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EDICIÓN | Noviembre 2015

Dormir en Lastarria

Hoteles de lujo en Santiago

Su historia no es reciente, pero hace unos cinco años que el Barrio Lastarria gana fuerza y se potencia. Y no sólo como polo cultural, sino como núcleo artístico, social y gastronómico. Hoy la apuesta viene de los hoteles, que quieren mostrarle al turista lo mejor de la capital. Santiago centro se reinventa.

Por Carolina Vodanovic G. fotografía Andrea Barceló A.

Corría el siglo XVI y en el hoy Barrio Lastarria, se emplazaban sólo campos de viñedos. Un siglo después, ese gran terreno agrícola se subdividió en quintas y, en 1857, en el solar donde supuestamente habría vivido el fundador de Santiago, don Pedro de Valdivia, se levantó la Iglesia de la Veracruz, un templo sobrio que daba inicio al desarrollo urbano del sector.

El cerro Santa Lucía era, por aquel entonces, un peladero. Pasaron veinte años y decidieron convertirlo en un hermoso parque urbano. Instalaron fuentes de agua, proyectaron terrazas y jardines y con ello consolidaron aún más el sector. Luego vino la creación del Parque Forestal y la construcción del Palacio de Bellas Artes. El barrio se volvía chic y con ello acomodadas familias e ilustres personajes se instalaron en él.

Cuentan que llegaron a vivir en las inmediaciones, doña Victoria Subercaseaux, esposa del entonces intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna; don Pedro Aguirre Cerda, presidente de la nación entre los años 1938 y 1941, además de José Victorino Lastarria, escritor y pensador liberal.

 

Se asentaron en el lugar grandes artistas como Nemesio Antúnez, Camilo Mori, el novelista Luis Orrego Luco, y renombrados arquitectos de la época como Duhart, Larraín Bravo, Prieto Casanova, Bolton y Luciano Kulczewski. De este último todavía se conserva su casa-taller, en calle Estados Unidos, una construcción de piedra de estilo ecléctico, que fue declarada Inmueble de Conservación Histórica.

Fue en 1997 que el denominado “Barrio Santa Lucía-Mulato Gil de Castro -Parque Forestal”, según el plano regulador municipal, fue declarado zona típica. Su valor arquitectónico e histórico era evidente y a las construcciones ya señaladas se sumaban importantes edificios, como el palacio Bruna y la Posada del Corregidor.

En el 2000 se inició una nueva etapa de renovación del barrio. Comenzaron restaurando fachadas y viejas edificaciones; crearon el paso peatonal de calle Lastarria, desde Rosal hasta Merced; iluminaron el Cerro Santa Lucía, ensancharon las veredas, abrieron un paso peatonal en las calles Monjitas y Esmeralda. La idea era sin duda enaltecer un foco patrimonial y cultural donde en la actualidad se levantan importantes museos como el MAC, Museo de Arte Contemporáneo, MAVI, Museo de Artes Visuales, el Museo Arqueológico de Santiago y el Museo de La Merced, sin contar nuestro querido y renombrado Palacio de Bellas Artes.

Fue hace cinco años que se inauguró en el sector, dándole un nuevo impulso, uno de los centros culturales más importantes de la ciudad, el Centro Cultural Gabriela Mistral, GAM. Se levantó reutilizando parte de la estructura del antiguo edificio Diego Portales que sufrió un incendio el 2006 y ha permitido un nuevo acceso a calle José Victorino Lastarria, desde la Alameda, potenciando aún más el barrio.

A los museos, centros culturales y decenas de construcciones patrimoniales, se suman clásicos del cine arte como El Biógrafo y restaurantes inolvidables como Les Assassins, con cuarenta y ocho años en el barrio, y Ristorante Squadritto, con veinte. Hoy ellos compiten con una amplia oferta gastronómica emplazada en el nuevo Boulevard Plaza Lastarria, que sin perder el encanto europeo de la zona, agrada con terrazas, buena comida y un aire bohemio.

Todo lo anterior ha llevado a que no sólo los locales nos sintamos atraídos por este lugar. Aquí confluyen extranjeros residentes y muchos turistas que quieren hospedarse en el centro de la capital, bien conectados, en un lugar que si bien tiene algunos dejos de modernidad, encierra el encanto del Santiago antiguo, y para los cuales se hacía necesario contar con una oferta hotelera de eximia calidad, que respetara el entorno y que hoy ya está disponible.

HOTEL CUMBRES LASTARRIA

Recientemente inaugurado en plena calle José Victorino Lastarria, a un costado de la plaza Mulato Gil, este hotel boutique, de setenta habitaciones y suites, fue encargado al arquitecto Rodrigo Errázuriz y al diseñador industrial Andrés Martínez, de Árbol Color, además de contar con la colaboración creativa de Enrique Concha & Co.

En ocho pisos y más de seis mil metros cuadrados edificados, se trató de un proyecto de construcción casi completamente nuevo, a excepción de un porcentaje menor de la fachada donde se conservó un frontis de casa antigua, pero que se complementó con una novedosa máscara contemporánea. “La idea era dejar una huella del presente en este antiguo barrio de contrastes y recovecos”, cuenta Andrés Martínez.

La disposición de los accesos, además de un Bar de Tapas, integrado al lobby del hotel, pero al cual también se accede desde la calle de manera independiente, invitan al transeúnte a pasar. “Desde la génesis del proyecto se introdujo la idea de abrir los espacios públicos al circuito de paseantes y curiosos. Con esto se buscó que el hotel fuera un provocador de acciones interesantes para el público que visita este barrio y que valora la hospitalidad”.

