Muros blancos —tentación inescrupulosa de grafiteros y rayados— se transforman, paso a paso, en galerías y vitrinas inspiradas en la cultura diaguita, pueblos precolombinos y leyendas del Valle del Elqui. Embellecer la ciudad y aportar con símbolos de identidad es la propuesta de este joven licenciado en arte y gestor cultural.
Por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.
Nació en Vicuña, comuna del Valle del Elqui, y es aquí donde se puede apreciar gran parte de sus intervenciones. A través de la técnica del muralismo, Rodrigo Rojas (31) ha podido dar cabida a una manifestación de arte callejero, donde se aúnan una serie de elementos que nos identifican como región y país.
Estudió Licenciatura en Arte y Diseño en la Universidad de La Serena y más tarde hizo un diplomado en gestión del desarrollo de la cultura local en la Universidad de Chile. Esto último, lo llevó a dedicarse, por tiempo completo, a la producción de eventos musicales, tocatas, obras de teatro y exposiciones.
“Hubo un tiempo en que el arte no fluía. Extrañamente, dejé de crear y diseñar y me dediqué a la gestión cultural en Vicuña. Ahora, siempre sentí que lo mío iba por el camino del muralismo y me interesaba por aprender e investigar en libros o en Internet. Una técnica muy distinta a lo que son los tags, las firmas o rayados de los grafiteros, cuya intención es más bien anárquica, rápida y en lugares prohibidos. Nunca me interesó eso, porque siempre he buscado entregar arte”, comenta Rodrigo.
¿Y en qué momento te reencuentras con el arte y diseño?
Decidí viajar a Perú, porque me estaba enfermando y tenía la certeza de que en este viaje me reencontraría con el arte. Siempre me ha llamado la atención la cultura andina y, definitivamente, tiene una gran influencia en mi trabajo. Estuve tres semanas recorriendo Cuzco, Machu Picchu, Aguas Calientes y otros sitios. Al regresar tenía muchas ideas en mi cabeza y me di cuenta de que con esfuerzo y perseverancia podría generar un trabajo artístico de muy buen nivel.
¿Fue un viaje productivo, entonces?
Generó un cambio en mi visión del mundo, sin embargo, aún sentía que no estaba del todo preparado. Una noche paseando por Vicuña, me encontré con una chica que estaba pintando un mural. Me bajé del auto y conversamos. Después de este encuentro, algo pasó que removió mis ganas de pintar.
¿Descubriste lo que era?
Su energía y felicidad que sentía al pintar. Me transmitió todo eso que, sin duda, fue determinante en mi inspiración. Nunca más la volví a ver…
FREESTYLE
Rodrigo tiene varias maneras de trabajar un mural. Afirma que la primera es libre, de inspiración personal y con una visión muy propia y particular de lo que quiere interpretar. Otra, es por encargo, pero con temáticas que lo identifiquen.
¿Qué elementos confluyen en tus propuestas?
Todo tiene directa relación con nuestra identidad y la cosmovisión andina, por ejemplo, la cultura diaguita con sus cerámicas, los petroglifos, el arte rupestre molle, leyendas y pasajes de Vicuña. Generalmente hago uso del freestyle o de la improvisación. En una croquera hago el dibujo, luego lo traspaso en el muro y lo pinto con técnica mixta, uso brochas, pinceles, rodillo, aerosol y pinturas de esmalte al agua.
¿Qué cosa, por ejemplo, no pintarías?
No pintaría publicidad de marcas, porque se escapa de la línea de mi trabajo. Me gusta dejar mensajes y que la gente entienda lo que quiero transmitir.
¿Te han prohibido intervenir un muro?
¡Nunca! Todo lo contrario, la gente agradece estas intervenciones.
¿Hay algo de ego en dejar tu registro en estos muros?
En cierta forma sí. Intervenir un muro blanco en plena Alameda o que esté bien ubicado es una vitrina para mí. Además, tiene un propósito positivo porque cuando hay un mural, los grafiteros no lo rayan. Hay respeto por el arte y son códigos que se mantienen entre muralistas y grafiteros.
CIUDAD SIN RAYAS
Las intervenciones de Rodrigo son reconocidas por transeúntes, artistas y autoridades locales. Sus murales están en diferentes lugares del Valle del Elqui, entre ellos, Vicuña, Lourdes, Diaguitas, Pisco Elqui, Coquimbo y La Campana.
¿Quienes te solicitan pintar un muro?
Artesanos de ferias culturales, grupos de artistas y propietarios de tiendas. Ahora, parte de mi trabajo es plantear la necesidad. Cuando veo un muro rayado, propongo hacer una intervención artística para evitar que lo sigan haciendo. Mi intención siempre es aportar.
¿Cuál es tu visión respecto a las rayas y grafitis malintencionadas en muros, esculturas y mobiliario?
Es una manera de expresión muy mal encaminada y creo que falta trabajar con los jóvenes grafiteros para crear conciencia de nuestro patrimonio. Yo haría talleres con muralistas connotados para que trasmitan su experiencia y conocimiento a este grupo de jóvenes y, así, elevar el nivel hacia el muralismo.
¿Cuál es tu mural más significativo?
Siempre es el último, pero creo que aún no he hecho el más importante…
¿Y algún espacio que quisieras intervenir?
Los pasos bajo nivel de La Serena y Coquimbo. Son espacios muertos, muy transitados e, incluso, contaminados con cientos de rayas y afiches. Ahí falta arte y serían una excelente galería.
"Estuve tres semanas recorriendo Cuzco, Machupicchu, Aguas Calientes y otros sitios. Al regresar tenía muchas ideas en mi cabeza y me di cuenta de que con esfuerzo y perseverancia podría generar un trabajo artístico de muy buen nivel”.