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EDICIÓN | Noviembre 2015

Atreverse a ser diferente

Juan Roberto Aguiló, freestyler.
Atreverse a ser diferente

Nació sin brazos, por lo que desarrolló sus pies como herramienta de vida. Deportista, publicista y charlista motivacional. JuanRo utilizó la creatividad para superar las barreras, a tal punto que el 2013 se coronó campeón nacional de freestyle football.

Por Jorge Andrés Aldunate I. / fotografía Teresa Lamas G. y gentileza JuanRo Aguiló.

Juan Roberto Aguiló nació hace treinta años en Santiago. Su madre tuvo un problema durante el embarazo, lo que originó una malformación en sus extremidades superiores llamada focomelia. A raíz de esto, JuanRo nació sin su brazo izquierdo, mientras el derecho se desarrolló de forma parcial. Sin embargo, esto no fue un impedimento para que llevase una vida llena de logros y que hoy sea un exitoso publicista dedicado a las charlas motivacionales y un destacado exponente del freestyle en Chile.

¿Cómo fue tu infancia?
Desde chico siempre fui una persona curiosa. Me acuerdo que siempre trataba de superar mis límites. Como nací sin brazos, tenía que hacerlo de alguna forma. Así, de niño empecé a hacer cosas como agarrar lápices, abrir puertas o vestirme sin ayuda. Todo con mis pies. Me sirvió mucho el hecho de asistir a la Teletón entre los cuatro y los doce años, pues allí me ayudaron a desarrollar mis extremidades inferiores. Muchas veces uno se deprime porque no tiene cosas, culpas al entorno, a las circunstancias con las que te tocó nacer. Yo creo que uno tiene que enfocarse en las fortalezas y no tanto en lo negativo. Me enfoqué en mis pies, que son mis mejores amigos. Así empecé a lograr metas y a plantearme desafíos cada vez más complejos a medida que iba creciendo.

¿Y tus inicios en el mundo del freestyle?
Mis primeros recuerdos se remontan al Saint George´s, mi colegio cuando chico. Ahí era típico hacer competencias para ver quién dominaba más la pelota. Como yo utilizaba los pies para todo, siempre tuve buen control del balón. Cuando estaba aburrido en la casa empezaba a jugar contra la pared dominando la pelota y podía llegar hasta mil. En ese entonces debo haber tenido seis años y empecé a dominar cada vezmás y mejor, tratando de ver cuál era mi límite. Luego, comencé a hacerlo sentado por un tema de equilibrio, además, me gustaba, me relajaba y también me cansaba menos. Lo hacía siempre de zurda, mi pierna natural para el deporte y para todo. Para mí, el freestyle más que un deporte o un arte, es una forma de expresarme: es un lenguaje y me siento bien mientras lo ejecuto. Si bien eso no se podía considerar como freestyle, sí fueron mis inicios en dominar la pelota de forma avanzada.

¿Qué rol jugó tu familia a la hora de acercarte al deporte?
Ha sido un pilar importante de apoyo en mi vida. Ahora, en lo que respecta al deporte, yo creo que quien más me apoyó fue mi mamá. Ella es súper deportista. Me acuerdo que cuando chico ella me compraba esas típicas pelotas de Disney de Tribilín. Ahí fue cuando empecé a dominar, salíamos al patio a jugar y hasta el día de hoy ella sigue siendo mi impulsora.

¿Y cómo te desenvolvías con tus compañeros?
Algo importante en mi vida fue tener una actitud positiva, pues a raíz de eso uno genera un círculo de amigos. Yo podría haber sido una persona discapacitada con una pésima actitud y así no habría tenido los amigos que tengo. Creo que uno se crea el entorno, independiente de las circunstancias. Desde chico estuve involucrado en el deporte: tenía educación física como todos, participaba de todas las actividades que mis compañeros hacían, pero las realizaba a mi modo. Yo creo que gracias a mi actitud ellos pensaban que yo también podía hacer todo tipo de cosas. Creían en esa actitud positiva, esa determinación y no me veían como alguien frágil sino como una persona sumamente fuerte.

¿En qué año nace el fenómeno freestyle, cuáles son sus características y en qué etapa de tu vida te involucraste en este mundo?
El freestyle surge como fenómeno mundial, el 2002, gracias a la difusión de las grandes marcas deportivas y a figuras como Ronaldinho. Es un deporte cuya finalidad es hacer trucos con un balón usando cualquier parte del cuerpo. Lo que me gusta es que se puede practicar en cualquier parte y espacio, pues no existe una cancha delimitada.

Yo puedo hacer freestyle en mi pieza cuando está lloviendo o en la plaza con gente a mi alrededor. Además, es un deporte que no requiere muchos gastos: solo un par de zapatillas y una pelota, que puede ser hasta de plástico. Comencé a practicarlo cuando vivía en Estados Unidos, pero a modo de afición con mis amigos. La idea era disfrutar y nada más. Después, ya de vuelta en Chile, me involucré más en este mundo, a tal punto que ya llevo trece años practicándolo.

