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EDICIÓN | Diciembre 2015
Escape al dolor

Definitivamente, el dolor afecta e influye en el arte. Recientes casos como el de Amy Winehouse, quien compuso uno de los mejores discos de la historia del soul sumida en el desgarro de una pérdida amorosa… También Adele, la diva del momento, hizo su primer y laureado disco en una época de su vida que era un desastre, como ella misma reconoce. Vincent Van Gogh, Frida Kahlo, Edward Munch, son ejemplos de artistas que encauzaron su pintura como escape al dolor al que los sometía una enfermedad física, mental o las tragedias de una vida injusta.

En este sentido, una de las mayores exponentes de cómo el arte puede ser un medio para expresar este desgarro interior y que no te aniquile, es Yayoi Kusama. Artista plástica y escritora japonesa, quien resume así su relación con el dolor: “Vengo pensando en suicidarme desde que era muy pequeña. Mi producción artística es para sobrevivir al dolor: por eso creo mis obras, para sobrevivir al deseo de muerte; pero luego el dolor vuelve a mí una, y otra, y otra vez. Y siempre lo recibo haciendo arte. Sigo, todavía, en ese proceso de repetición. Pero voy a mantenerme luchando. Solo me daré cuenta que la lucha terminará, el día en que llegue mi muerte”.

Esta mujer, nacida dentro de una familia disfuncional y cruel, fue maltratada por su madre desde pequeña y comenzó a sufrir alucinaciones desde los diez años, las que logró plasmar en cuadernos de bocetos, que eran su terapia y su tabla de salvación para no enloquecer, inmersa en una familia que no la veía dentro de su denso y tóxico mundo lleno de odios y rivalidades. De estos cuadernos llenaría decenas, luego fueron telas y más adelante instalaciones plenas de atrevimiento, rebeldía y originalidad total.

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