Antofagasta fue su ciudad de origen y donde partió su gran pasión por la música, arte que lo motivó a desarrollar una carrera profesional, primero en Santiago y más tarde en Europa. Tras años de ausencia volvió a sus raíces para mostrar lo mejor de su trabajo y su experiencia ganada con esfuerzo, dedicación y disciplina.
Por Soledad Meléndez R. fotografía Andrés Gutiérrez V.
Una noche mágica, protagonizada por las mejores arias del repertorio universal, que estuvo marcada por un bello reencuentro con la ciudad donde inició sus pasos en la música. David Navarro nunca dudó en ir tras su sueño y transformarse en un director de orquesta reconocido mundialmente.
Tras ocho años de ausencia, luego de radicarse en Europa, fue invitado por la Corporación Cultural de Antofagasta a dirigir el sexto Concierto de la Orquesta Sinfónica de Antofagasta, donde compartió escena con su hermano, el tenor Osvaldo Navarro, y el solista de oboe, Eduardo Sepúlveda. La mayoría de los músicos presentes fueron maestros o compañeros de colegio de David. Con gran parte de ellos compartió cuando eran sólo unos niños y hoy son jóvenes que siguen como él esta apasionante carrera.
¿Cómo fue tu reencuentro con Antofagasta?
Fue una experiencia muy emotiva para mí, pude caminar mucho y ver rincones que no había notado nunca de la ciudad. Me acuerdo del día que entré al teatro otra vez, llegué una hora antes para sentir de nuevo toda esa energía de cuando era niño; si a eso le sumas compartir escenario con dos personas que admiro mucho, como Eduardo y mi hermano, fue increíble.
¿Tras este ovacionado concierto te gustaría volver a repetir la experiencia?
Por supuesto. Espero que me inviten de nuevo.
¿Cómo percibiste la ciudad después de estar por años ausente? ¿Consideras que hay avances en materia cultural?
Creo que hacer conciertos gratis es tremendo, ser músico y vivir de esto siempre es difícil, por lo que instancias como estas son un regalo.
Cuando vivía aquí sólo había actividades del LEA, un concierto por mes de la Orquesta Sinfónica de Antofagasta y alguna que otra cosa; ahora hay mucho más que ver y eso habla de lo importantes que son las actividades artísticas para una sociedad.
FORMACIÓN
Al egresar del Liceo Experimental Artístico, David se trasladó a Santiago para estudiar Licenciatura en Artes con mención en Clarinete en la Universidad de Chile, carrera que culminó el 2005. Tras trabajar en varios proyectos, decidió perfeccionarse en dirección de orquesta en Berlín, Alemania. En 2009 se estableció en Bruselas, Bélgica, donde desarrolló un máster en el Conservatoire Royal de Bruxelles. En esta ciudad vive actualmente trabajando como director artístico de la Brussels Philharmonic Orchestra.
¿Cuáles fueron los costos y logros de estas opciones?
Los costos son altos, pero la pasión por lo que se hace te impide verlos. No sé si a los diecisiete años tenía conciencia de lo que significaba ser músico. En cuanto a los logros, soy muy crítico y exigente con mi trabajo, no me trato muy bien; he tenido que aprender a ser más simpático conmigo mismo y validar más lo que hago.
¿Cómo surge la inquietud de ser director de orquesta?
La inquietud surgió cuando niño, siempre me fascinó la figura del director, no tan sólo por el hecho de “comandar” algo. Para mí tiene que ver con representar la música con todo el cuerpo, de que siempre estás aprendiendo algo nuevo, de recibir en primera fila toda esa energía de la orquesta.
¿Cómo se vive la experiencia musical desde este rol?
El rol del director es justificar su lugar y ser honesto con los colegas, consigo mismo y, sobre todo, con la música que está haciendo; conocer la música hasta los “huesos”, reflexionar dos, tres o cuatro veces sobre el porqué de las decisiones, estar siempre abierto a aprender.
SELLO
En su presentación en Antofagasta dejó en claro su sello, caracterizado por la sutileza y la pasión que le permite guiar a sus músicos para transmitir una experiencia única al público, lo que describe como una triada especial en la que interactúan el director, la orquesta y la audiencia en torno a las melodías y las distintas emociones. Cuenta que en Europa dirige a un equipo multicultural, donde en los ensayos la comunicación se hace en tres idiomas. Advierte que no se habla mucho, por lo que los gestos son la forma más eficaz de transmitir las ideas.
¿Cómo definirías tu sello como director?
Como decía el candidato: trabajo, trabajo y trabajo.
¿Cómo se genera la relación con los músicos, donde el mínimo movimiento tiene un significado?
No nací como director de orquesta, fui durante muchos años músico de orquesta, por lo tanto trato de no epetir todo lo malo que vi y que no aporta al buen funcionamiento de los ensayos y sobre todo, durante el concierto. Los gestos, las poses y la corbata significan estrictamente muy poco si del director no “emana” absolutamente nada.
¿Cómo trabajas en torno a la comunicación no verbal y la expresión corporal para transmitir la emoción y pasión que buscas entregar en tu trabajo?
Hay una técnica necesaria que todo director debe tener. Los músicos necesitamos saber cuándo comenzar y cuándo terminar. Ahora bien, yo prefiero los directores que me inspiran, que me proponen un viaje distinto, que aunque no esté de acuerdo con ellos, me convenzan, no por su discurso, sino por su pasión, preparación e imaginación.
¿Hay mucho histrionismo en esta interacción?
Depende del director, es algo muy personal. Todos tenemos personalidades distintas, constituciones físicas diferentes. Creo que lo ideal es que cada participante de la orquesta vea en el director y sus movimientos la música que tiene escrita en el atril.
¿Cómo describes la dinámica que se experimenta entre el director, los músicos de la orquesta y el público?
Para mí es un dibujo claro. Mientras más fluido sea el pasaje entre el director y la orquesta, el público recibirá con mayor impacto el significado de una partitura y, ahí finalmente, compartir y viajar en el mundo de las emociones. Cuando lo logramos, sabemos que hemos hecho la pega.
¿Cuáles son tus próximos desafíos en materia musical?
Lo mejor de esta profesión es que te desafía constantemente, todavía tengo mucho que aprender, existe mucho repertorio, otros idiomas, otras culturas y nuevos libros.
¿Cuál es tu mayor sueño como músico?
Mi mayor sueño no lo cuento, si no, no se cumple.
"Los gestos, las poses y la corbata significan estrictamente muy poco si del director no “emana” absolutamente nada”.