Con una decoración moderna, pero sumamente cálida, el interiorismo fue concebido como una puesta en escena integral. “Propusimos una extensión contemporánea del barrio, que despierte recuerdos de un hotel del centro de la capital. Un hotel que se complemente con su entorno lleno de vida y de sorpresas, donde se vive intensamente el espacio público, histórico y cultural del centro de Santiago”.

¿Cuáles son los elementos icónicos en esta propuesta?
Son varios, por una parte está el diseño de la fachada, que se trabajó en varias aplicaciones y formatos, como biombos en el lobby y corta vistas en los baños. Por otro lado, un grafiti que parte en el “Bardetapas”, se extiende por el interior del lobby y llega hasta un patio con árboles y lámparas colgadas con cuerdas catenarias. También en la sala de huéspedes pusimos bustos de José Victorino Lastarria y Bernardo O´Higgins delante de un antiguo mapa de Santiago, impreso en madera, que muestra la ubicación actual del hotel, como si hubiese estado siempre ahí; y a un costado una colección de chanchitos de Quinchamalí, como iconos de la artesanía chilena. Por último, en el restaurante del octavo piso, Punto Ocho, desarrollamos un emporio del mercado.

Si hay algo que llama la atención en la disposición y decoración de las habitaciones del hotel, es que en todas se encuentra presente un respaldo de cama de madera, impreso con fragmentos de obras de artistas nacionales, todas parte de la colección permanente del Museo Nacional de Bellas Artes, “buscamos cuadros que fueran de esta zona de Santiago, idealmente clásicos y que estuvieran digitalizados en alta resolución y que no tuvieran derechos de autor porque serían intervenidos en su formato, encuadre, tamaño y texturas. Se podría decir que nuestro trabajo fue de foto-gráfica”.

Con certificación de liderazgo en energía y diseño ambiental (LEED), el hotel genera importantes ahorros en agua potable en grifería y sus paneles solares permiten, entre otras funciones, calentar el agua de la piscina que se encuentra al aire libre, en el octavo piso, próximo al restaurante Punto Ocho, de comida mediterránea, a cargo del chef francés Michel Seyve.

“Pienso que el Barrio Lastarria ha ganado fuerza en el último tiempo por ser un sector tranquilo para el peatón y a puertas abiertas. Se ha cuidado la estética y privilegiado un comercio de autor con restaurantes de buena calidad y buen gusto, y como en toda gran capital, hay que mejorar la seguridad y si nos aventuramos, no sería nada de malo continuar cubriendo las calles de veredas. Este barrio tiene otro ritmo, evoca otros mundos y otras épocas”, concluye Martínez.

HOTEL THE SINGULAR LASTARRIA

Elegido como uno de los nuevos mejores hoteles del mundo en la categoría “Mejor Hotel Urbano”, por Condé Nast Traveller, The Singular Lastarria propone una edificación clásica contemporánea, que se integra perfectamente con las construcciones vecinas del barrio. En 5.500 metros cuadrados y nueve pisos, alberga sesenta y dos habitaciones, además de varios espacios comunes que incluyen un patio-restaurante, un lobby-bar, una cafetería, y una terraza desde donde se obtiene una vista única del Parque Forestal.

Federico Prieto fue el arquitecto encargado de la obra, mientras que el interiorismo corrió por cuenta de la oficina de Enrique Concha & Co. “Se trató de un proyecto bien único, y como bien lo dice su nombre, muy singular. Procuramos realizar espacios refinados y con ello marcar una nueva tendencia en el interiorismo, que hace relación con que los lugares sean realmente acogedores para el cerebro de las personas. No solamente lo técnico y lo práctico. Es notable la integración de la calidad del mobiliario y que los revestimientos sean muy simples y de bajo costo”, asegura Concha.

En el interior de las habitaciones predominan las maderas nobles, los cueros y las luces tenues, un acabado clásico pero al mismo tiempo cómodo. “Con el equipo nos propusimos hacer un hotel diferente, y ante ese planteamiento tomamos la decisión de que las piezas, y cada uno de los espacios, fueran distintos. Es mucho más fácil hacer de lo bueno, más de lo mismo. Vemos que el resultado de las combinaciones de todos los elementos de la puesta en escena produjo atmósferas que unen la arquitectura, el diseño y la decoración como un todo”.

¿Hubo todo un estudio del barrio previa definición de lo que se haría?
Claro que sí, se hizo todo un análisis. Se adelantaron a lo que es la tendencia de Santiago, valorizando lugares que habían, en cierto sentido, pasado de moda. Santiago centro es y será el corazón de esta ciudad tan especial y que tiene mucho que crecer todavía en servicios y productos.

Dentro de los espacios que Concha destaca del hotel, se encuentra el acceso. Asegura que, “si bien no es muy grande, respiras inmediatamente la calidad del producto hotelero. Eso no es fácil de lograr en espacios reducidos”.

Con todas las instalaciones que conlleva un recinto cinco estrellas, además de un spa alucinante, hace dos meses el hotel inauguró en su subterráneo una cava de vinos privada que sirve para conmemoraciones personales, catas y festejos. Decorada sobriamente en madera de espino y con un juego de sillas y mesa al estilo fraileano, alberga un mueble de campo inglés, confeccionado en madera maciza de roble, que entrega especial calidez al espacio y un nuevo brillo al hotel.

“Lo bueno es bueno y perdura. Santiago centro tiene para rato. Lastarria es solo el comienzo”, concluye Enrique Concha.

 

"Nos propusimos hacer un hotel diferente, y ante ese planteamiento tomamos la decisión de que las piezas, y cada uno de los espacios, fueran distintos. Es mucho más fácil hacer de lo bueno, más de lo mismo”, afirma Enrique Concha, interiorista en The Singular Lastarria.

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