Un recorrido guiado por el corazón de su Zona Típica permite descubrir una ciudad plagada de encantos y leyendas urbanas. Tras los primeros pasos por sus recovecos aparecen palmeras fundadoras, muros y torreones anticorsarios, misteriosas redes de túneles, leyendas de monjas descabezadas, diaguitas sepultados a pasos de la catedral, campanas fundidas en mortales balas de bronce y sangrientas revoluciones al más puro estilo Far West.
Por Iván Fredes G. / fotografía Patricio Salfate T.
Al borde del río Elqui, a unos pasos de la restaurada Iglesia Santa Inés, una añosa y erguida palmera es el único testigo fiel de la refundación de la ciudad. Fue plantada cinco años después que los diaguitas redujeron a cenizas al naciente villorrio colonial bautizado como Villanueva de La Serena, por el capitán español Juan Bohon, en 1544.
Esta palmera, conocida como “la fundadora” e ignorada por la mayoría de los serenenses —más aún por los turistas—, es uno de los sorprendentes y mudos testimonios coloniales de un recorrido pedestre que iniciamos por los recovecos secretos, escondidos y desaparecidos del casco histórico de la segunda ciudad más antigua del país, después de Santiago.
El circuito forma parte del proyecto “La Serena patrimonial: su historia desconocida”, ejecutado por la sede local de la Universidad Central, con el financiamiento de la Corporación de Fomento y la Municipalidad de La Serena. La idea es poner en valor aspectos inadvertidos, curiosos y hasta misteriosos de una ciudad que cuenta con la Zona Típica más extensa del país, distribuida en cien manzanas alrededor de la plaza de armas.
Periodistas, hoteleros, empresarios gastronómicos y operadores turísticos, de la mano del historiador y especialista en turismo patrimonial, Raúl Campos Vega, vivieron la experiencia inaugural del circuito de tres rutas urbanas, recorriendo sus principales hitos para seguir los pasos de una historia peculiar, plagada de relatos, sucesos y misterios, convertidos en leyendas por el paso del tiempo.
“Con esta estrategia estamos creando una oferta turística novedosa, innovadora, distinta de lo que existe en Chile actualmente, para posicionarnos en el mercado. Y creo que lo hemos logrado, porque lo que estamos proponiendo es una experiencia turística para responder a la demanda del turista de hoy”, comenta el director del proyecto y experto en patrimonio, Georges Bonan.
En la iniciativa participan nueve empresarios de la recién creada Red de Turismo Patrimonial de La Serena. Cada uno de ellos instalará placas alusivas a la ruta en sus dependencias. Son las ubicadas en el casco histórico; Hostal Balmaceda, Villanueva de La Serena, La Sombra del Viento y Tierra Diaguita; los hoteles Cristóbal Colón, El Escorial y Serena Centro; el restaurante La Casona del Guatón, y el bar y restaurante Nuevo Peregrino.
PISCO COLONIAL
Nuestro recorrido comienza con la ruta de “La Serena Secreta”. El punto de partida es la Iglesia de la Merced, unos de los templos religiosos erigido por las cinco congregaciones más importantes de la cristiandad colonial, asentadas en la ciudad a inicios del 1600 (mercedarios, franciscanos, agustinos, dominicos y jesuitas). Allí, justo en la esquina de Prat con Balmaceda, el sacerdote mercedario, Juan Cedrón, el primer enólogo de la zona, habría destilado los primeros vinos misales y el primer destilado de uvas conocido como doble oporto, antepasado del pisco.
Nos detenemos también en la Iglesia Santo Domingo, emplazada en Cordovez con Matta. Su fachada de piedra conserva las huellas de las municiones disparadas por los corsarios comandados por Bartolomé Sharp y Edward Daves. Son las cicatrices visibles que aún perduran de los sucesivos ataques, incendios y saqueo piratas a la ciudad, en 1680, y 1686, comenta el ilustrado guía.
En la actualidad, cinco de las quince iglesias, capillas y ermitas de la Zona Típica, todas restauradas sucesivamente, conservan gran parte de su estructura original de piedra caliza. Sus fachadas habían sido estucadas, pero la recubierta fue removida más tarde para recuperar, a la vista, el material lítico original.
En el anecdotario histórico, comenta el guía durante el circuito, destacan las iglesias de San Francisco y La Merced. Sus campanas fueron fundidas para fabricar balas en hornos por el ejército y los milicianos en la revoluciones de 1851 y 1859 contra el autoritarismo centralista del presidente Manuel Montt. Las escenas relatadas parecen sacadas del Far West. Los campanarios de entonces eran los altillos preferidos por los francotiradores.
