El trabajo, la capacidad de reinventarse y la constante búsqueda de nuevos desafíos han hecho de este hombre un gran referente de la industria vitivinícola de la zona. Después de una destacada trayectoria, su espíritu activo y las ganas de compartir sus conocimientos y experiencia, lo llevaron a impulsar un nuevo modelo de negocio que consiste en la prestación de servicios de vinificación, elaboración, envasado y etiquetado, los cuales ofrece con éxito desde la viña Los Nogales, ubicada en Tutuquén, Curicó.
Por Bernardita Watkins V. / fotografía Andrea Barceló A.
Antes de llegar a su casa, donde habíamos acordado realizar esta entrevista, sabíamos que sería una experiencia diferente. Fue él quien propuso que nos reuniéramos ahí y, sin duda, su intención, además de mostrarnos el precioso entorno de viña Los Nogales, era dejarnos ver cómo vive y respira el negocio del vino.
Ubicada a pocos minutos de Curicó hacia la localidad de Tutuquén, viña Los Nogales es una propiedad de sesenta hectáreas, de la cual sólo se ve una pequeña entrada desde la carretera. Al ingresar, impacta el cuidado paisaje natural con árboles milenarios que conviven en perfecta armonía con las viñas y la bodega. La casa, construida hace trece años, deja ver el cariño y cuidado con el cual este hombre de ochenta y dos años realiza las cosas. Cada espacio está pensado… la luz, la vista, el piso y cada detalle. El lugar es precioso, realmente el tiempo se detiene, y cómo no, si nuestro anfitrión abre las puertas de su casa con una generosidad y cariño tremendo.
La primera parada es justamente en su “refugio”, un lugar al que se accede bajando unas escaleras desde la cocina y donde guarda sus vinos en muebles hechos con sus propias manos. Miles de fotos, recuerdos, anécdotas e historias que nos entretuvieron un buen rato, mientras elegíamos el vino que tomaríamos al almuerzo. Elegimos un Zinfandel. “Me gusta que las personas bajen y elegir juntos lo que vamos a tomar, elegir el vino tiene todo un cuento… a mi jamás se me habría ocurrido abrir esta botella”, comenta feliz de poder compartirla con nosotros.
¿Cómo parte su historia en Los Nogales?
Al llegar a Chile, mi padre compró un fundo en Parral, donde se suponía que nos iríamos a vivir con Josette, mi señora. Yo estudié en la Escuela Agrícola de Montpellier, Francia, porque sabía que trabajaría vinculado al mundo del vino. Sin embargo, en 1956, cuando regresábamos de nuestro viaje de luna de miel, se compró esta propiedad y los planes cambiaron. Nos vinimos a vivir aquí y comenzamos a construir nuestra historia en Los Nogales.
¿Cómo fueron esos primeros años?
No fue fácil, trabajamos con mucha pasión y dedicación. En ese entonces ya había viñas, pero fuimos mejorando su calidad y variedad. En 1958 se hicieron algunas reparaciones en la bodega que estaba en muy mal estado e iniciamos el negocio de la compra de uva para hacer vino a granel, que se vendía a bodegas elaboradoras de Santiago. Por otra parte, la casa era un desastre… fuimos poco a poco arreglándola, pero llegó un momento en que, literalmente, se estaba cayendo a pedazos, las paredes de adobe no daban más y entre tanta reparación, decidimos darnos el gusto de nuestras vidas: echarla abajo y construirnos esta casa que está en medio del patio de la antigua casa. En esta tierra hemos construido nuestra familia y nuestra historia a pulso, aquí está mi sudor, esto no se hizo solo, aquí también nacieron y crecieron nuestros cinco hijos. Hoy tenemos, además, veintidós nietos y un bisnieto.
REINVENCIÓN Y NUEVOS DESAFÍOS
Durante años, Los Nogales estuvo dedicada a la elaboración de vinos a granel, hasta que, en 1987, Grand se asoció con Aurelio Montes, Douglas Murray y Alfredo Vidaurre para formar viña Montes, la cual funcionó durante veinticuatro años en la bodega de Viña Los Nogales. El año 2012, Pedro Grand da un giro a su modelo de negocio vitivinícola y comienza con la prestación de servicios de vinificación, elaboración, envasado y etiquetado para la industria del vino con toda la experticia, tecnología e instalaciones de vanguardia, junto a un equipo profesional de primer nivel.
¿Cuéntenos sobre lo que actualmente se está haciendo en Los Nogales?
Buscamos traspasar a otras viñas nuestro conocimiento y compartir nuestra tecnología, presentándola como un servicio de nivel internacional. Tenía la experiencia, infraestructura, equipo humano y fue así que echamos a andar este negocio en el que ofrecemos los servicios de vinificación, elaboración, envasado y etiquetado. Comencé con un cliente y fueron llegando otros… actualmente contamos con tres clientes que exportan bastante y cuatro con volúmenes mas pequeños. Lo que hoy me motiva, es prestar los mejores servicios y de la más alta calidad con el mejor equipo.
¿Qué les diría a las personas que eligieron Los Nogales para hacer sus vinos?
