“América, la tierra de la libertad (...) pero donde el presidente nunca es negro, mujer o gay”. Lo escribió Morrissey (56) en America is not the world, la canción que abría You are the quarry (2004), el álbum que lo trajo de regreso tras una pausa discográfica de siete años. Se equivocó y no se ha tomado la molestia de reconocerlo. Porque Steven Patrick Morrissey es así. No retrocede, aunque haya dicho la brutalidad más grande. Como cuando le preguntaron por músicos de apellido Smith, incluyendo a Robert y Patti, y el ex líder de The Smiths dijo que les reuniría y les dispararía. Desde entonces la cabeza de The Cure le odia y se burla de su militante condición vegetariana: “si Morrissey dice que no hay que comer carne entonces comeré carne. Ese es el nivel de odio que le tengo”.
Morrissey vuelve a Chile el 11 de noviembre al Movistar Arena y tres días más tarde encabezará una nueva versión del Festival Primavera Fauna en Espacio Broadway, en la ruta 68. Viene en un momento de su carrera en que da más noticia por sus achaques, condiciones e intentonas literarias, que por sus novedades musicales. Su salud ha cancelado giras incluyendo una que haría por regiones, en 2013; se niega a actuar en recintos donde se venda carne, y lanzó una novela en septiembre —List of the lost— despedazada por la crítica británica, que incluso acusó faltas gramaticales en su redacción.
Por sobre los arrebatos, lo que brilla en Morrissey es un cancionero que logró sobreponerse al monumental legado de The Smiths, sus declaraciones incendiarias —“el pelo largo es una ofensa imperdonable la cual debería ser castigada con la muerte”—, y el misterio en torno a su sexualidad —“desafortunadamente no soy homosexual. Técnicamente soy humasexual. Me atraen los humanos. Pero, por supuesto, no muchos”... Moz 100%, no hay otro.