Tomás Panire, había nacido en el pueblo de Socaire en algún año del siglo XVIII. Su profesión de caravanero le permitió contactarse con varios grupos indígenas de los cuales aprendió las lenguas kunza, aymará, quechua y español.
La historia de la región de Antofagasta no se limita solamente a los pueblos que viven en la costa. El interior cordillerano no es sólo prehistoria, es también un escenario de la historia colonial, avalada por una documentación dispersa en distintos países que hoy reconocemos como Argentina, Bolivia, Perú y naturalmente Chile, sin olvidar España, que era el imperio colonizador.
Entre los poblados de la costa y los del interior existió intenso movimiento comercial que arranca desde los changos hasta los atacameños. En esa etapa y la posterior, los caravaneros fueros los actores más importantes en el trueque comercial. Conocían las rutas cordilleranas como la palma de la mano y viajaban seguidos por llamas cargadas con mercancías. Uno de ellos, Tomás Panire, se transformó en un corajudo líder de los indígenas que se sacrificó para liberarlos de las arbitrariedades de los corregidores, funcionarios de la Corona española que lucraban explotándolos.
Túpac Amaru es el nombre histórico con que se conoce a José Gabriel Condorcanqui, el indígena líder de la rebelión contra los conquistadores españoles. Dio su vida para liberar a sus hermanos del yugo inaguantable del conquistador. Tomás Panire participó en el movimiento liberador del líder peruano y tuvo la oportunidad de conocer sus ideas. Además, asimiló las técnicas de combate y de organización del ejército de liberación.
Vuelto a su terruño, Panire inició la formación de un ejército. Lo entrenó en el manejo de las ondas y las boleadoras, armas que usaban los indígenas. Los disciplinó y los persuadió de la necesidad de terminar con el trato arbitrario de los españoles. El pago de impuesto al encomendero, la apropiación de los tejidos y el sistema de la mita.
El ejército de Panire complicó la organización de los conquistadores. Algunos corregidores no se atrevieron a cobrar impuestos. El miedo se propagó entre los españoles y la alegría entre los indios. Tomás era verdaderamente el héroe de la liberación del sistema despótico del conquistador
Los españoles convencieron al cura, Alejo Pinto, de la urgencia de eliminar al revolucionario. Sabedor el sacerdote de la infantil fe de los indígenas, los convenció que Panire representaba al mismo diablo y preparó la trampa para detenerlo. Debían pedirle una reunión para conversar sobre la revuelta. Ingenuo el líder, aceptó la invitación de sus hermanos. Fue la oportunidad para apresarlo y entregarlo a la autoridad española. Se decidió ajusticiarlo fuera de su territorio. Lo llevaron a Iquique. Allí lo sometieron a un cruel ajusticiamiento: amarraron sus pies y sus manos a cuatro caballos y los hicieron arrancar. Los restos de su cuerpo fueron lanzados en distintas partes para evitar cualquier intento de homenaje. Así sucumbió Tomás Panire, el héroe atacameño del siglo XVIII.