¿Cómo fue volver a Chile después de vivir en el extranjero?
Primero con mucha tristeza por el hecho de que iba a dejar a mis amigos e iba a perder el contacto con ellos, pues aún no existía Facebook ni ningún otro tipo de red social. Afortunadamente, llegamos a vivir a Viña, donde el gran plus era que seguiría viviendo en una ciudad costera. A mí me encanta la playa y lo que más me gusta es bañarme en el mar y jugar fútbol en la arena. En Viña tenía que terminar mi última etapa escolar y entré a estudiar al colegio Mackay. Si bien al principio me chocó un poco ir a un colegio de puros hombres, me acostumbré rápido y me hice de grandes amigos. Durante todo ese periodo me dediqué a dominar la pelota por mi cuenta y a mejorar mi estilo en el freestyle, hasta que me lesioné el tobillo a los diecisiete años. Posteriormente, ingresé a estudiar publicidad en el DUOC, donde me formé como profesional. Finalmente, regresé a Santiago por razones laborales.

LAS BATALLAS DE JUANRO

En el freestyle football existen varias modalidades, siendo las denominadas “batallas” las más utilizadas en los campeonatos. Son duelos de eliminación directa de tres rondas de tres minutos cada una, con turnos de treinta segundos por ronda para cada jugador. Hay tres jueces que miden creatividad, estilo y control. El vencedor va avanzando etapas hasta alcanzar la final.

Cuéntanos tu experiencia en las competencias que participaste...
Mi primer campeonato fue el año 2008. Hasta ahí solo practicaba como pasatiempo. Me puse nervioso, a lo mejor por el hecho de que aún no tenía superado el tema de exponer mis brazos al público y quedé eliminado en octavos de final. Después, en 2010, fui a un campeonato en Valparaíso y llegué a semifinales. Ya me sentía mucho más libre y seguro de mí mismo y no estaba pendiente de las miradas. En los años posteriores no pude participar a raíz de una lesión, pero en 2013, dos semanas antes del campeonato nacional que organizaba Redbull, me recuperé y me puse a entrenar duro. Me superé y me acordé por qué empecé a hacer freestyle y se me vino a la mente la imagen de cuando dominaba la pelota de plástico de Tribilín con mi mamá. Para mí esa imagen tiene mucho sentido, porque cuando empiezas algo tienes un propósito y era expresarme y comunicarme a través de mis piernas. El día del campeonato llegué y me sentía cómodo, como cuando uno está en el living de su casa jugando Play Station. Recuerdo que en todas las batallas me enfoqué mucho en mis fortalezas, en dominar sentado y en mezclar con baile, pues me había metido en clases de breakdance para tener movimientos que fueran diferentes. Así fui avanzando fases, hasta que pude llegar a la final y gané el torneo, lo que me significó ser el representante chileno en el campeonato mundial de freestyle football, que ese año se realizaría en Tokio, Japón.

¿Y qué significó para ti ganar y representar a Chile en una competencia internacional?
Me sentí feliz. No podía más de orgullo, iba a conocer otra cultura y a personas de todo el mundo que compartían mi misma pasión por el freestyle. En Tokio tuve grandes batallas, algunas las gané y otras las perdí, pero sin duda fue una excelente experiencia conocer a los mejores del mundo en el deporte que practico y hasta el día de hoy seguir en contacto con ellos, ver sus videos y que ellos compartan los míos, todo gracias al boom de las redes sociales.

¿Qué lugares destacarías en Chile para practicar freestyle?
De Santiago me gusta el Parque Araucano y el GAM (Centro Cultural Gabriela Mistral). Ahí nos juntamos con mi grupo que se llama Ataka y con la comunidad de freestyle de Santiago. Somos cerca de cuarenta personas de entre veinte y treinta años que compartimos la pasión por este deporte. En Viña me gusta donde está el reloj de sol de Las Salinas. Ahí la gente puede bañarse en la playa y hacer deporte.

¿En qué proyectos estás hoy?
Una tendinitis me ha imposibilitado realizar la práctica de freestyle, pero no así de seguir pendiente y de colaborar desde otras instancias en este deporte. En el plano profesional, actualmente dicto charlas motivacionales a empresas e instituciones en base a una actitud de superación; coaching y clínicas en terreno para niños y jóvenes utilizando tres conceptos esenciales para alcanzar el éxito: deseo, disciplina y determinación. Hace unos días ofrecí una charla en el Festival Internacional de Innovación Social (FIIS) en el Movistar Arena y estuve hablándoles a más de cinco mil personas que escucharon mi historia de vida.

¿Qué le dirías a quienes no se atreven a llevar a cabo sus sueños?
Yo creo que lo importante es atreverse a ser diferente, que simplemente es buscar en lo que tú eres bueno. Buscar en tus fortalezas, usar tu imaginación y atreverse, porque solo tú sabes de lo que eres capaz de hacer.

 

Contacta a JuanRo en contacto@juanroaguilocharlas.com; web: www.juanroaguilocharlas.com o síguelo en sus redes sociales y ve sus videos en Facebook, Twitter e Instagram: @juanroaguilo.

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