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EDICIÓN | Octubre 2015

Irán y sus minas

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
Irán y sus minas

Irán trae a la mente la imagen de clérigos enjutos y barbados, ropajes oscuros y mirada atemorizante; o mujeres envueltas en negros chador; o sino, mezquitas con cúpulas de lapislázuli y decoración maravillosa. Nunca imaginaríamos minas iraníes, aunque las hay y muy buenas; mas sí sabemos que en Irán hay petróleo ¡y caramba en qué cantidades!

Por otra parte, Irán también huele a ciencia y a tecnología con aroma clandestino. Sin embargo, como ya lo he dicho otras veces, no creo en teorías conspirativas ni en mitos neo-apocalípticos. A mí, Irán me dice otra cosa. Por un lado, me fascina su civilización y su cultura, antigua, densa, de estética exquisita y delirante, que tuvo una capacidad de irradiación de tal magnitud que influenció a toda el Asia Central. Hacia Occidente, la fuerza de la arquitectura y el arte persa, llegan hasta los Balcanes (cada vez que vea un arco o una ventana ojival, sepa que proviene de Irán); hacia el Sur, Irán dona su cultura a la India, y por esa vía en parte conquista el Sur Asiático. Quienquiera diga saber algo de ese viejo y poderoso mundo iranio no puede dejar de tener respeto y algún grado de simpatía hacia el pueblo iraní. Por otro lado, como chileno, país minero, de espíritu juvenil, despreocupado y dicharachero, siento el deber de llamar la atención hacia aquel potencial competidor: el Irán minero.

Irán pertenece al envidiable club de los países que tienen petróleo, en suficientes cantidades para haber financiado su encierro religioso y teocrático. No obstante, a diferencia de otros países petroleros a los que el bajo precio del petróleo ahora los puede hacer pasar hambre y sufrir volteretas, Irán posee una amplia gama de minerales y en enormes cantidades, como para seguir en lo suyo, sin cambios de régimen ni variaciones importantes en el camino.

El petróleo fue una bendición de Alá, el Infinitamente Bondadoso, para Irán beato y conservador. Pero también lo ha mantenido amodorrado. Irán pudo aprovechar la bonanza para impulsar una industria minera de proporciones mundiales. Mas, la baja del petróleo y la mejor relación con los Estados Unidos ahora lo ponen en una nueva situación y abre su apetito hacia la minería. Aunque tampoco está Irán a las puertas de batir ningún récord. Todavía requiere enormes inversiones, mejorar mucho su infraestructura ferrocarrilera, modernizar y ampliar puertos, mejorar los servicios, en especial su anticuado sistema bancario. Necesita mucho personal técnico para desarrollar labores extractivas y de procesos de refinación de minerales. Pero, cuidado, todo se aprende, y también se puede pedir ayuda.

Hace algunos meses publicamos un artículo de advertencia sobre Mongolia, y sus avances como productor de cobre. Hoy decimos lo mismo sobre Irán. La relativa cercanía de China, su vecindad con India, ponen a Irán en el centro de la región que más consume minerales y bienes industriales. Hay que considerar que China es un aliado natural y milenario de Irán. Los chinos ven en Irán una opción inigualable para abrazar por ambos lados el Asia Central, y apenas puedan, invertirán en Irán con la mayor generosidad y largueza.

Irán se encuentra entre los quince países más ricos en minerales, y con reservas potenciales a un nivel cósmico. Tiene la novena reserva mundial de cobre; tiene hierro de extraordinaria pureza y muy bajos contenidos contaminantes. Lo saben los japoneses que ya han llegado como abejas a invertir a manos llenas y sin preguntar (Kobe Steel Ltd.). También, ya está en Irán la compañía “Corporación de Petróleos, Gas y Metales de Japón” (JOGMEC) que inauguró recientemente un edificio de cristal en el centro de Teherán.

Irán aún necesita abrirse mucho camino en temas de producción de cobre, de hierro, manganeso y otros metales de alto consumo. Mientras, nosotros, en vez de aprovechar el recreo, nos damos vueltas enredados en mil discusiones inútiles, y nos pisamos la cola en reformas innecesarias, y cada vez caemos más y más, y perdemos el sitial que hasta hace poco tuvimos. Por eso, digo respetuosamente: En vez de echar tanta leña a temas intrascendentes, ¿acaso no deberíamos mejor prepararnos para competir, o cooperar, con otros que podrían necesitar lo que sabemos? No hay que temer a la competencia, sino que se le debe tener miedo a la ignorancia, o la confusa cesación, a la paralizante incapacidad de adaptarse a nuevos escenarios. Pensando de esa manera, si un vecino nos pide un pedazo de mar, sin pérdida de tiempo y antes de contestar, ya debiéramos estar construyendo varios puertos automatizados, gigantescos, para la nueva era de naves, para ese vecino, para nosotros mismos, y para todos los que lo necesiten. La competencia viene por todas partes, y habría que estar muy bien preparados.

 

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