La ruta incorpora los monumentales portales de piedra de sus construcciones coloniales. Observamos algunas imponentes, como la del actual Museo Arqueológico y el de la Asociación Chilena de Seguridad, de un total de trece fachadas construidas con el mismo material empleado en las iglesias.
CIUDAD AMURALLADA
Otro hito relevante de la ruta patrimonial cultural es el circuito que recupera la memoria de una ciudad que ya no existe, partiendo por el hecho que tras el incendio de la naciente Villanueva de La Serena, al otro lado del río Elqui, en el sector de Las Compañía, nada del villorrio original permanece como testimonio, salvo el lugar conocido, hoy, como Arcos de Pinamar.
Durante este singular viaje a la ruta “La Serena Desaparecida”, conocemos los lugares donde los vecinos de entonces amurallaron la ciudad en sus puntos más vulnerables para defenderse de los piratas. Principalmente a lo largo de la ladera que limita hoy con el parque Pedro de Valdivia y la calle Amunategui por el sur. En ese lugar, nos recuerdan, se construyó una portada que permitía el acceso y salida de la ciudad. En su extensión amurallada, cinco torreones fueron los baluartes defensivos para detener las hordas corsarias.
Tampoco quedan vestigios de esta ciudad amurallada, pero el alcalde Roberto Jacob, entusiasta impulsor del turismo patrimonial, alabó la iniciativa turística que incorpora nuevas rutas urbanas y anticipó que proyecta reconstruir la famosa Portada para recuperar parte de la historia colonial de la ciudad.
“Esto es recuperar la memoria histórica de la ciudad de La Serena. De esos secretos ocultos que muchos dicen que están en los túneles, los subterráneos. Eso hoy se visualiza. Estamos hablando de un turista de nivel diferente. No del que viene a bañarse a la playa en verano, sino el que viene a conocer el patrimonio de nuestra ciudad”, subraya el alcalde serenense al recibir al grupo de periodistas y empresarios turísticos.
Y como si fuera poco, la ruta incorpora el también desaparecido cementerio diaguita, situado bajo el actual estacionamiento subterráneo. Bajo la plaza y a pasos de la catedral, existió el único sitio funerario de acuerdo con los restos indígenas encontrados durante las profundas excavaciones.
TESOROS OCULTOS
El recorrido incluyó una ruta bautizada como “La Serena Escondida”, donde persisten importantes testimonios arquitectónicos, algunos visibles y otros ocultos. Son los amplios patios interiores de las casonas más tradicionales, como el de la reciente siniestrada Casa Piñera, del edificio consistorial, del restaurante Rapsodia y diversos edificios transformados en galerías comerciales o de oficinas, algunos de los cuales datan del Plan Serena.
El recorrido contempla los sitios donde supuestos túneles secretos conectan diversos puntos de la ciudad, según ya legendarios relatos serenenses, uno de cuyos accesos estaría en un recoveco del restorán La casona del Guatón, en pleno casco histórico.
Por la noche, participamos de una tertulia alrededor de una fogata en el Hostal Boutique Terra Diaguita. Ahí, bajo la luz de la luna, los historiadores locales, Raúl Campos y Sergio Paolini, complementan el recorrido con sabrosos y eruditos relatos de leyendas urbanas.
Junto con las tradicionales churrascas, quesos de cabra y aceitunas, entre otros sabores típicos regionales, surgen los relatos de la “monja descabezada”, un clásico de las leyendas estudiantiles que disputan como propia los liceos del centro de la ciudad y que refiere a la fantasmal aparición de una religiosa de hábito blanco en las salas de clases.
Concluimos el recorrido con una visita al cementerio municipal por la particular historia que rodea su emplazamiento. Durante dos años, el acalde Gregorio Cordovez puso todo su empeño en la edificación de un nuevo camposanto para la ciudad. Lo paradójico fue que el mismo Cordovez inauguró, en cuerpo y alma, el cementerio, al morir justo cuando la obra estaba terminada. Allí yace desde 1843, según la inscripción del primer sepulcro de esta necropolis.
NUESTRO DATO
Hostal La Sombra del viento. Los Carrera 224. Tel: (051) 2484775 www.lasombradelviento.cl Hostal Terra Diaguita. Eduardo de la Barra 440. Tel: (051) 2216608 www.terradiaguita.cl Hotel Cristobal Colón. Colón 371. Tel: (051) 2223979 www.hotelcristobalcolon.cl Restorán La casona del Guatón. Brasil 750 www.elguaton4.cl