intercambio de beneficios. Bajo esta lógica ganadora, nosotros ofrecemos un producto cultural, que dura doce días, que marca un hito en la ciudad y que, además, deja instalado un cambio conductual y un interés por la lectura que es multiplicador. Entonces, esperamos que las empresas comprendan que si quieren de verdad ser parte del desarrollo local y cumplir con su responsabilidad social, deben estar presentes y sumarse a este evento, donde se generan relaciones con su entorno, con interlocutores locales válidos. No le estamos pidiendo un favor a nadie, estamos dando un excelente servicio a través de un producto cultural integral y las compañías que nos apoyan están recibiendo también lo propio que es consolidar su vinculación con el medio como corresponde.

ROJAS

Patricio Rojas es ingeniero de profesión, poeta de vocación y gestor cultural por formación.

¿Cómo derivaste de la ingeniería comercial a la cultura?
Yo me especialicé en finanzas, pero nunca me imaginé en un trabajo tradicional. Desde la universidad, además de estar comprometido con el tema político, participé de muchos talleres literarios porque me gusta la poesía. Tuve la oportunidad de vivir un tiempo en Buenos Aires, donde escribía, escribía y escribía a pesar de que trabajaba en un tema estadístico duro. Sin darme cuenta, me involucré cada vez más con la creación formal. Incluso me publicaron varias cosas en Argentina, hasta que se terminó el trabajo y tuve que volver.

¿Cómo llegaste a Antofagasta?
Por trabajo. Estuve un tiempo en minería y luego ingresé de lleno al mundo del marketing. Trabajé en Coca Cola alrededor de diez años, donde aprendí de los mejores. Después estuve en el mundo público como asesor de gabinete, lo que también fue una gran escuela.

¿Y los proyectos culturales?
Cuando se terminó el trabajo en gobierno yo debía reinventarme. Contaba con opciones de trabajo, pero decidí que ese era el momento para cumplir mis sueños. Tenía treinta y nueve años, ya tenía un matrimonio roto, mi relación de pareja llevaba un año y medio. Si no era en ese momento, ¿cuándo?.

¿Dejaste todo por hacer proyectos?
Mi opción fue crear cosas. Y es que ya tenía una visión muy concreta sobre lo que quiero lograr: ideas claras y viabilidad. Ese fue el punto de partida. Surge la idea de hacer una gran feria, un hito que permaneciera de manera sustentable y lógica en el tiempo y que aportara al desarrollo de nuestra ciudad.

¿Buscan aportar a la calidad de vida de los antofagastinos?
Eso es. Tener más autos y más casas no basta porque ¿qué haces con esos autos y esas casas?, ¿cómo logras ser mejor persona con esas cosas? Para nosotros, Filzic no solo se trata de mostrar libros, sino además de dejar instalada la necesidad de una industria editorial, que además de publicar libros, encuentre talentos y logre comercializarlos.

¿Les da un poco de susto?
Confiamos en lo que hacemos, porque sabemos dónde vamos. Y con esa lógica fuimos a pedir apoyo al gobierno, al municipio y a diferentes empresas. Los primeros en apoyarnos fueron los encargados del Ferrocarril de Antofagasta, FCAB. Ellos, desde un primer momento, se comprometieron con la infraestructura y los costos de gestión, lo que sin duda nos ayudó a presentarnos de mejor forma ante otras empresas que entendieron que junto con apoyar una feria literaria, además potenciaran un completo modelo de negocios, donde nuestra misión es sustentar el desarrollo de la cultura literaria.

¿Cómo proyectan Filzic en el tiempo?
Estamos en la etapa de consolidación y nuestro próximo paso es crear una fundación que nos permita cumplir la meta de generar una industria editorial formal, que convoque talentos y los proyecte al cono sur. Sabemos que muchas veces no será fácil, pero estamos dando los primeros pasos.

“Con Filzic hemos hecho una gran apuesta y en el camino también hemos tenido pérdidas y no solo económicas. Amigos y familia que creen que uno está loco por dedicar tanto tiempo y energía a algo que no se puede medir por rentabilidad económica”, Patricio Maturana.

 

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