Curiosa historia de la amistad, a través de los años, de los poetas Andrés Sabella y Antonio Rendic —que escribía bajo el seudónimo de Ivo Serge—, llamado el “médico de los pobres” por la comunidad gracias a sus desvelos por mejorar la salud de las ciudad. Cada martes se reunían en Uribe 666, la casa de Andrés, e intercambiaban poemas, que leían y comentaban semana a semana. ¿Será posible aunar esfuerzos, juntar voluntades, remover sentimientos y solicitar a la autoridad regional un reconocimiento muy merecido para nuestro querido doctor Rendic?
El querido doctor Rendic era amigo de siempre de don Andrés Sabella Signora, el padre de nuestro poeta. Debido a ello, el doctor Rendic fue el médico de cabecera del vate. Por eso, don Antonio le llamaba “el Niño Andrés”. Andrés le llamaba “mi doctor del cuerpo y del alma”.
Hoy, nuevamente, sus nombres se unen en proyectos de futuro: El aeropuerto de Antofagasta pasará a llamarse AEROPUERTO ANDRÉS SABELLA. ¿Y cómo se llamará el nuevo hospital de Antofagasta? El actual se llama Hospital Regional Leonardo Guzmán. Hoy se construye un nosocomio en otro lugar, más amplio, más cómodo, con modernas instalaciones, o sea, un proyecto futurista en favor de la comunidad antofagastina. ¿No sería el mejor homenaje al querido don Antonio, cuya labor humanitaria es reconocida por varias generaciones, que el nuevo hospital lleve su nombre?
Revisemos. La voz del doctor Rendic se alzó fuerte y clara en la década del sesenta, para denunciar el alto porcentaje de arsénico que tenía el agua potable que bebíamos los antofagastinos. Hubo muchos detractores de la época que negaron tal hecho. Sin embargo, don Antonio lo demostró con análisis del agua y con exámenes practicados a muchos de sus pacientes, especialmente niños. Su denuncia movilizó a la comunidad antofagastina y fue el Presidente Eduardo Frei Montalva quién decidió establecer plantas abatidoras de arsénico.
Esta sola labor de denuncia y sus exitosas consecuencias para la salud, ameritan un reconocimiento mayor para la incansable labor del doctor Rendic. A esto sumamos que todos los días atendía gratuitamente, desde las siete de la mañana, a los pacientes que llegaban a su consulta-casa habitación, de calle Latorre con Maipú, a quienes, además, entregaba medicamentos gratis, les servía un vaso de leche e incluso, en algunos casos, daba dinero para el pasaje de la movilización. Todo esto le valió el nombre de “Médico de los Pobres” y el cariño de toda la comunidad.
Pero el doctor Rendic aún tenía tiempo y voluntad para dedicarse, aparte de las oraciones diarias, a otro de sus afanes: escribir poesía. Para eso usaba el seudónimo de Ivo Serge. Y dejó como legado aproximadamente cuarenta libros. Su poesía es de gran sensibilidad y religiosidad. Pero también sus poemas de amor, dedicados a su esposa Amy Jenkin, son de una belleza y profundidad que conmueven. A la muerte de su esposa, surge de su dolor una preciosa y desgarradora secuencia poética.
Y aquí, encontramos otra faceta de la amistad de Sabella y Rendic. Cada martes se reunían en Uribe 666, la casa de Andrés, e intercambiaban poemas, que leían y comentaban semana a semana.
Y, haciendo historia, cuando la Municipalidad de Antofagasta creó la distinción “Ancla de Oro”, en 1953, destacó a dos poetas: Ivo Serge (Dr. Rendic) y Andrés Sabella. También, en esta Orden “Caballero del Ancla”, nuestros poetas comparten laureles.
¿Será posible aunar esfuerzos, juntar voluntades, remover sentimientos y solicitar a la autoridad regional un reconocimiento muy merecido para nuestro querido doctor Rendic? Somos pocas las personas que vimos su inconfundible figura recorrer las calles de Antofagasta. Es ahora cuando debemos solicitar que el nuevo hospital lleve su nombre: HOSPITAL REGIONAL ANTONIO RENDIC.