Una vez más, la tierra nos recuerda que habitamos el país más sísmico del mundo. Una vez más, nos remece con la fuerza de sus entrañas y nos deja devastadoras marcas. Esas huellas inquietantes de un mar que hizo lo suyo, arrasando con todo a su paso, y que han quedado inmortalizadas en este registro gráfico, revelando solo una parte del dolor y desolación de aquella inolvidable noche del 16 de septiembre.
Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
El ánimo y entusiasmo fulgurante, tan propio de nuestras Fiestas Patrias, se detuvo abruptamente a las siete de la tarde con cincuenta y cinco minutos. La activación de la alerta de tsunami provocó el éxodo de más de sesenta mil personas en todo el borde costero, hacia las zonas seguras. Una noche inquietante, que se prolongó hasta el amanecer, cuando miles de rostros observaban, atónitos, el caos, el desamparo y la destrucción.
En estos casos, las palabras sobran. Más aún, cuando el último reporte oficial y hasta el cierre de esta edición, indicaba que once personas perdieron la vida durante esta catástrofe natural. Duro golpe para las familias de las zonas más afectadas, que además, debieron levantarse y, con pala en mano, remover entre escombros, algo de sus enseres y recuerdos. Duro golpe para el puerto de Coquimbo, Illapel, Los Vilos, Ovalle, Montepatria y Tongoy.
ZONA CERO
Nuestro fotógrafo, Patricio Salfate, recorrió la Zona Cero durante la mañana siguiente al 16-S. Cada una de sus imágenes refleja los efectos de un tren de olas que, sin clemencia, siguió su curso natural, azotando gran parte de las viviendas, embarcaciones, caletas y locales comerciales del puerto de Coquimbo.
A un mes de este indeleble episodio, rememoramos lo frágil que somos frente a la naturaleza y el cómo, en tan solo minutos, quedamos a su merced.