MARTES 22:35 EN TVN.
Juan Pablo Fuentealba (39) y el brasileño Julio Dantas (43), casados legalmente en EE.UU., viven en Chile y quieren tener un hijo. Cámaras los siguen y registran su vida diaria en este docureality. Happy together se puede leer, primero, como un ejercicio de tolerancia y respeto. Reitera algo bastante obvio, pero que aún cuesta asumir en algunos espacios de nuestra sociedad: una pareja es una pareja y da lo mismo sus inclinaciones sexuales. Lo que importa es la relación, los afectos, las personas. Y eso significa que su cotidianidad es como la de cualquiera, lo cual de inmediato destierra prejuicios. Dicho sin rodeos: aquí no hay una pareja de “locas”, sino dos personas enamoradas que contemplan desafíos juntos —punto vital en cualquier relación seria—, con un círculo de amistades y familiares preocupados y partícipes.
A pesar de ciertos tonos edulcorados un poco empalagosos, una musicalización descafeinada que pretende ser lúdica, y la presencia de una gráfica colorinche un tanto infantil, susurrante de un cliché del mundo homosexual donde todo es multicolor y enfiestado, Happy together también expone un drama, y es la imposibilidad del matrimonio de poder ser padres, porque en Chile aún no se regulariza el tema para parejas del mismo sexo. En ese sentido, el programa demuestra que a pesar del terreno avanzado por las minorías sexuales y de sus conquistas como el Acuerdo de Unión Civil, aún enfrentan tratos e impedimentos que los transforman en ciudadanos que no gozan de los mismos derechos que el resto, aunque pagan impuestos igual. Juan Pablo y Julio pueden estar felices juntos, pero las cortapisas sociales impiden que su felicidad sea completa.