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EDICIÓN | Diciembre 2015

Centralismo y regionalización en los albores de la República

Hernán Cortés Olivares, académico e historiador de la Universidad de La Serena.
Centralismo y regionalización en los albores de la República

Los prolegómenos del proceso de Independencia en la Provincia de Coquimbo (incluye Atacama), hacia 1810, se manifiestan tempranamente por la difusión de las doctrinas de la teoría Pactista, cuyo fundamento es que el origen del poder político reside en el pueblo y este lo delega en el rey justo y consagrado por Dios. Si el rey desaparece, el poder vuelve al pueblo, en este caso, al cabildo de las ciudades, cuyos fueros validan legalmente las decisiones políticas.

El cura Morán, desde el púlpito de la Iglesia matriz de La Serena, divulga la teoría de la soberanía popular, propagada por los jesuitas Vitoria, Suárez y Martínez Marina. En Santiago, ocurre algo semejante con la conspiración de los Tres Antonio; y en Concepción los hermanos franceses Berney y Gramusset, son quienes difunden las ideas de la revolución francesa.

Independiente de estas ideas de vanguardia, al momento de crearse la Primera Junta de Gobierno, la Corona española había reconocido en innumerables ocasiones que la voluntad expresada a través de los cabildos locales significaba tomar decisiones autónomas. Ejemplo: cuando los vecinos y autoridades de La Serena deciden trasladar la ciudad al valle del Limarí, en 1723. El Síndico Procurador General de la ciudad afirma que “es una constante, que devuelto a los pueblos el derecho de soberanía por la muerte civil del monarca, deben estos usando del arbitrio generalmente recibido, elegir sus representantes para que unidos en un Congreso General determinen la clase de gobierno que haya de regir”.

Para formar el primer Congreso Nacional, instalado el 4 de julio de 1811, la Primera Junta de Gobierno solicita elegir a los cinco representantes de los Partidos de la provincia de Coquimbo, de un total de cuarenta y dos y de acuerdo al número proporcional de habitantes. Estos diputados originales representan a la población con las acciones y derechos que le corresponden y representan al Cabildo de Copiapó: el Dr. Juan José de Echeverría, por Coquimbo; (La Serena) Marco Gallo, presbítero, y Manuel de Recabarren, e Hipólito Villegas, este último en reemplazo de Marco. Por Huasco: Ignacio José Aránguiz y José Jiménez Guzmán, diputado suplente. Y por Cuz-Cuz (Illapel) el Licenciado Joaquín de Gandarillas.

Uno de los primeros conflictos entre las provincias de Concepción y Coquimbo contra Santiago fue la cantidad de diputados que debían ser elegidos por cada provincia, Santiago por ser la capital y con población numerosa se autoasigna doce diputados, estableciendo una hegemonía en desmedro de las provincias del sur y el norte, por tal motivo, O’Higgins renuncia con otros once diputados preguntando ¿por qué la necesidad de tanta representación?

La disolución del Congreso por José Miguel Carrera es acompañado de un Manifiesto a todos los pueblos de la República, comunicando las nuevas instituciones gubernamentales: Congreso, Corte de Apelaciones, Junta de Gobierno y el de Director Supremo.

La provincia de Coquimbo mantuvo una posición pacífica en la contienda de las facciones que se disputaban el poder y Tomás O’Higgins gobernó durante tres años hasta la restauración de la monarquía. El 10 de febrero de 1817, Coquimbo vuelve a reunirse en Cabildo Abierto y elige su propio mandatario: Manuel Antonio Iribarren y el 21 de febrero nombra el Tribunal de Secuestros, enviando felicitaciones y su reconocimiento al gobierno central.

 

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