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EDICIÓN | Octubre 2015

El fantasma de la contaminación

Por Arturo Gómez M., ex astrofotógrafo del Observatorio Interamericano Cerro Tololo
El fantasma de la contaminación

Cada cierto tiempo, cuando hay eventos astronómicos masivos, como es la aparición de un cometa brillante, alguna lluvia de estrellas o un eclipse de Luna o de Sol, las redes sociales se llenan de preguntas para poder observar, de la mejor forma posible, el acontecimiento.

Uno de los mayores problemas a que se enfrentan los observadores, se puede resumir en una palabra clave: “Contaminación”. Esta simple palabra es un verdadero dolor de cabeza, no solo para la astronomía, sino que para la gente en general. Lo vemos en nuestras ciudades cubiertas de humo y gases tóxicos, como ocurre en Santiago y en otras ciudades al sur de nuestro país.

Los observatorios astronómicos conocen de cerca y temerosos una variación de ese término. “Contaminación lumínica”, que proviene de pueblos y ciudades cercanas a esos centros de investigación. El uso actual de la iluminación LED, colocará a los observatorios ópticos frente a una gama de longitudes de onda que, en el pasado, no eran tan dañinas para los sensibles detectores de luz, cuando observaban lejanas galaxias.

El fenómeno es fácil de entender. Solamente basta con salir durante la noche y mirar hacia arriba. Desde cualquier ciudad vemos tan solo las estrellas brillantes y las otras, un poco más débiles, es imposible verlas, ya sea por la luz de las luminarias o bien por el fondo lechoso del cielo, producto de todos los contaminantes que tiene nuestra atmósfera, como el humo y el polvo en suspensión.

Cuando el Cometa Halley estuvo en nuestros cielos, fueron opiniones mayormente negativas de su paso. Prácticamente nadie lo vio con el brillo deseado. La razón fue, en parte, por la contaminación lumínica y por el cielo lechoso. En cambio, aquellas personas que subieron a cerros o a lugares altos, como Farellones, por ejemplo, pudieron ver, al histórico cometa, en todo su esplendor. Hace muchos años yo traté de ver, desde Santiago, a un brillante cometa llamado Hale-Bopp. Era casi imposible ubicarlo en el cielo por la enorme cantidad de luz.

Afortunadamente, en relación con la contaminación, no estamos tan solos. Mediante un convenio entre el Ministerio del Medio Ambiente y las entidades dedicadas a la investigación astronómica, opera la “Oficina de Protección de la Calidad del Cielo” (O.P.C.C.) del norte de Chile. Su finalidad es la de proteger los cielos nocturnos en las Regiones de Antofagasta, Atacama y de Coquimbo, ya que la transparencia de los cielos chilenos en esas regiones es reconocida mundialmente como la mejor para la observación astronómica, en el hemisferio sur.

Constantemente se revisan las normas de emisión lumínica, ya que, a medida que las tecnologías de alumbrados van variando, se hace necesario implementar nuevos decretos para no perder esa calidad natural de nuestros cielos.

Todas las normas implementadas en la actualidad van en beneficio directo del medio ambiente, que se ha visto, en las últimas décadas, con una masiva alteración de los ecosistemas, tanto en los animales como en la fisiología del hombre.

Además, nuestra zona norte cuenta con una innumerable infraestructura de centros astronómicos comunales, estudiantiles y privados, al servicio del turismo regional, los que dan vida y trabajo a cientos de guías astronómicos, los que ven, en esta ciencia, un futuro seguro y rentable. Sigamos protegiendo nuestros cielos del norte.

 

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