Mi viaje se hace solo al andar, mi ruta en busca de su lugar… Mi rumbo va hacia el sol, mi suerte sin control… Tantas historias que podría contar. Tantas miradas que no pude olvidar… // Ana Tijoux (@ anatijoux) - Rumbo al Sol. Serie documental: Adictos al claxon.
Como una escenografía, como un decorado en tres dimensiones, la ciudad constituye ese lugar ficticio, irreal en la representación que recrea y, en ello, da contexto al texto descrito en el escrito de un guión cinematográfico. Un guion que se hace al andar y que narra mis historias que se encuentran y se funden inevitablemente con tus propias historias, en una escena tan solo de miradas, sin diálogos. Una escena contenida en un solo cuadro en primer plano que desenfoca el tiempo y la profundidad de los edificios iluminados que se fugan hacia el plano del infinito. Tardíos y medio engalanados, se visten de atardecer y glamur propio de aquellas divas urbanas que solo podemos recordar como una especie extinta… Algo particularmente inusual en este lugar…
La ciudad y sus múltiples lugares, según los veo, constituyen una locación espontánea que da dimensión al espacio narrativo, comprendido desde su condición existencial. Así las ciudades generan cine y el cine pertenece a la ciudad y la refleja tal como es. El cine y la ciudad están estrechamente vinculados, ligados en el territorio del tiempo que amarra individualidades y colectividades vinculadas a un lugar. De este modo, uno se inspira en el otro y viceversa… Sin duda, el cine en la era de la imagen, es un referente cultural no solo para el trabajo de un arquitecto.
Un edificio, una fachada, una calle, un parque o una plaza constituyen una parte importante de la gran historia de todos. De la historia que se escribe con fotogramas y fragmentos, con el surco y la incisión que un muro representa, con el vacío que deja una ausencia, en la textura cromática de grafitis incomprendidos, en monumentos que sobreviven y conviven con la diversidad selvática de una ciudad que crece, pero que desconoce la armonía y olvida su propio relato… Una ciudad donde las personas poco se escuchan y prácticamente no se miran a los ojos…
El director alemán Wim Wenders dice que el cine es un arte urbano y estoy muy de acuerdo con él. Respecto de la ciudad dice: “los filmes han presenciado su destrucción durante las guerras, han visto alzarse rascacielos, han contemplado guetos, han visto cómo los ricos se enriquecían y los pobres eran cada vez más pobres…”.
Con esta idea, camino por mi ciudad, por esta ciudad cinematográfica. Busco algo de música esencialmente urbana, algo de buen Hip Hop que como una banda sonora de unidad y profundidad a este guion sin diálogos. Tomo mi chaqueta, mi cámara y salgo en compañía de Ana Tijoux en mis oídos… Sus versos, su a veces dura suavidad son perfectos para viajar por la ciudad, para abrir los ojos y echar abajo fronteras y límites. Salgo a caminar por mi nueva ciudad buscada en finos y sutiles detalles que habitan en la dimensión de la calle, ahí donde la ciudad vive de verdad y la puedes ver directamente a la cara y encontrarte con sus ojos morenos… Así me encuentro y me descubro observando a las personas pasar, uno más entre todos. Ni más o menos importante, ni más o menos nada, solo uno más, anónimo, casi invisible.
La ciudad escribe un guion, su propio guion, que tiene la particularidad de ser el de uno y de miles a la vez… Tantas historias simultáneas que existen en este ahora consciente o inconscientemente, tantos lugares y personas. Pequeñas historias, grandes momentos, ni buenos ni malos, ni héroes o heroínas, solo personas, ciudadanos… Habitantes…
Así, en una diagonal ramblera, me voy rambleando por una rambla distante, algo me recuerda a Los Ramblers, mejor sigo con Ana Tijoux y 1977, su año de la serpiente…