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EDICIÓN | Noviembre 2015

A todo terreno

Andrea Ruiz-Tagle
A todo terreno

Mamá como muchas otras, dueña de casa y esposa, reparte su tiempo entre el cuidado de sus hijos y responsabilidades; pero si a eso le añadimos su pasión por los deportes extremos y su vocación de servicio, con dieciséis años como bombero, sin duda la historia se vuelve mucho más interesante.

Por María Inés Manzo C. / fotografía Teresa Lamas G. y gentileza de Andrea Ruiz-Tagle

Andrea Ruiz-Tagle (39), es una mamá como muchas que decidieron dejar su carrera de lado por el cuidado de sus hijos. Desde pequeña vive en Reñaca, estudió en la Alianza Francesa de Viña del Mar y, al egresar, decidió estudiar Educación Física en la PUCV. Al titularse se especializó en el trabajo con niños con Síndrome de Down y en el área de atención temprana, junto a una agrupación de padres y apoderados llamada Aparid. Pero luego de unos años nacieron Carlos y Valentina (hoy de diez y siete años, respectivamente) y el camino se puso un poco más pesado. “Tomé la decisión de quedarme en la casa para darles a mis hijos tiempo de calidad, conversar y estar con ellos. Soy una convencida de que las habilidades duras como sumar, restar, multiplicar, etc. las aprenden todos, pero preocuparte por los otros y hacer las cosas que te nacen del corazón eso solo lo puedes aprender con tu familia. Nosotros somos súper “aclanados” vamos para todos lados juntos. Muy pocas veces salimos solos con mi marido, pero porque nos gusta que sea así”, nos cuenta Andrea.

Tan unidos son que practican la mayoría de los deportes juntos, todos andan en bicicleta, esquían, hacen apnea, motocross y bucean; y hace dos años Andrea y su marido están completamente dedicados al kitesurf con el apoyo de sus hijos. “Este deporte nos ha permitido hacer viajes maravillosos a algunos lugares en busca del buen clima, como el sur de Chile —hace poco fuimos por la Carretera Austral y navegamos hasta las Termas de Porcelana—, Estados Unidos o Aruba”, agrega.

¿Por qué kitesurf?
Siempre me ha gustado mucho, pero debo reconocer que no ha sido fácil. Mucha gente me pregunta si estoy segura de seguir practicándolo, pero estoy ciento por ciento decidida, porque me llena y me hace desafiarme a mí misma. Tengo una instructora norteamericana, muy buena, llamada Lene Baxter, que ha viajado mucho y nos recomienda lugares donde el viento es óptimo.

¿Cómo es vivir el deporte en familia?
Maravilloso, en el kitesurf mis niños me ayudan a inflar la vela y al terminar vuelvo a la orilla con ayuda de toda la familia, por ejemplo. Y cada vez que he llegado a pensar si debo dejarlo, es mi propio hijo el que me motiva, él me dice: “mamá yo sé que te cuesta mucho, pero lo bueno es que cuando te caes te vuelves a parar inmediatamente”. Creo que el deporte pasa también a ser un ejemplo para ellos, de que nada es imposible. Es una actividad de todos, que nos complementa y nos ayuda a superar nuestros miedos.

¿Cómo es tu entrenamiento?
Hago Pilates Reformer, pero la verdad es que siempre practiqué deporte y como estudié educación física, pasé por todo tipo de deportes y eso me ayudó para tener una mejor contextura.

¿Cuál es tu próxima meta?
Consolidar la navegación, que es lo que me falta, y para eso debo seguir entrenando. Ahora estoy buscando un buen lugar para ello.

¿Te gustaría competir?
Me encantaría, pero la verdad es que cuando uno tiene una cierta edad es mejor disfrutar. Por ejemplo, hace años esquío y veo a muchos haciendo snowboard, podría aprender también, pero prefiero aprovechar el día en lo que más me gusta.

¿Cuáles son los mejores lugares para practicar kitesurf?
La mayoría de los jóvenes que viven en Bosques de Montemar, Concón y alrededores van a Ritoque. Pero lo mejor es ir a Matanzas, el viento es el que manda.

UNA VIDA DE SERVICIO

Esa pasión y ánimo que tiene Andrea por la vida se nota en cada una de sus acciones, una herencia que, sin duda, ha sido transmitida desde su familia. Su abuelo, Ismael Ruiz-Tagle Leniz, fue el principal gestor de la Octava Compañía de Bomberos de Reñaca. Fundada en 1980, desde entonces lleva su nombre, y hoy con orgullo, y tras dieciséis años de servicio, ella puede decir que fue la primera mujer bombero de Viña del Mar. “Ser bombero ha sido una buena experiencia en mi vida, a los dieciocho años ya quería entrar y desde que terminé la universidad (en 1999) estoy en servicio. Tengo grandes amigos en la compañía y la verdad es que creo que no se me hizo tan difícil dedicarme a esto, porque la mayoría de mis parientes son bomberos, siempre los vi cuando iban a un llamado y era algo habitual en mi casa; ese era mi ambiente, mi vida; desde mi abuelo, mi papá, mi hermano, mis tíos. A todos nos unió esta hermosa vocación”, nos cuenta.

