El retrato de Dorian Gray<br /> Oscar Wilde<br /> Editorial Mondadori (2009), 268 páginas.
La obra escrita de Oscar Wilde (1854-1900), que incluye relatos en prosa y verso y obras de teatro, fue objeto de reconocimiento inmediato entre sus contemporáneos. Era difícil no reconocer el talento de este genio de las letras quien, además, no perdía ocasión de provocar a la sociedad de su tiempo. Inglaterra de fines de siglo XIX, con su predominante moral victoriana, no estaba preparada para el culto excéntrico a la belleza y homoerotismo que representaba Wilde. Fue enjuiciado y condenado por âindecencia graveâ (actos homosexuales), razón por la que terminó sus días exiliado en Francia. Este hecho acrecentó su reputación de ser un corruptor de la juventud, cargo que desde Sócrates persigue a los vanguardistas de cada época.<br /> El retrato de Dorian Gray (1890), además de ser una novela brillante âun clásico contemporáneoâ, es un acto más de provocación del escritor a la buena sociedad. El argumento de la obra es una variación del mito de la eterna juventud. Su antecedente próximo está en el Fausto, pero también en el mito de Narciso.<br /> Para desarrollar la historia, Wilde sigue un camino que ya le era conocido y mezcla la realidad con la fantasía. Por un lado, nos encontramos con una acabada descripción de la sociedad de su tiempo y, en particular, del dandismo. Hombres de buen trato, elegantes, cultos, con desarrollado sentido artístico, hedonistas, pero alejados de toda vulgaridad. La fantasía, por otro lado, aparece con un extraño retrato capaz de reflejar los actos de libertinaje y perversión ejecutados por su protagonista. Así, la belleza de Dorian permanece inmaculada mientras su imagen pictórica se desfigura y envejece. La novela comienza cuando el pintor Basil Hallward, encaprichado con la belleza de Dorian, lo retrata de manera magistral. Aparece entonces Lord Henry, quien convence al joven, impoluto aún, que lo único importante es la belleza física y el deleite de los sentidos.