"No existe la arquitectura sustentable, solo existe la buena arquitectura".
Pedro Serrano, académico UTFSM
José Pedro Vicente Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. www.josepedrovicente.cl
Con estas palabras, don Pedro no busca echar por el suelo los tratamientos de eficiencia energética que se le puedan aplicar a un proyecto, por el contrario, simplemente afirma que, de no ser sustentable, se entiende como mala arquitectura. Todo proyecto debe ser eficiente, es decir, el menor de los consumos y daños al medio ambiente por el mayor confort posible. Estas palabras, tan sencillas como reflexivas, las leí en una entrevista hace casi diez años.
El jueves 29 de octubre asistí al seminario Sustentabilidad y Eficiencia Energética en la Edificación: Práctica, Costos y Beneficios dictado en la Universidad del Desarrollo, donde la arquitecta Vanessa Grob —radicada en Francia— comenzó su exposición señalando: "nuestra oficina no sabe hacerlo de otra manera". El flashback fue inmediato. Sin conocerse, de distintas generaciones y a miles de kilómetros de distancia, ambos profesionales estaban en plena concordancia. Toda edificación debe ser, en su esencia y concepción, tanto responsable en su consumo como confortable en su habitabilidad.
Si bien esta responsabilidad no es de nadie más que del arquitecto, el desafío no se encuentra únicamente frente al computador. Paradójicamente, el reto consiste en convencer a tu cliente, es decir, al propio usuario de algo que intenta ser un poco mejor. Si lo propuesto no tiene directa relación con el beneficio al corto plazo, no lo aplica, por lo tanto, aparte de diseñar buenas soluciones a costos razonables, debes buscar tus propias herramientas de medición, comunicación y convencimiento.
La tarea no es fácil. Un sencillo y anecdótico registro fotográfico demuestra la poca cultura y no disposición de la gran mayoría a invertir en una edificación un poco más inteligente. La techumbre ejecutada con hojalatas no es otra cosa que un puente térmico, es decir, en verano transformará el interior de la vivienda en un horno, del mismo modo, en invierno lo convertirá en un refrigerador. Justamente en este material empleado —que seguramente era más económico que otro con mejor comportamiento— decide instalar su antena de TV satelital. Lo más probable es que el propietario mientras ve un canal internacional, se sume a los reclamos por las cuentas que generan sus consumos, o se queje por quienes dañan el planeta. Claramente sus preferencias se enfocan en otros intereses por sobre una proyección de ahorro y confortabilidad.
Con esta evidencia, concluyo que tampoco existe una inquietud por saber si la fabricación de los materiales que conlleva el proyecto genera mayor contaminación que otra posible alternativa. Algo así como preocuparnos si en la elaboración del último par de zapatos que compramos pudo haber participado un menor de edad.
Futuros propietarios, escuchen a sus arquitectos. Hoy no proyectamos de otro modo que no sea ligado a la Sustentabilidad y Eficiencia Energética, es decir, con un diseño responsable.