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EDICIÓN | Octubre 2015

Testimonios de identidad urbana, La Serena clásica e inmemorial.

Hernán Cortés Olivares, académico e historiador de la Universidad de La Serena.
Testimonios de identidad urbana, La Serena clásica e inmemorial.

La proyección de Europa y España sobre América tuvo, por esencia, una motivación urbanizadora. El tema de la ciudad es necesariamente histórico, pues significa buscar las líneas que permitan tipificar los procesos y conceptuar en sus orígenes las relaciones y sus significados. Constituye encontrar las fuerzas modeladoras de la ciudad que desembocaron en formulaciones de una singularidad o identidad única e insoslayable.

La ciudad de La Serena y sus habitantes, desde la periferia virreinal o los epicentros del poder real, han recibido una cantidad de adjetivos calificativos para sintetizar su inaprehendible identidad. En la Real Cámara de Su Majestad, en 1590, se leía un Informe sobre lo que sucedía en Chile, señalando que es “habitada por andaluces y extremeños, más dados a la vida de fiestas y jolgorio, pompa, boato y prosapias familiares que de un espíritu de servicio a la Corona”.

Con el tiempo, progresistas y liberales, nos han apuntado como sociedad de beatos, santurrones y conservadores por tener la mayor cantidad de iglesias, parroquias y oratorios que en el resto de las ciudades, lo que no es sino el resultado de la administración de las Cajas de Comunidad indígenas por parte de la Iglesia, cuyo sesmo del oro perteneciente a los indígenas, era solicitado como crédito para comprar tierras, edificios o construir la típica casa andaluza de tres patios y jardines interiores. El adobón árabe reemplazaba la piedra sillar. Los sacerdotes mercedarios, jesuitas, dominicos y franciscanos, al extinguirse o desintegrarse la sociedad indígena, pasan a ser sus herederos universales, pues deberán abogar por las almas oficiando cientos de misas ad eternum. La fragilidad de la vida cotidiana, acechada permanentemente por sequías, terremotos, aluviones, tsunamis, la guerra permanente en la frontera de Arauco y la amenaza de piratas y corsarios, gesta una filosofía de vida de temor a Dios, pero con la convicción de vivir cada día a plenitud, arropados por su entorno familiar, al cual solo ingresan quienes superan las desconfianzas.

La fisonomía barroca de La Serena y sus habitantes se desarrolla cada día en todas las plazuelas de los conventos e iglesias que fueron escenario de sociabilidad, donde concurren todas las castas de negros, blancos e indios mostrando su devoción al Santo Patrono de la ciudad, la Semana Santa con un Vía Crucis que recorría toda la planta urbana. Las celebraciones reales que duraban veinte días hasta que se consumía todo el vino y la comida preparada para el pueblo. La única plaza central de armas permaneció durante trescientos doce años sin mayores alteraciones, siendo el escenario de todas las manifestaciones culturales, religiosas, políticas y militares. En 1857, por primera vez se trata de levantar una pila de agua con jardines y árboles al estilo de Nueva York.

Anteriormente, en 1821, se promueve el proyecto de construir una Alameda al estilo francés, para recreo y distracción pública, a continuación de la Portada de Fernando VI. Su diseño contemplaba hileras de árboles, álamos y sauces, asientos de ladrillos con algunas fuentecillas en el centro del paseo rodeadas de asientos de losa. Por muchos años fue el único paseo hasta que la municipalidad, en 1855, levanta el proyecto de construir un paseo público en la quebrada de San Francisco, que uniría los baños del mar con el centro de la ciudad.

En 1876, se habían construido siete cuadras con dos cauces de losa caliza, en sus costados se plantaron álamos blancos, acacias, plátanos orientales y moreras. La calle central era exclusiva para los paseantes y las calles de los costados para el rodado de carruajes y carretas. Para el descanso de los transeúntes se colocaron sofás campestres de hierro y madera, y otros de losa. En la noche, el paseo era alumbrado con faroles a gas ubicados al centro y en línea recta. La modernidad liberal irrumpía abruptamente el sueño colonial.

 

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