¿Qué significó tu abuelo para ti?
Yo era bastante chica cuando falleció mi abuelo, pero él era un hombre que amaba los bomberos, llegó a Reñaca cuando no había nada. Empezó con un grupo a formar una brigada y ahí nació lo que es la Octava. Como familia es un gran orgullo, su historia está muy presente y la estamos reviviendo los más jóvenes. Creo que las tradiciones familiares son muy importantes y como bombero son las que me ayudan a llevar la fuerza, la resistencia, sacar de adentro esa garra. Poder sobreponerte a distintas cosas para ayudar al resto.

Pero no solo la vocación fue algo que encontró en esta bella labor, pues hace trece años está casada con otro bombero, Carlos Asalgado, su compañero de viajes, aventuras y de vida. “Nos conocimos entre cursos que dictaban para las compañías, pololeamos tres años y nos casamos al cuarto y ya llevamos trece años de matrimonio. La verdad es que nos complementamos y nos entendemos bastante bien. Realmente es una suerte que ambos compartamos este sentimiento, los deportes y que podamos organizar nuestra vida familiar en torno a lo que amamos”.

¿Cuál ha sido tu momento de mayor felicidad en la Compañía?
Cuando mi marido ingresó a la Octava, a mí misma compañía (ríe). Por quince años Carlos estuvoparticipando en otra compañía y el cambio fue muy especial para ambos.

¿Tus hijos quieren seguir sus pasos?
Sí, especialmente Carlitos, muchas veces me ha dicho que le gustaría, pero ellos tienen que decidir su camino más adelante. No queremos presionarlos a nada.

¿Cómo fue la primera vez en servicio?
Muy significativo, pero como todos los trabajos que he hecho más adelante. He participado desde llamados menores a las últimas catástrofes de la región. Pero sobre todo y lo más importante para mí, es llegar a mi casa y sentir la satisfacción del deber cumplido. Eso es maravilloso.

¿Cómo enfrentas el tema del riesgo, de la muerte?
Es algo que siempre está presente, está latente quizás, pero siempre doy un ejemplo: “hoy día puedo atravesar la calle y me pueden atropellar o que me choque un curado”. Por eso independiente del riesgo en un incendio, nosotros somos profesionales, sabemos cuidarnos y cuidar a nuestros compañeros.

¿Trabajas con tu marido?
De preferencia salimos separados. Así uno de nosotros se queda con los niños.

¿Eso no te genera una preocupación?
Son tantos años, que estoy acostumbrada. Nosotros hacemos esto por vocación, de adentro, con el corazón, y todos los que entran a bomberos van a dar la vida si es necesario. Si a cualquier nos pasara algo no seríaen vano y entiendo el riesgo. Estoy comprometida y sé muy bien los pros y los contras.

¿No lo dejarías por tus niños?
Nunca, es parte de mi esencia, si lo dejo es dejar parte de mí a un lado. Para mi marido es lo mismo. Pero si los niños están solos hacemos cambios, nos turnamos, hay momentos y momentos. Nos vamos organizando.

¿Hay algo que no te guste de ser bombero?
No, cada día es un desafío nuevo, es bastante motivante. Es vencerte a ti mismo todos los días. Me tengo que reencontrar constantemente y eso me encanta

¿Te sientes un poco como la mamá de la Compañía?
Hoy tengo una compañera más joven, pero hay veces que sí, como soy mayor (ríe), los escucho, los apoyo, sobre todo a los más nuevos. Es bonito transmitir tu experiencia y poder ayudarlos.

¿Cómo es la relación con tus compañeros?
Aunque como en todo tipo de trabajo uno debe ganarse su lugar, la relación siempre ha sido muy especial, porque nunca he dejado de sentir el apoyo de mis compañeros. Han estado para mí, en las buenas y las malas.

¿Es como una segunda familia?
Para muchos también es la primera, compartimos mucho. Tienes amigos, se crean lazos fuertes. Vivimos momentos tensos y de mucha alegría y todo eso hace que nos acerquemos.

“Este no es un oficio, es una vocación, yo tengo que esforzarme, hacerlo, sentirlo, hay que tener disposición. En un oficio yo marco tarjeta, pero aquí no, porque no existen los horarios”, concluye Andrea.

 

"Creo que el deporte pasa también a ser un ejemplo para mis hijos, de que nada es imposible. Es una actividad de todos, que nos complementa y nos ayuda a superar nuestros miedos”.

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