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EDICIÓN | Octubre 2015

PARANAPIACABA

MEMORIA
PARANAPIACABA

“…en el fondo había un claro de sol a través de neblinas y una perspectiva de barrancos sin límite (…) se oía una nota vibrar en el aire, como si fuese producida por un inmenso instrumento de cuerdas con un sub-tono estridente de metal…”
Rudyard Kipling, en viaje por Brasil, pasando por la Sierra del mar, 1927

Texto y Fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )

En el borde de inflexión de la meseta de Sâo Paulo y descendiendo por la sierra hacia Santos, se ubica Paranapiacaba, distrito de la época dorada del ferrocarril en Brasil, que aún sorprende por contraste frente a la exuberante vegetación.

Estamos ante un poblado que, a fines del siglo XIX, unía el interior con el puerto, para la exportación e importación de productos. Originalmente pensado como una instalación para operarios de maquinarias (mantención y almacenaje), tuvo que adaptarse a una situación de espera para el descenso a Santos, ya que debido a la pendiente de la montaña, los pasajeros eran redistribuidos en trenes de menor envergadura, para aligerar el peso. Esto supuso que Paranapiacaba se convirtiera en estación, y los pasajeros interactuaran con los trabajadores.

El efecto urbano fue que el campamento original, ubicado en la parte plana y al costado del trazado ferroviario, de anchas calles, y con los característicos antejardines, debió ampliarse hacia el costado opuesto de la vía (“el alto”), donde la fuerte pendiente, definió un modo distinto de emplazamiento, con casas pareadas de frente continuo, y calles angostas, coronado en lo alto por una iglesia.

Lo interesante en esta situación es el respeto que se produce entre los dos costados de la vía, y como cada uno de ellos se desenvuelve en un aire y ambiente distinto. Es la identidad y espíritu de barrio que se logra mantener a pesar de los años.

El campamento original contaba con los servicios para la atención de salud, educación, vivienda, esparcimiento (teatro, cine), servicios, e incluso un espacio para el equipo de fútbol (uno de los más antiguos del país). En lo particular de la vivienda, las diversas tipologías consideraban el nivel de la jerarquía laboral, pero también tomaba en consideración el estado civil de las personas, diseñándose casas para solteros, y otras para casados. Destaca el emplazamiento de la vivienda del ingeniero jefe, cuya residencia se ubicó en un pequeño monte que dominaba, en el frente, el tránsito de los trenes y, en el resto del perímetro, las instalaciones y el poblado. Son las especificaciones de un planeamiento típicamente inglés, ordenado a partir de rutas principales y secundarias, y otras de servicio.

Con la aparición de las autopistas, y las nuevas tecnologías, la línea de ferrocarril fue perdiendo presencia, hasta mantenerse sólo para uso de traslado de carga, y sin la misma frecuencia cuando era monopolio de transporte. Pero ese no fue el final de Paranapiacaba, sino que un aletargamiento que se convirtió en una oportunidad. Un paseo por sus calles y vías, es un viaje a la vivencia del pasado, de sus dimensiones y necesidades, de lo simple y directo de un requerimiento y su origen. No podemos ver los grupos de gente que se juntaban para ir al teatro, o cómo el campamento tomaba aires coloridos en torno al carnaval, pero tiene el tamaño y el paisaje de un entorno que nos permite respirar y añorar ese pasado. También es una enseñanza a partir del cambio, un filtro de nuestras actuales costumbres con la sapiencia del pasado, cuando la comunicación era más de piel.

Es extraño como un lugar, que en su momento aparece guiado por la naturaleza propia de la revolución industrial, hoy aparezca con una condición romántica y única, inserta dentro de una naturaleza frondosa que nos llama a la exploración. Por lo tanto recibimos un mensaje de enseñanza respecto de cómo un lugar puede variar su significado (inclusive hasta el opuesto) sólo por el hecho que ha dejado que el tiempo lo cubra con su pátina de semi-olvido o desgaste, y sobre la cual nos queda la interpretación de las sensaciones que nos entrega su presente.

Que éste sea un llamado no sólo a potenciar el desplazamiento por ferrocarril, sino que también a no perder de vista su origen ya que allí está una de las chispas de cómo las comunidades tomaban posesión del territorio, de una manera ordenada y única, y en el caso particular de Paranapiacaba, nos encontramos con un ejemplo “vivo” de cómo eran las construcciones en respeto y equilibrio con la naturaleza y sus habitantes.

 

APOSTILLA: La historia y surgimiento de Paranapiacaba (“lugar de donde se ve el mar”) está asociada al desenvolvimiento económico de São Paulo a mediados del siglo XIX, que exigía la importación de productos manufacturados de Europa, y por otro lado se asociaba a la exportación de productos agrícolas (principalmente el café). Paranapiacaba nace como centro de control y residencia de los funcionarios de la compañía inglesa de trenes São Paulo Railway, la cual operaba la vía férrea que realizaba el transporte de cargas y personas del interior paulista al puerto de Santos y vice-versa. La compañía inglesa estrenó su primera línea férrea en 1867, mientras que la estación en Paranapiacaba se inauguró en 1874 (Paranapiacaba depende del municipio de Santo André, estado de São Paulo, Brasil).

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