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EDICIÓN | Diciembre 2015

“La gente no votó por las reformas”

Bernardo Fontaine, economista y creador de Reforma a la Reforma.
“La gente no votó por las reformas”

Creó una red de ciudadanos para corregir la reforma tributaria, y luego, cuando vino la discusión laboral, debió perpetuar el movimiento convencido de que, como está, no puede salir la ley. ¿Está preocupado por el país? No demora en decir que sí. Aquí sus razones.

Por María Jesús Sáinz N. / Fotografías Andrea Barceló A.

Viene de realizar un debate con un doctor en derecho tributario en una universidad de la capital y, una vez terminada esta entrevista, debe ponerse de cabeza en la preparación de una clase magistral que deberá dictar al día siguiente sobre por qué hay tanta incertidumbre en Chile.

Así de demandados están los días de Bernardo Fontaine, economista, sexto de los siete hermanos Fontaine Talavera, hermano de Juan Andrés (ex ministro de Economía de Sebastián Piñera), activo empresario y, por estos días que se le hacen cortos, rostro visible de la red ciudadana Reforma a la Reforma.

Cuelga en su cuello una correa de cuero con una medalla, viste casual pero prolijo y parece cómodo en este rol de dar entrevistas, participar en debates y promover sus ideas.

Para la discusión tributaria pudo aportar en el acuerdo que permitió hacer ciertas modificaciones a la ley y ahora, de cara a la reforma laboral, busca, de todas las maneras posibles, influir, incluso a través de un video que se viralizó en las redes sociales, para reformar la nueva ley laboral que se aproxima.

Cree en el poder ciudadano en un país donde —está convencido— la política tradicional dejó de ser el único camino para aportar.

¿Hay alguna otra red que esté haciendo oposición como ustedes?
Me parece que no. Hay multigremiales, que son asociaciones de empresarios que buscan defender sus intereses, y hay también movimientos ciudadanos, pero con enfoques más específicos que el nuestro.

Se lo pregunto porque con la derecha en crisis, sin fuerzas para hacer oposición, uno piensa ¿quién hubiese hecho este contrapeso de no hacerlo ustedes?
Esto nace de un grupo de profesionales, gente de trabajo, que no es política y que empezábamos a ver un vacío, donde la oposición no estaba haciendo su trabajo y donde, además, aparecía una Nueva Mayoría con actores en nuestra línea. Entonces, a raíz de ese vacío, se crea esta red de ciudadanos, apolítica y transversal.

¿Por que considera importante que haya diversidad ideológica en esta red?
En Chile hay una mayoría que está por una sociedad libre, desde un Camilo Escalona a un Hernán Büchi, por supuesto que con diferencias entre ellos, pero que quieren una sociedad libre y con democracia; un país que avance, que se transforme pero de manera paulatina, que tenga respeto por la técnica, que busque reformas de buena calidad y que construya sobre lo que hay. Que no destruya todo para construirlo de nuevo porque sí.

¿La mayoría no la tiene el gobierno?
Hay una minoría dentro de la Nueva Mayoría que se tomó el poder, la de la retroexcavadora. Es la que piensa que hay que hacer Chile de nuevo. Gente que está anclada en los años sesenta, y están imponiendo algo que los chilenos no quieren.

¿No quieren?
Solamente un cuarto de los que votaron por la Presidenta dicen haber votado por su programa. La reforma tributaria aprobada tiene menos del treinta por ciento de apoyo y la educacional tiene poca aprobación también.

¿O sea que usted no cree, como dice la Nueva Mayoría, que a la Presidenta se le dio un mandato ciudadano para hacer reformas?
Yo definitivamente creo que la gente no votó por esas reformas. Votó por ella, por un diagnóstico de que había cosas que corregir, que había canchas disparejas, pero no votó por las reformas. Las reformas son instrumentos y esos instrumentos no estaban muy precisos en el programa de gobierno. Eso explica por qué cuando parte la reforma tributaria lo hace con mucho apoyo, pero cuando se empiezan a develar las consecuencias al ahorro y a la clase media, cae la popularidad del gobierno.

GENERACIÓN ESPONTÁNEA

Quien quiera ver en este movimiento, al que insiste en llamar red ciudadana, una oposición al gobierno planificada y orquestada desde las sombras, se encontrará acá con una explicación tan diferente como sencilla. Fontaine plantea que Reforma a la Reforma surgió de manera espontánea.

Apasionado por el tema tributario comenzó a informase sobre la reforma que venía y, convencido de que estaba técnicamente mal planteada, empezó a escribir artículos en los medios de prensa, hasta que fue invitado por la Cámara de Diputados a la discusión. Sin darse cuenta —dice— había articulado una oposición. Pero no a las reformas, que le parecen necesarias, sino que a la improvisación y la mala calidad técnica.