Ellos saben mucho más que yo. La satisfacción más grande para mí, es saber que hacen un buen trabajo aquí, que están contentos, que producen un buen vino. Me motiva cada día saber que quienes elaboran sus vinos acá, están felices porque venden muy bien sus vinos, eso para mí es fantástico.
¿Cuál es su evaluación de este negocio?
Han sido años de mucho crecimiento en gestión, certificaciones y aprendizaje del equipo humano. También ha sido importante la inversión en equipos y tecnología más moderna. Estamos con mucho entusiasmo y energía.
En Los Nogales hay distintas variedades, ¿piensa producir vino?
No. Por el momento vendo la uva que se produce acá, de este modo a nuestros clientes les ofrecemos exclusividad.
¿Cuantas botellas se producen anualmente en Los Nogales?
Cuatro millones de botellas año.
¿Qué capacidad tiene su bodega?
Ocho millones de litros anuales, es ideal para vinos reserva, está pensada para pequeños volúmenes. Pienso que podría crecer hasta en uno o dos millones de litros si un cliente lo requiriese, pero nunca más que eso, aquí no apuntamos al volumen.
¿Qué opinión tiene del vino que se produce en grandes volúmenes?
La tecnología ha cambiado tanto que hoy en día se hacen vinos en grandes volúmenes de súper buena calidad.
¿Cual ha sido la clave se su éxito?
He pasado momentos muy difíciles que se han podido revertir gracias al equipo que tengo. Ese es mi mayor éxito y lo más importante de todo. Hábleme de su equipo de trabajo La suerte más grande que tengo es haber formado este equipo en el que confío plenamente. Me puedo desaparecer tres meses y no debo decir nada a nadie, todo sigue funcionando exactamente igual, porque cada uno sabe qué debe hacer. Mi núcleo cercano lo forman pocas personas.
Eso no es suerte...
Es haber sabido darles la confianza, el espacio, haber sabido delegar. Las confianzas se van construyendo.
¿Y como se relaciona con el resto de los trabajadores?
Cada uno sabe lo que tiene que hacer... Si veo algo mal, jamás se lo diría a un trabajador en el campo, ¡jamás! Se lo digo a Ximena Torti (directora ejecutiva) y ella se las arregla... a mí no me pregunten nada, la que manda aquí es ella, nunca doy una orden, no se me ocurriría ni de la cosa más elemental.
Usted ha dicho que el mundo del vino no es un camino fácil. ¿Qué debe considerar una persona que quiere dedicarse a esto?
Hay que ser muy autocrítico. Todos creen que el vino propio es el mejor y considero que ahí está el gran problema de la vitivinicultura chilena; todos creen que hacen lo mejor que hay.
Y no es así. Una viña plantada aquí no tiene nada que ver con una viña plantada en otra parte, entonces hay que convencerse de que uno no necesariamente hace el mejor vino. Por ejemplo, yo aquí arranque casi todos los tintos… porque no se dan tan bien. Los blancos, en cambio, se dan bastante bien. Mi apuesta, entonces, va por los blancos.
¿Qué consejo le daría a quien está comenzando este camino?
Que se asesore por alguien que realmente le diga si de ese suelo saldrá o no un buen vino. Segundo, en Chile, hasta hace poco, se plantaban todas las cepas juntas en un mismo campo y cuando se planta de todo para tener de todo, no hay nada bueno... Hay suelos para cada cepa y no se pueden mezclar las cosas. Por otra parte, se terminó la época en que se plantaban estaquitas de viña que daban raíces y salía la planta. Ahora es todo más científico, Se deben poner porta injertos, adecuados para cada tipo de suelo, clones buenos. Cada suelo tiene su porta injerto y cada planta tiene una convivencia con un tipo de porta injerto. Para eso, hoy en día hay muy buenos viveristas que han traído esa tecnología desde Europa. Quienes piensan que sacando una estaca a una viña y que en dos años tendrán una parra... ven una economía súper mal entendida... esa planta nunca dará buenos frutos... Para hacer un buen vino se debe saber elegir el suelo, la variedad y el porta injerto, entre otras cosas. Hay que asesorarse por gente que sabe, porque cada suelo y cada planta tienen su lugar.
¿Cual es su opinión de la ruta del vino en Curicó?
Creo que le falta una imagen más definida. A la ruta de Colchagua uno entra y hay ambiente, se nota que la gente se esforzó por tener algo bonito. Aquí se han armado salas de venta, pero creo no hay algo que refleje un cariño especial, un lugar que refleje la pasión por este negocio... quizás la solución sería sostener reuniones con las bodegas y las personas que están en la ruta para impulsar un cambio de imagen. Propongo algo intermedio, sin irse a los extremos, algo que no sea ostentoso, sino más bien sencillo. Aquí en la ruta del vino de Curicó hay mucha gente trabajadora, honrada y visionaria. Además, creo que la cosa geográfica puede ser una gran ventaja, la diversidad y variedad siempre son una ventaja.
"Me motiva cada día saber que quienes elaboran sus vinos acá, están felices porque venden muy bien sus vinos, eso para mí es fantástico”.