Trabaja todo el año para visibilizar a grandes mujeres. Desde profesionales destacadas hasta pobladoras esforzadas, todas impactan con sus acciones y provocan consecuencias. Cada año premia a un grupo de ellas en una iniciativa que crece y motiva cada día a más personas a hacer la diferencia.
Por Mónica Stipicic H. / Fotografía Andrea Barceló A.
Durante largo tiempo el tema de las mujeres le dio vueltas. Estudió Pedagogía y trabajó muchos años como profesora de inglés. Participó activamente en los centros de padres de los colegios de sus cuatro hijos y ahí aprendió sobre trabajo en equipo y liderazgo.
Como parte de ese proceso, tomó un curso de liderazgo donde aprendió a conocer aspectos de su propia personalidad y de la forma en que las personas interactuaban. Se transformó en ayudante de ese mismo curso y planteó la posibilidad de realizar un taller especial para mujeres. “Estudié en el Villa María, donde tener personalidad era muy importante y donde el concepto del You can do it estaba muy arraigado, pero me di cuenta de que a las chilenas nos cuesta creernos el cuento, aunque tenemos todos los elementos necesarios para llegar muy lejos”.
¿En qué notaste esas carencias?
Me llamaba la atención que en las fotos sociales, por ejemplo, siempre aparecieran puros hombres y si había una mujer sólo era una modelo o una promotora. Además, en las reuniones de trabajo la mayoría eran hombres y a las mujeres les costaba mucho validar sus propias ideas. Y descubrí que la mayoría del tiempo eran trancas nuestras, no responsabilidad de ellos.
En medio de esta reflexión fue invitada a trabajar con Carolina Schmidt en el Servicio Nacional de la Mujer, donde llegó a hacerse cargo de la evaluación de proyectos. “Ahí se produjo el clic… teníamos que hacer algo. Conocí mujeres de todas las tendencias políticas y de todos los mundos, vi cosas muy duras y decidí que era necesario crear espacios para todas”.
No sabía muy bien por dónde empezar, al principio sólo sabía que quería hacer algo para la mujer. Y partió por convocar a un grupo de amigas y conocidas a tomarse un trago y escuchar sus ideas. Al principio todas engancharon, pero obviamente el grupo se fue reduciendo. Mientras tanto, en el colegio de sus hijos conoció al entonces director del diario Publimetro, Matías Carvajal, con quien definió la idea de organizar un premio que destacara a mujeres por su labor y por cómo, a través de sus actos, valorizaban su género.
Entonces se lanzó en una campaña para recolectar historias de mujeres. Y, por supuesto, salió a la calle a buscar apoyo. “La respuesta fue increíble. Al poco tiempo ya teníamos apoyo de Copec, del Banco de Chile e Iberoamerican Radio. También fue muy importante la Universidad Católica, ya que su rector, Ignacio Sánchez, nos ofreció cursos online de regalo para las ganadoras”.
¿Cómo recuerdas esa etapa?
Quería instalar el concepto de “arquitectas del cambio”, porque se trataba de mujeres que construyen realidad donde no existía. Nunca se me va a olvidar una de las primeras historias que recibimos. Era de una mujer de San Ramón que después de una depresión decidió limpiar la población en que vivía y que partió sola con su escoba barriendo las calles y terminó transformando en una plaza lo que antes era un basural, donde el primer año celebró una Navidad para trescientos niños.
INSPIRAN O IMPACTAN
El 2013, fue la primera convocatoria al premio Mujer Impacta. Se recibieron cientos de historias y la primera selección dejó cuarenta. Fue difícil hacer el corte, pero la idea era medir impacto y repercusión, determinar en qué medida esa historia podía ser inspiradora y qué continuidad tenía en el tiempo, porque no servían proyectos que podían morir en el corto plazo.
¿Siempre pensaste en que Mujer Impacta fuera sólo el premio?
Al principio partí con una página web, con información y gente que escribía artículos, pero a poco andar me di cuenta de que no valía la pena, que en internet pueden encontrarse miles de lugares así; lo que nosotros teníamos que hacer era buscar historias que impactaran y ayudaran a otras mujeres. Historias que cambiaran el mundo y que, al mismo tiempo, al darles difusión pudieran motivar a más gente a colaborar con ellas.
Desde entonces, cada semana, María Paz entrevista a una mujer que inspire o impacte. La mayoría de ellas tiene un perfil más público y a través de ellas se van asomando historias más anónimas,que muchas veces son, al final, las candidatas a recibir el premio. “Es importante hacer la distinción entre las mujeres que inspiran y las que impactan. Por ejemplo, Susana Rocatagliatta es una mujer inspiradora, que no se quedó en su dolor sino que construyó desde ahí. O mujeres como Karen Ebensperger o Denisse Ratinoff. A ellas les damos visibilidad, pero a las que premiamos son a aquellas que impactan.
¿Qué historias te han impresionado?
Todas tienen algo muy fuerte. Recuerdo especialmente a Patricia Beltrán, una ex monja que dejó los hábitos para dedicarse a acoger y reinsertar mujeres que ejercían la prostitución a través de la Fundación Betania Acoge. Después del premio le donaron una casa, así que imagínate. O Andrea Hernández, que vive y se dedica a alimentar niños en La Pintana, en un comedor gigante donde recibe todos los días a más de cuarenta niños.
La tercera entrega se realizó el 27 de agosto pasado y en ella se otorgó el galardón a siete mujeres extraordinarias: Nicola Schiess, fundadora del Teatro del Lago; Bárbara Soto, creadora del primer after school en nuestro país; Carolina Pérez, conductora del programa radial Saliendo a flote, quien además sufre discapacidad; Claudia Caroca, del programa de sustentabilidad Cárcel 2.0; Fabiola Salinas, directora del grupo folklórico Raipillán en La Legua; Nora Valencia, directora de la Fundación Santa Clara que acoge a niños con VIH; y Pía Salas, quien ayuda a la reinserción de menores que viven en las caletas del Mapocho a través de la Fundación Abrazarte.
Todas las ganadoras pasaron por el mismo proceso. La primera etapa, de la postulación, generalmente la realizan terceras personas: hijos, amigos o personas que se han visto beneficiadas por sus obras, las proponen como candidatas. Se reciben, aproximadamente, ochenta historias, la mitad de las cuales califica bajo la premisa de “impactar”. El primer corte deja treinta casos y las finalistas son quince, “a ellas las llamamos, las conocemos y las presentamos”. Al final, y después de complejas deliberaciones, se llega a las siete galardonadas.
“En los colegios seguimos enseñándoles a los niños acerca de las grandes mujeres de la historia, pero nadie habla de estas mujeres, que no habrán ido a la guerra, pero son impresionantes, que no han escrito un libro pero van a escribirlo algún día o alguien va a hablar de ellas. Eso es lo que buscamos”.
¿Cuáles es tu motivación para dedicarte a una labor como esta, que claramente no te genera beneficios económicos?
Mujer Impacta logra sacar de mí lo mejor del cielo y la tierra. Tiene un lado espiritual que es muy fuerte y lindo, y otro material, que es mostrar lo que realmente pasa en el mundo. Me llena por completo y soy profundamente feliz en lo que hago, llevo las historias de estas mujeres todo el tiempo, adonde sea que vaya. Y eso me encanta.
"En los colegios seguimos enseñándoles a los niños acerca de las grandes mujeres de la historia, pero nadie habla de estas mujeres, que no habrán ido a la guerra, pero son impresionantes, que no han escrito un libro pero van a escribirlo algún día o alguien va a hablar de ellas. Eso es lo que buscamos”.