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EDICIÓN | Diciembre 2010
New York, I Love You

Título original: New York, I Love You<br /> Reparto: Shia LaBeouf, Natalie Portman, Bradley Cooper, James Caan, Ethan Hawke<br /> Dirección: Fatih Akin, Yvan Attal y otros<br /> País y año de producción: Estados Unidos, 2009<br /> Género: Drama<br /> Duración: 103 Minutos<br /> Calificación: Mayores de 14 Años

Parece que es Ley de Murphy, que cada cierto tiempo aparece en cine una película que no tiene nada que ofrecer, pero que inexplicablemente es ovacionada por los críticos, y nominada a cuanto premio existe. New York, I Love You pertenece a este tipo de cintas. En mi vida había visto una película “seria” con tantos errores factuales (especialmente los relacionados con tecnología), y – aunque parezca increíble- el mismo retrato de Nueva York (¿es tan difícil replicar el diseño y placa de los taxis neoyorquinos? Perdón, pero ¿bares solitarios, en el pleno Manhattan de más de quince millones de habitantes?). No voy a referirme al “gran número de guionistas, incluidos varios actores”, etc., ya que no quiero hacerle propaganda a este filme pseudo-intelectual, basado más en la verborrea (Ethan Hawke saca premio) que en el manejo sutil de las emociones, los gestos, las miradas. El resultado es una serie de cuentos, tan similares uno con el otro en cuanto a personajes, que más bien parece que la película desea postular que en Nueva York todos son clones, o primos hermanos. Hay un filme que se asemeja mucho al que estoy criticando: Cadena de favores (Pay it forward), con Kevin Spacey, Helen Hunt y Haley Joel Osment. En ambas películas, no se busca emocionar ni entretener; se intenta choquear. ¿Es necesario que en una (casi) fluida conversación entre un hindú y una niña a punto de casarse con un judío jasídico, ella muestre que en realidad lleva peluca? Y no se trata de cualquier actriz, sino de la bellísima Natalie Portman. Es decir, ¿quisieron contarnos una historia interracial-intercultural, o hacernos exclamar “ohhhhh, la Natalie Portman se tuvo que pelar al cero”? Y cada historia tiene el mismo corte; la decadencia, las enfermedades congénitas, el suicidio (y el intento de suicidio), parecen intentar perfilarse hacia el drama, o el humor negro, pero terminan simplemente… choqueando. A menos de que alguien considere que una escena de sexo entre un chico “normal”, y una niña en silla de ruedas, sea un gran aporte para el Séptimo Arte, no me queda más que calificar este filme como… Pretencioso y mediocre.

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