El Rito no es una película fácil de criticar. Por un lado cuenta con una historia sumamente entretenida y cautivadora; las actuaciones son creíbles (sería difícil ver a Anthony Hopkins representando mal un papel, en todo caso); y el uso de la cámara y efectos especiales son moderados, pero muy originales. Además, me parece valiente que a estas alturas todavía se realicen filmes que tratan sobre posesiones demoníacas; cualquier director o guionista que quiera tocar este tema, se encontrará inevitablemente bajo la sombra de la magnífica El Exorcista. En este sentido, El Rito es más misteriosa que terrorífica, y tiende a invitar a la duda, y a una suerte de contemplación. Gracias a un desarrollo bien logrado, se comienza a empatizar con el dolor y sufrimiento de los poseídos. Al menos en lo personal, dejé de sentir asco o temor; sólo quería que el infortunio de las víctimas terminara. Todo esto suena como a excelente película, pero no: la falta de coherencia es tan tremendamente alta que incluso atenta contra su propio âganchoâ (âSólo puedes vencerlo cuando creesâ). Lo que ocurre es que el Padre interpretado por Hopkins pareciera que se está esforzando por pasar por loco y charlatán, cuando se supone que debe entregar credibilidad. Sobre todo considerando que su âpupiloâ es un joven absolutamente escéptico (nota al margen: ¿no es un poco absurdo que el seminarista más considerado sea aquel que cree más en la ciencia moderna que en Dios?). Personalmente, si un cura al cual vengo recién conociendo, lo veo atender un celular durante un exorcismo, para responder banalidades⦠Bueno, esa es sólo una de muchas manifestaciones de chifladura e insensatez. Pero lo más grave en esta película âen cuanto a incoherenciaâ es por parte de lo que se supone que es el demonio. Se habla hasta el cansancio de que este ser maligno quiere pasar desapercibido. ¿Qué blanco más fácil que un sacerdote joven, inexperto y escéptico? Pero no; el diablo le comienza a demostrar su existencia, a través de pruebas magníficas (hablarle sobre recuerdos que sólo el joven conoce, imitar voces de seres queridos, hacer comentarios acerca de vivencias que él no le ha dicho a nadie). En fin, el absurdo continúa. Aun así, El Rito tiene un paso lento y delicado que me gustó, y que logró mantener mi interés hasta el final. No es en absoluto pretenciosa, así que se puede disfrutar, pese a sus defectos. Recomendable.