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EDICIÓN | Octubre 2015

Color y naturaleza

Mónica Méndez, bonsái de papel.

Le gusta la cultura japonesa, pero nunca le gustó la idea de someter árboles al proceso que implica hacer un bonsái. Por lo mismo, aprovechó su talento, la facilidad para trabajar el papel y su imaginación para crear pequeñas y coloridas obras de arte.

Por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.

Mónica Méndez estudió Ingeniería en Sonido y trabaja como generador de caracteres en Chilevisión (a cargo de los textos que aparecen constantemente en pantalla), pero es el trabajo con las manos lo que realmente le apasiona, lo que le llena el alma y lo que sueña hacer todo el tiempo.

“Es un don que tengo desde chica y que he ido perfeccionando con algunos cursos. Por ejemplo, cuando estaba en la universidad conseguí ir de oyente durante dos años a una cátedra de dibujo de figura humana. No tengo una formación profesional pero sí muchos talleres manuales”, explica.

Se nota que el arte la conmueve. También le encanta la música, estudió canto lírico y aprovecha sus pocos ratos libres para trabajar en una fundación que recoge perros abandonados. Corre todo el día, es cierto, pero la calma llega al momento de enfrentarse al papel. “El papel siempre me ha llamado la atención, me parece un material muy dúctil y fácil de trabajar, pero además es bastante resistente, nada de frágil como pudiera pensarse”, dice.

¿Cómo llegaste a los bonsái?
Me gusta mucho la cultura japonesa, siempre me ha llamado la atención. En algún momento, incluso, tomé clases para aprender el idioma. Y los bonsái me encantan, pero siempre me han dado un poco de pena por lo que implica para el árbol. Por eso se me ocurrió fabricarlos de otra forma, partí usando ramas secas, pero se quebraban con mucha facilidad. Por tutoriales en internet había aprendido mucho de la técnica de origami y me di cuenta de que podía hacer los bonsái en papel.

La técnica es completamente suya. Para los troncos usa papel de revistas, que es más resistente, torchado, es decir doblado y apretado en varias capas de papel, pintura y cola fría hasta que vaya tomando la forma y consistencia requeridos. Para las flores utiliza papel crepé o de seda, siempre en colores muy llamativos.

El proceso es bastante lento, porque cada una de las capas demora algunas horas en secar, por lo que muchas veces Mónica trabaja varios árboles en serie, para mantener bajo control los tiempos de cada uno de ellos. No hay dibujos ni maquetas: “Yo visualizo, voy mirando árboles todo el tiempo en la calle. Veo lo que quiero hacer y dejo que nazca solo, porque cada uno va buscando su forma”, dice.

¿Están basados en árboles reales?
Hago muchas azaleas, buganvilias, pero también algunos que nacen de mi imaginación. También trabajo a pedido, una vez me pidieron que hiciera un Cafeto y otra vez un Pino, pero normalmente lo que busco es lograr el mismo efecto que logran los bonsáis reales.

¿Cómo llegas a tus clientes?
He entregado en tiendas pero no me gusta el sistema, porque terminan vendiéndolos demasiado caros. Me funciona muy bien la venta on line, en Facebook y en el sitio www.bonsaidepapel.cl. Tengo encargos todo el tiempo y me organizo para trabajar todos los días en esto, hace poco formé una empresa y la idea es aumentar cada vez más la producción.

¿Te gustaría dedicarte por completo a esto?
Sí, esto es lo mío. No es un pasatiempo, para mí es mi segundo trabajo y me encantaría que algún día fuera el único.

 

La técnica es completamente suya. Para los troncos usa papel de revistas, que es más resistente, torchado, es decir doblado y apretado en varias capas de papel, pintura y cola fría.

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