Artista visual, docente y administradora, tres mundos distintos que confluyen en una sola persona, María Soledad González, quien cumple cada rol con energía y compromiso por sus objetivos.
Por Soledad Posada M. / Fotografía Sonja San Martín D.
Desde pequeña tuvo sus intereses claros, el arte guiaría su vida. Se convirtió en licenciada en Artes Plásticas, mención Grabado, luego de pertenecer a la primera generación de la carrera de la UDEC. Hoy, es una reconocida pintora, docente de las carreras de Licenciatura en Artes Visuales y Pedagogía en Artes Plásticas, y hace más de un año: directora de extensión.
En este cargo, sus acciones serán recordadas por la comunidad, especialmente, durante octubre, cuando se cumplieron cincuenta años del mural Presencia de América Latina, de la Pinacoteca, además de todas las iniciativas inéditas que marcarán este 2015, como la salida de una parte de la muestra patrimonial de la Pinacoteca a diversas salas de Concepción, o el mural pintado por los niños de escuelas vulnerables; además de traer el arte urbano a la Pinacoteca, con dos grafiteros a quienes se les brindó una pared para hacer un grafiti al interior de esta sala de arte, entre otros acontecimientos. El objetivo principal de María Soledad era sacar el arte de la Pinacoteca a la ciudad y, a la vez, traer el arte urbano a la Pinacoteca. De hecho, el mensaje de estos cincuenta años es: “Desde la ciudad y para la ciudad”.
Estas ideas logran emocionar a la directora y si con esto consigue entusiasmar a la comunidad a acercarse más al arte, se da por pagada, porque ella no concibe la vida sin arte, sin colores, sin figuras.
¿Tu infancia influyó en tu gusto por el arte?
Una influencia directa por el arte no. En el colegio me gustaba pintar y dibujar más que el resto de mis compañeras. Los trabajos manuales siempre han estado conmigo y soy hábil para eso. No hay duda de que fue heredado de mi madre, nos entreteníamos mucho trabajando juntas. Siempre quise estudiar arte sin tener claro qué área empatizaría más conmigo. La forma y el color lo lograron.
VOCACIÓN
¿Cuál es tu mayor pasión, enseñar arte o ser artista?
Las dos cosas han marcado fuerte mi vida, ya que enseñar a comunicar por medio del lenguaje visual es un privilegio que no creo se sienta con la misma intensidad en las otras áreas del saber, ya que la recompensa se obtiene con un resultado creativo personal que se multiplica por la cantidad de alumnos y sus diversas propuestas. Los alumnos y el profesor se enriquecen con cada respuesta, diferente y creativa, a una misma pregunta. Esa es la diferencia de enseñar el lenguaje visual. El tiempo me ha jugado en contra para desarrollarme como quisiera en la pintura. Soy muy inquieta, hay mucho que hacer y me faltan horas del día, pero sé que vendrán.
¿Cuál esperas sea tu aporte a la Pinacoteca y la Dirección de Extensión?
No quiero hablar de cosas que se hacen cotidianamente cuando se ejerce un cargo, que es hacer que la casa funcione bien; quizás sea muy ambiciosa mi respuesta: me gustaría que toda la comunidad Universidad de Concepción y los penquistas se encanten y le den valor a lo que significa tener una Casa del Arte con las características de esta. Hermosa arquitectura en un lugar privilegiado entre ciudad y universidad, un imponente y maravilloso mural Presencia de América Latina, declarado, el año 2009, Monumento Histórico por el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile y una Pinacoteca con la colección más completa de pintura chilena en el país. Mi inquietud es realizar eventos como el de la celebración del cincuentenario del mural, con exposiciones de nuestra colección en casi todas las galerías de Concepción y abriendo las puertas de la Casa del Arte al arte urbano para así atraer otros públicos que habitualmente no vienen. Al estar dentro no querrán irse y el público que va a las galerías se encantará con las obras y, de esa manera, vendrá en busca de más. Así la Universidad de Concepción y su importante patrimonio estará mucho más vinculado con todos los penquistas sintiéndolo más propio.
¿Cómo logras acercar a las personas al arte?
Estamos realizando muchas actividades culturales gratuitas para todo público, no sólo de plástica, sino también de literatura, “Concepción en 100 Palabras” es algo de eso, pero también ofrecemos ciclos de cine, charlas dictadas por profesores de la Academia de Artes de la Pinacoteca, Cafés Científicos, ciclo de documentales MiraDoc, exposiciones permanentes y transitorias de destacados artistas en la Casa del Arte; en alianza con la Corcudec, realizamos charlas para descubrir la música con invitados nacionales e internacionales y conciertos de cámara gratuitos para la comunidad, entre otras actividades. Y por supuesto, la gran instancia de acercamiento con la comunidad, que es la Escuela de Verano, que vincula, convoca y hace un llamado a la comunidad para conectarse con la cultura y las artes en todas sus manifestaciones, durante tres semanas de enero.
ARTE
¿Quiénes son tus referentes artísticos?
Tuve tan buenos profesores en todas las áreas de la plástica, mientras estudiaba en la universidad, que no fue difícil decidir qué hacer y ver qué camino seguir. No puedo dejar de nombrar a Eduardo Meissner, mi profesor y amigo. A Pedro Millar, cuya ausencia se siente. Los admiré como estudiante y ahora son parte importante de mi vida.
“También, admiradora de Vasarely, Matilde Pérez, Le Parc y el Arte Cinético. Siempre me ha llamado mi atención, donde la obra cobra vida y movimiento que habla y encanta. Albers, Tapies y muchos otros que usan los planos de color con una sutileza que permite ver, volver a ver muchas veces y siempre hay algo nuevo que comunican, son obras que están hablando constantemente”.
¿Cómo definirías tu obra?
Mi obra siempre parte de la realidad, de una realidad que haya causado en mí un impacto, ya sea por su belleza o por su crudeza, para luego ser transformada en una realidad que me pertenezca. Es obra abstracta con un lenguaje sugerente. Trato que el espectador sea el traductor.
¿Qué opinas cuando alguien dice “yo no entiendo nada de arte”?
Es una frase que se usa mucho, y muy livianamente. No se trata de no entender el arte, hay que dejarse sorprender por este.
Los alumnos y el profesor se enriquecen con cada respuesta, diferente y creativa, a una misma pregunta. Esa es la diferencia de enseñar el lenguaje visual”.