Habían conseguido cierto poder…
Yo pienso que el poder no está sólo en los políticos. Nosotros tenemos una clase política muy encerrada en sí misma, que está en Valparaíso con oficinas mirando al mar y hacen leyes muchas veces de espalda a los ciudadanos. Y un gobierno muy ideologizado, con una serie de técnicos con muy poca calle. ¿Entonces quiénes podemos poner las cosas en su lugar? Los ciudadanos.

¿Cómo ha sido el desafío de entrar en este nuevo tema?
Nosotros apoyamos que haya reforma, pero la encontramos desequilibrada. Hay que compatibilizar los derechos de los trabajadores sindicalizados, que son necesarios, con los de los consumidores, los desempleados, los emprendedores y el resto de la sociedad.

¿Han sido escuchados sus aportes?
Planteamos ocho puntos a los senadores y a la ministra. En el camino hemos tenido bastante coincidencia con muchos actores, incluso de la Nueva Mayoría. Se ha producido un consenso entre los técnicos.

¿El paro del Registro Civil ayudó a generar ese consenso del que habla?
Esa huelga fue un ejemplo muy claro de qué es lo que puede pasar cuando uno tiene un sindicato muy poderoso y no hay reemplazo. Obviamente, todos queremos que los funcionarios del Registro Civil tengan el mejor sueldo posible, pero eso no puede ser a costa de pasar a llevar al resto de los ciudadanos.

CONTRA EL TIEMPO

Mientras avanza la discusión en el Senado, mantiene la esperanza de que algunos de los puntos que han planteado sean tomados en cuenta y que el gobierno no escuche “solo a los que gritan”.

“¿Quién representa aquí a la calle, a la gente de trabajo? Si esto sale como está, estaremos en un mundo donde un pequeño grupo puede chantajear al resto de la sociedad y eso no es democrático, no está bien, no es justo y no existe en ninguna parte”.

¿Tenía más expectativas en el ministro Valdés?
El ministro no ha hecho la pega. Dijo que iba a equilibrar la reforma y no lo ha hecho. Sigue entregado a la CUT y a una pequeña minoría. No está cuidando el bien común.

¿Por qué?
Me da la impresión de que existía un acuerdo político previo, a cambio del apoyo de la CUT y el Partido Comunista. Esta reforma laboral fue el precio que tuvo que pagar el gobierno a cambio de ese apoyo.

¿Y esto no podría cambiar con los consensos técnicos que ustedes han conseguido?
El ministro Valdés está solo, no tiene el apoyo de sus pares en la reforma laboral. En otros temas sí, pero en este no. Anunciaron nuevos aires, que iba a haber diálogo, pero diálogo significa escuchar, no simplemente juntarse. Además dijeron que iban a hacer reforma con mejor calidad y aquí estamos, en una reforma donde los técnicos dicen A y él dice B.

¿Está preocupado?
Sí, yo estoy preocupado, porque creo que Chile está en una disyuntiva entre dos caminos. Uno es el camino de una sociedad libre, democrática, que va evolucionando, que fue el camino que tuvimos durante veinticinco años, donde había un respeto a las políticas públicas bien hechas y a la libertad. Esa es la visión mayoritaria que adscribimos nosotros. Y hay una visión minoritaria que dice transformemos Chile en un país colectivo, echemos abajo todo lo que hemos avanzado y cambiemos por otros sistemas de educación, salud, previsión, constitución, trabajo e impuestos. Y esa es una visión muy miope, porque los países se construyen sobre su pasado. Los edificios se construyen un piso sobre el otro y en eso consiste el desarrollo.

¿Dónde se ve eso?
En el mar de reformas que buscan cambiar al país por un sistema donde la gran solución es el Estado, el mismo Estado que hizo el Transantiago, que creó la política de financiamiento de la educación superior, que tiene las filas en los hospitales, que da un bono tan abusivo que el ministro de Hacienda pide la salida al director del Banco Estado y que mantiene parado por más de un mes al Registro Civil.

Y ahora qué viene, ¿reforma a la reforma constitucional?
Nosotros esperamos seguir planteando mejores políticas públicas que profundicen la idea de una sociedad libre, tanto en contestación a las reformas que el gobierno plantee como en proponer algunas ideas propias. La idea es no estar siempre en contra.

¿Y una carrera política?
Yo he trabajado toda mi vida. Tengo mis negocios, he hecho una vida profesional. No me siento para nada un político. Me siento cómodo así y no me logro imaginar en el otro escenario. Lo que sí me interesa es que este país se enderece, se hagan las cosas bien y podamos volver a trabajar. Hay un millón de empresarios que se levantan todos los días para empujar a Chile un metro más allá y yo los veo hoy día muy desconcentrados, rodeados de desconfianza e incertidumbre en los negocios. Y los necesitamos trabajando.

 

"Hay una visión minoritaria que dice transformemos Chile en un país colectivo, echemos abajo todo lo que hemos avanzado y cambiemos por otros sistemas de educación, salud, previsión, constitución, trabajo e impuestos. Y esa es una visión muy miope, porque los países se construyen sobre su pasado”.

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